Iglesia en discernimiento – Alicia Ruiz López de Soria, ODN

El Papa Francisco expresó ante los Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea: “nuestro tiempo es un tiempo de discernimiento, que nos invita a valorar lo esencial y a construir sobre ello; es, por lo tanto, un tiempo de desafíos y oportunidades”[1]. Se dirigía a creyentes y no creyentes, conocedor de que el discernimiento es una herramienta útil para todos en la difícil tarea de vivir orientados por el deseo del bien y el logro de una convivencia fraterna.

“Eligelo+” es el slogan que nos convoca en esta Escuela de Pastoral con Jóvenes. “El Discernimiento y la Pastoral Juvenil” es el tema que da cohesión a los distintos momentos de este encuentro. Esta reflexión, con el título “No seamos incrédulos sino creyentes. Iglesia en discernimiento”, buscará primero justificar la práctica del discernimiento por parte de todos los jóvenes, a continuación considerar la sintonía entre el camino pre-sinodal y las Jornadas Mundiales de la Juventud y, posteriormente, valorar unos ámbitos que merecen ser discernidos en la praxis de la Pastoral Juvenil.

  1. ¿Porqué es conveniente que todos los jóvenes disciernan?

La vida humana es la realidad radical a la que referimos todas las demás realidades (Ortega y Gasset). “Oye, que estás vivo” –es lo más radical que nos podemos decir unos a otros; todo lo demás -salud, dones, capacidades, frustraciones, desgracias, alegrías…- son realidades secundarias. En la propia vida es en donde cada persona encuentra su potencial y se da a los demás, donde tiene que hacerse a sí misma y decidir qué camino seguir. Los jóvenes experimentan el desafío que les plantea la vida en claves de logro o fracaso, con el anhelo latente de tener un horizonte seguro.

¿Cómo lograr la vida? Se puede optar por ser novelista de sí mismo, un héroe; o bien por traicionar su sí mismo, un plagiario. ¡Hace falta mucha valentía para hacerse a sí mismo, para recorrer el camino que cada uno sueña, puede y quiere! Si me preguntan que es un joven, yo diría que es un proyecto de existencia único marcado por tres acciones: reconocer, interpretar, decidir. Los jóvenes saborean que la vida es un don, un escenario abierto donde toda otra realidad se manifiesta, y saben muy bien que la propia vida es transparente para ellos mismos, por mucho que se muevan en la cultura de la apariencia

Cuando un joven inicia un discernimiento tiene ciertas premisas que considerar: sus circunstancias. Habrá de indagar sobre sus creencias personales, aquellas que subyacen bajo su acción cotidiana; también habrá de situarse críticamente frente a las creencias colectivas, de moda; tendrá que realizar un esfuerzo por objetivar su perspectiva, espacial e ideológica; y necesitará poner un poco de orden en su vida según sus campos de intereses, ya que cuando vive sus circunstancias personales como un totum revolutum siente, como todas las personas, angustia.  

Para el tema que nos ocupa, Discernimiento y Pastoral Juvenil, lo más importante de la circunstancia es la necesidad de reconocerla, de contar con ella si queremos proyectarnos, junto a la necesidad de interpretarla y darle un sentido, esto es, de darse cuenta de las relaciones que tienen sus componentes entre sí. La filosofía que ilumina este marco de sabiduría para la práctica de discernimiento, la filosofía de Ortega y Gasset, considera que cuando se logra interpretar de manera correcta la circunstancia personal, se le da sentido respecto al proyecto de vida, entonces hay más probabilidad de tomar decisiones acertadas y lograrse como individuos auténticos y originales.

Llegados a este punto, se revelan estos elementos sobre el discernimiento:

  • Una actitud permanente que lleva consigo transformar la vida.
  • Va de la mano del deseo de felicidad que habita en cada persona.
  • Es una herramienta para decidir en un contexto determinado.

[1] Francisco, Discurso a los Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea presentes en Italia para la celebración del 60 aniversario del Tratado de Roma (24/3/2017).

