Hacia dónde apunta la pastoral universitaria hoy – Raquel Pérez SanJuan

Iniciamos el tema del mes con una aportación que puede ofrecernos luz y visión global. Desde la Conferencia Episcopal Española, Raquel Pérez nos ofrece una mirada de la realidad universitaria en relación con la evangelización. Dada la pluralidad de las propuestas pastorales por un lado, y la realidad secularizada y enfrentada a lo religioso de la Universidad por otro, la autora nos ofrece el marco desde donde se plantea la Iglesia en España animar e impulsar la evangelización del espacio universitario y las personas que lo habitan.

por Raquel Pérez Sanjuán
Directora del Secretariado – Subcomisión Episcopal de Universidades

Desde 1981, la Conferencia Episcopal Española (CEE) cuenta en su organigrama con un espacio propio para el mundo universitario. Surgido inicialmente como Departamento de Pastoral Universitaria, pasará en los primeros años del nuevo siglo a ser Subcomisión Episcopal de Universidades, quedando integrada orgánicamente dentro de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades. Esta Subcomisión tiene encomendada, entre otras tareas, la coordinación e impulso de la Pastoral Universitaria en España.

Con todo, la tarea de la animación pastoral en el ámbito universitario, más allá de su especificidad, habrá de entenderse en el amplio horizonte eclesial en el que se inscribe. Así, deberá tener en cuenta el marco propuesto por el papa Francisco en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium (2013) y en la encíclica Laudato Si’ (2015), además de, en nuestro contexto inmediato, los documentos Iglesia, servidora de los pobres (2015) e Iglesia en misión al servicio de nuestro pueblo (Plan Pastoral 2016 – 2020), ambos recientemente aprobados por la CV y CVI Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española (CEE), respectivamente. Todos ellos apuntan a interesantes desafíos que nos llevan a repensar, aquí y ahora, nuestra tarea al servicio de la Iglesia, del mundo y, en este caso, de la universidad.

UNA PASTORAL DE LA CULTURA, MARCO DE LA PASTORAL UNIVERSITARIA

La pastoral universitaria impulsada por la CEE se enmarca, desde hace varios años, en una perspectiva más amplia de la pastoral de la cultura. Esta comprensión parte de considerar que, siendo el creyente mediador concreto entre la fe y la cultura, su identidad habrá de ser entendida en su doble dimensión eclesial y cultural a la vez. Así, mientras que por un lado, el cristiano se identifica con la comunidad de los creyentes – participa de la fe de la Iglesia como uno de sus miembros -, por otro, debe identificarse – es decir, definirse-, con respecto al medio socio-histórico en que vive. De hecho, también el marco socio-cultural identifica de alguna manera al cristiano y condiciona, en cierto modo, su manera particular de pertenecer a la Iglesia. Lo que significa que su identidad, afincada esencialmente en su fe y en su pertenencia a la Iglesia, se vive de modo original en contextos muy diversos, entre los cuales está la Universidad.
Ya en 1975 Evangelii Nuntiandi nos recordaba que la evangelización de la cultura significa anunciar, sobre todo con el testimonio y la reflexión, el evangelio de Jesús en el seno de la cultura, para tratar de convertir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de hombres y mujeres, la actividad en la que ellos están comprometidos, su vida y ambientes concretos. En otras palabras, se trataría de colocar bajo la luz de la fe el conjunto de la vida cotidiana, con sus interpretaciones del mundo y con sus jerarquías de valores, ofreciendo una clave distinta y decisiva para la interpretación de la realidad y de la existencia concreta. La acción evangelizadora, pues, se habrá de realizar a niveles de los valores, influyendo en los criterios de actuación, en los puntos de interés, en las fuentes inspiradoras, en los hábitos y costumbres, en las tendencias que se dan en los diversos ámbitos sociales y culturales, etc., apoyándose para eso en las justas expectativas y esperanzas del entorno, en los anhelos de justicia y de verdad, en los valores humanizantes y creativos de ese contexto cultural. Para ello, resulta imprescindible una honesta actitud de comprensión, que implica cercanía afectiva y simpatía hacia este mundo que Dios ama. Y junto a ella, como tantas veces nos recuerda el papa Francisco, será necesaria una profunda conciencia misionera: sentirse enviado al entorno social y cultural, desarrollando la capacidad de comunicación y encuentro, recorriendo los senderos de la experiencia humana, para superar los obstáculos culturales, históricos, sociales y psicológicos que impiden a las personas de nuestra sociedad abrirse a la posibilidad de un encuentro con la experiencia de la salvación de Dios, en Jesús el Señor. La Universidad se presenta así como un ámbito privilegiado para pensar y desarrollar este empeño evangelizador de un modo interdisciplinario e integrador.
“Desde el corazón del Evangelio reconocemos la íntima conexión que existe entre evangelización y promoción humana, que necesariamente debe expresarse y desarrollarse en toda acción evangelizadora. La aceptación del primer anuncio, que invita a dejarse amar por Dios y a amarlo con el amor que Él mismo nos comunica, provoca en la vida de la persona y en sus acciones una primera y fundamental reacción: desear, buscar y cuidar el bien de los demás” (EG, n. 178)
En septiembre de 1995 se publicaban las “Orientaciones de Pastoral Universitaria en el ámbito de la Pastoral de la Cultura”, un documento programático emanado de la Subcomisión, cuyo fin era estimular y profundizar la acción pastoral de la Iglesia en el mundo de la universidad y su entorno cultural. Se buscaba de esta manera avanzar en la conciencia de una acción pastoral renovada que posibilitara el diálogo entre la fe y la cultura, haciendo así fecunda la presencia de la Iglesia en la universidad, en particular, y en el mundo de la cultura en general. A pesar de los años transcurridos, reconocemos que entre las propuestas que entonces se formulaban, son varias las que todavía siguen vigentes, por lo que en su conjunto, dicho documento nos sirve todavía de referencia para abordar los desafíos en el actual horizonte eclesial y social.

