Influencers y educación – Alicia Ruiz López de Soria

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La afirmación que voy a defender en este breve artículo es la siguiente: en el ámbito educativo es necesario que sumen fuerzas influencers de distintas edades.

Comenzaré expresando que me he formado en una tradición educativa que entiende que no educa una persona, sino un ambiente. Referido a un centro escolar, cito aquí unas palabras del proyecto educativo al que me he sumado: «La implicación de todas las personas que llevan a cabo la tarea educativa de un centro, fomentando relaciones de complementariedad, asumiendo responsabilidades y trabajando en equipo, evidencian que no educa una persona aislada, sino que es todo un ambiente el que educa desde la riqueza que genera el trabajar unos con otros» (Un Proyecto de Educación. La Compañía de María).

La realidad educativa ha cambiado considerablemente desde finales del siglo XX, cuando se redactaron esas palabras. Las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, entre otros factores de gran calado, han exigido una renovación y adaptación de las acciones educativas… Estamos metidos de lleno en la innovación educativa. Un punto significativo para esta reflexión es que la mayoría de los educandos ya no se educan como antaño, fundamentalmente en su entorno familiar y escolar; para los educandos de hoy la plataforma educativa es el mundo y los influencers son en gran medida agentes de educación.

Volvamos la mirada a dos figuras relevantes que bien podrían ser influencers, de manera diversa y complementaria, en una cuestión educativa de plena actualidad: la ecología integral. Fijémonos en la activista Greta Thunberg y el sociólogo Rafael Díaz-Salazar. La primera se ha convertido en la adolescente más famosa del planeta; su mensaje de denuncia ha calado en el corazón y movilizado a otros muchos adolescentes y jóvenes. El segundo ofrece una reflexión formativa a educadores con vistas a un compromiso sociopolítico. Sus perfiles son claramente diferentes.

Greta Thunberg, profetisa con aportaciones como «nuestra casa está en llamas», «quiero que entres en pánico», «debemos olvidarnos del cero neto; necesitamos el cero real» (refiriéndose a las emisiones de dióxido de carbono), advierte a unos y a otros de la crisis climática suscitando las más variadas respuestas, desde la transformación de hábitos de vida a comentarios irrisorios. Pese a todo, nadie duda de que es una influencer a nivel planetario. ¡Qué bueno sería que su rostro joven y su mensaje profético estuviese asociado en el imaginario social con el rostro anciano y el mensaje sapiencial de Rafael Díaz-Salazar!

Rafael Díaz-Salazar propone la educación como vía de cambio ecosocial. En una conversación que mantuvimos dijo: «La ecología es, como muy bien lo explica el papa Francisco en la encíclica Laudato Si´, lo que más vincula la vida personal y la vida social desde la perspectiva de una existencia anclada en la fraternidad. La crisis ecológica manifiesta la explotación sistémica y sistemática de la madre Tierra y de las personas más empobrecidas. Tenemos que educar para que congregaciones, profesores, estudiantes y familias escuchemos el grito de los empobrecidos y el grito de la madre Tierra herida y violada. Hemos de articular la enseñanza desde estos dos gritos. Una enseñanza de excelencia puede ser una gran productora de sordos y ciegos ante el sufrimiento humano, el dolor social y la catástrofe ecológica; eso sí, con grandes calificaciones académicas». También su propuesta genera reacciones diversas entre educadores, desde el compromiso a la indiferencia.

Hoy me ha dado por pensar que una alianza intergeneracional entre influencers en el ámbito educativo conformaría una estrategia potente que nos beneficiaría a todos. ¿Tú qué opinas? ¿Qué condiciones de posibilidad lo harían posible?

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