  1. Ámbitos que merecen ser discernidos en Pastoral Juvenil.-

3.1. La comunidad.-. Asumimos con humildad que “el problema de la infecundidad de la evangelización… es un problema eclesiológico, que se refiere a la capacidad o a la incapacidad de la Iglesia de configurarse como real comunidad, como verdadera fraternidad, como un cuerpo y no como una máquina o una empresa… la transmisión de la fe no es una empresa individualista y solitaria sino un evento comunitario”[1]. Se puede afirmar que la sensibilidad joven puja por fomentar los discernimientos comunitarios y discernimientos en común: el principal discernimiento es ver juntos hacia dónde va la comunidad: juntos tenemos que elegir”, “¡veíamos juntos lo que Dios quería y dije… ¡jo, esto es la Iglesia! ¡qué chulo!” (Pre-Sínodo de Obispos, Valladolid, febrero 2018).

En la Pastoral Juvenil prima una eclesiología de comunión; la falta de fraternidad, las competencias entre distintas “marcas” se ven ridículas. Los jóvenes están poniendo en marcha, mejor que nadie, el trabajo apostólico en red y, el Papa Francisco sugiere, por el bien de todos, pensar “escenarios donde arraigar, donde generar vínculos, donde hacer crecer esa red vital que nos permita sentirnos en casa”[2]. ¿Cómo no ofrecer esto desde una comunidad cristiana? “Lo importante es no caminar solos, contar siempre con los hermanos y especialmente con la guía de los obispos, en un sabio y realista discernimiento pastoral” (EG 33).

3.2. La tecnología.- Las nuevas tecnologías juegan un papel de gran relevancia en el modo de configuración actual de las relaciones, usadas con frecuencia pueden colaborar en el paso de estructuras relacionales jerarquizadas a la creación de redes, de la profundidad en las relaciones personales a la amplitud. Esto no es baladí para la vida de fe, pudiendo tener consecuencias positivas –la inclusividad- y negativas –la superficialidad-. La cuestión es que si nos dejamos llevar por un uso de las nuevas tecnologías sin discernimiento podemos entrar en dinámicas dispersivas y desintegradoras, en falta de control de nuestras propias vidas. El discernimiento está vinculado con la necesidad de “vivir integrando aquello que se vive”[3].

3.3. La propiedad.- La experiencia de Dios invita a pasar de las pulsiones de apropiación a cultivar el agradecimiento como actitud vital, también invita a hacer filosofía del compartir. En la vida espiritual se constata que para llegar a Dios no hay otro camino que la desapropiación. Un uso excesivo del determinante posesivo “mi” delata a veces una posición vital de egocentrismo que no ayuda al discernimiento. ¿A qué ámbito de propiedad estamos más agarrados? Lo material, ¿con el peligro de convertirnos en personas materialistas? Lo afectivo, ¿con el riesgo de dependencias afectivas? Lo profesional, ¿con el riesgo de supeditarlo todo al éxito profesional? Una experiencia auténtica de Dios hace frente a cualquier tipo de pulsiones de apropiación.  

Para finalizar…

Finalizamos “escuchando bien” voces autorizadas que hablan de caminos de conversión para la Iglesia de hoy[4] con la intención de dialogar sobre ello:    

  • Practiquemos una “pastoral del tú a tú, escuchando, no simplemente oyendo, a tanta gente diversa, cada una con su yo y sus circunstancias” (Luis Fernando Vílchez).
  • Es necesario “impulsar una renovación interior de nuestro modo de vivir la fe cristiana” (José Antonio Pagola).
  • Ayudaría “dejar a la conciencia de los cristianos su obrar concreto y que la institución se limite a fijar las grandes líneas” (Isabel Gómez Acebo).
  • Hay que “emigrar del centro a la periferia, de la luz a la oscuridad, de la centralidad a los márgenes, de la comodidad a la intemperie; pues es precisamente ahí donde se requiere el consuelo, la esperanza, la acción transformadora” (Francesc Torralba).

Tras el Sínodo llegará una Exhortación apostólica que nos oriente sobre cómo actuar en la Pastoral Juvenil. Los jóvenes piden al discernimiento que ayude a descubrir “lo que el Señor desea decir en una determinada circunstancia” (cf. EG 154). Tenemos claro lo que el Señor Jesús nos dice para la vida: “No os preocupéis de vuestra vida… fijaos en los pájaros del cielo… observad los lirios del campo… ¿No hará mucho más con vosotros, gente de poca fe? … Buscad primero su Reino y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura” (cf. Mt 6,25-34).

[1] Cf. Documento Preparatorio de la XIII Asamblea General Ordinaria «La Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana» (2 de febrero de 2011).

[2] Francisco, Dios es joven, Planeta Testimonio, Barcelona 2018, 35.

[3] Molla, D., Horizontes de vida (Vivir a la ignaciana) en: Eides 54 (2009),8.

[4] Vv.Aa., Cartas a Francisco, San Pablo, Madrid 2017 (123,16,208,40).

  1. Discernir gracias a sintonías. Ámbito eclesial.

El Documento marco elaborado para esta Escuela de Pastoral con Jóvenes señala que “todos tenemos que reconocer que siempre estamos tomando decisiones, y, para los creyentes en Jesús, nuestro mayor deseo es hacerlo iluminados por el Evangelio”. Dos importantes decisiones tomadas por el Papa Francisco en este momento histórico, que resuenan como Buena Noticia, son la celebración del próximo Sínodo de Obispos sobre “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional” y las temáticas de las Jornadas Mundiales de la Juventud en las que el mencionado sínodo se encuadra[1]. No es casualidad que podamos establecer las siguientes vinculaciones:

 

Pasos del proceso del discernimiento subrayado en el camino sinodal

Lemas de las Jornadas   Mundiales de la Juventud

2.1.

Meta del RECONOCER              

2017 “El Todopoderoso ha hecho cosas grandes en mí” (Lc 1,49)

2.2.

Contenido básico para INTERPRETAR

2018 “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios” (Lc 1,30)

2.3.

Disposición para DECIDIR

2019 “He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38)

 

2.1. Recordemos la metáfora de la carrera utilizada por San Pablo en la carta a los filipenses (cf. Flp 3,12s). Podríamos decir que la meta del “reconocer” en un discernimiento cristiano es agradecer y alabar a Dios por las cosas grandes que ha hecho en el sujeto que discierne y, que para romper la cinta de meta con nuestro pecho hay que realizar un ejercicio, no siempre exento de sudor, de separar, cribar y valorar diferentes elementos, y ello, atendiendo a un maravilloso acontecimiento, la vida personal, es decir, a mi yo y mis circunstancias. “Reconocer” en clave cristiana significa penetrar a la luz del Espíritu Santo en el significado que guardan unos determinados hechos de la vida.

Para este “reconocer” ni la hiper-información ni la hiper-comunicación aportan luz[2], más bien ayuda quedarse con unos cuantos hechos de la vida que conforman la materia a discernir y comunicarse con muy pocas personas, las exclusivamente necesarias, entre las cuales juega un papel importante el acompañante. “Reconocer” supone nombrar nuestro DAFO personal y descubrir los signos de los tiempos en medio de la oración. Ambas cosas determinan cómo está mi pulso espiritual, cómo estoy de actitud vigilante, cómo de limpios están los ojos de la fe… Llegar a la meta del reconocer es una tarea difícil pero necesaria y consiste, dentro del permanente movimiento interior y exterior en el que nos encontramos, en descubrir el hilo rojo del amor de Dios que conecta toda nuestra existencia[3].

2.2. En el proceso de discernimiento, al interpretar mi circunstancia, pueden aparecer miedos. Además, podemos llegar a percibirnos situados en nuestro propio misterio pascual, “si el grano de trigo no cae en tierra y muere, no da fruto” (cf. Jn 12,24). Ahí insertos, aparece la tentación de la huida. El meollo de un discernimiento de cierto calado está en dejarse salvar por Cristo. El Papa Francisco lo expresa con bellas palabras: “Quienes se dejan salvar por Él (Cristo) son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (EG 1)[4]

En la interpretación de mi circunstancia en un proceso de discernimiento es normal que se dé una agitación de espíritus, mociones contradictorias, y que los miedos jueguen un papel importante. ¿Qué miedos nos paralizan? ¿De qué miedos se aprovechan las tiranías de nuestro mundo? Frente a ellos Jesús nos dice: “No tengan miedo” (Mt 14,27). Pero, ¿qué hacer?

  • Tener presente la posibilidad de errar en la interpretación que realizamos de los diversos espíritus, procurando por tanto ser prudentes. La prudencia sólo tiene sentido ante la posibilidad de un mal; la prudencia necesaria tanto por parte de quien discierne como por parte de quien acompaña el discernimiento está mantenida por la oración. Es la voz discernida del Espíritu del Resucitado quien debe marcar la dirección y el ritmo de los pasos a dar (cf. Hb 13,20-21).
  • Pasar por el corazón por dónde hasta ese momento me ha ido llevando Dios (cf. Hb 11,17-18). Los símbolos, además de la función de señalar que tienen los signos, están envueltos en misterio, tienen una carga afectiva y una fuerza interior de unión de elementos, es decir, proyectan y no cortan. Se trata de seguir acogiendo la iniciativa amorosa de Dios, esta vez en la dificultad.
  • Cuidar y agradecer la percepción de sentirse sostenido. Nuevamente, una figura relevante para ello será la del acompañante, junto a otras personas destacadas en la historia de fe (cf. Hb 11,1-12,3). Y me atrevería a ir más allá. Se trata además de abrirse a la percepción de ser sostenidos por el sensus fidei (cf. EG 119-120), por la comunidad universal de creyentes.

 

2.3. Pasemos a la acción de decidir de la mano de un maestro del discernimiento y considerando estudios sobre las funciones ejecutivas.

  • El ser humano se encuentra obligatoriamente ante la toma de decisiones, a veces de cuestiones sencillas y corto alcance y otras veces de cuestiones complejas y de gran alcance. En las decisiones, sean las que sean, nos jugamos el ser o no ser de nuestra condición de seres humanos y de creyentes. Ignacio de Loyola responde a esta realidad ofreciendo una pedagogía y una mistagogía para hacer buenas y certeras elecciones.

En fe, la elección es un acto libre y responsable a la luz de Dios que requiere madurez humana y lleva consigo una gran dosis de libertad que brota “de la conjugación entre la experiencia de Dios y el conocimiento propio”[5]. La paradoja de la libertad cristiana consiste en liberar la libertad propia de afecciones desordenadas para “poner todo delante para su divino acatamiento”. ¡Hay que ser muy dueño de sí para entregar la libertad propia a la libertad de Dios!

  • Las funciones ejecutivas, entre las que se encuentra la toma de decisiones, son funciones del cerebro que permiten la organización de las acciones en el tiempo para alcanzar metas y resolver problemas[6]. Entre los expertos que estudian dichas funciones se considera que la principal función de la inteligencia no es conocer, tampoco nombrar sentimientos, sino dirigir el comportamiento a través de la toma de decisiones conscientes. Desde el punto de vista educativo es indudable que este esquema abre a unas posibilidades impresionantes, y desde el punto de vista evangelizador también, pues a través de estos estudios se abren puertas a las metodologías para discernir.

[1] Cf. Mensaje del Santo Padre Francisco para la XXXII Jornada Mundial de la Juventud 2017

[2] Cf. Chul Han, B., La sociedad de la transparencia, Herder, Barcelona 2013, 23.

[3] Cf. Mensaje del Santo Padre Francisco para la XXXII Jornada Mundial de la Juventud (Domingo de Ramos, 9 de abril de 2017), 21.03.2017

[4] Cf. Francisco, Exhort. Apostólica Evangelii Gaudium (24 noviembre 2013). En adelante, EG.

[5] González-Faus, J.I., Adiestrar la Libertad. Meditaciones de los Ejercicios de San Ignacio, Sal Terrae, Santander 2007, 10.

[6] Cf. Fuster, J.M., Cerebro y libertad. Los cimientos cerebrales de nuestra capacidad para elegir, Ariel, Barcelona 2014.