ALGUNOS ASPECTOS PARA TENER EN CUENTA EN EL AQUÍ Y AHORA

La pastoral universitaria, entendemos, ha de tener en cuenta los diversos modos complementarios de presencia de la Iglesia en el mundo de la universidad, haciéndose presente activamente tanto a través de los agentes pastorales específicos como de los profesores, personal administrativo y estudiantes católicos que actúan en el ámbito de la vida y cultura universitarias. Es decir, será al conjunto de la comunidad universitaria – no sólo a los estudiantes -, a quienes se dirige esta pastoral.
Precisará además la pastoral universitaria de un proyecto orgánico, orientado a una pastoral evangelizadora y misionera. Un proyecto siempre abierto a la revisión y actualización, orientado al servicio de toda la comunidad universitaria. Habrá de ser un proyecto coherente, enraizado en la sociedad para contribuir a su transformación, y dotado de acciones pastorales diversas que queden trabadas entre sí como despliegue de un proyecto unitario. A la vez, la pastoral universitaria ha de entroncarse en el conjunto de la pastoral diocesana, y traducir creativamente las opciones pastorales de la diócesis. Junto a esta integración, dada la creciente movilidad de la población universitaria, es también necesaria la coordinación interdiocesana y, cada vez más, lo es también a nivel internacional; el trabajo con estudiantes en movilidad es un campo en el que vemos urgente profundizar.
La pastoral universitaria implica una presencia eclesial que reconozca la importancia de la acogida y el acompañamiento; es presencia convocante que llama a los universitarios a un estilo cristiano evangelizador que implica una estrecha relación entre fe, cultura y vida: una pedagogía de la acción, que toma como punto de partida aquello que vive y experimenta el universitario, y es capaz de sistematizar. En este sentido, es importante que sea de y para los universitarios.
La pastoral universitaria es también pastoral de la inteligencia (comprender, criticar y transformar), para lo cual se exige un debate cultural a fondo. Por ello, habrá de promover una racionalidad y una cultura humanistas, que se preocupen del ser humano en la realidad de su condición concreta y de sus aspiraciones, proporcionando un sentido de la historia y del quehacer humano. Una racionalidad crítica capaz de abrirse al diálogo con otras racionalidades, y llamada a crear en los católicos integrados en la comunidad académica la actitud que dispone a comprender los universos culturales concretos, para discernir en los mismos sus valores, tendencias, y, sobre todo, sus aspiraciones espirituales.
El compromiso social deberá estar siempre presente en el proyecto de pastoral universitaria: la relación estrecha entre evangelización y liberación así lo requiere. Para ello, habrán de instrumentarse los medios adecuados, a fin de que la opción por la justicia llegue a formar parte del ser cristiano y del testimonio evangelizador de los universitarios, conforme a la doctrina social de la Iglesia. Se pide un compromiso en y desde la universidad en función de la sociedad, y atento a las necesidades de las Iglesias particulares en las que se inserta. Un compromiso académico real que hace objeto del estudio e investigación aquellos temas que suponen preocupación para la sociedad y para la Iglesia en cada momento histórico.
En definitiva, se trata de promover una actitud abierta, crítica y transformadora: abierta, en cuanto que se deja interpelar por la universidad, partiendo tanto de la vida académica como de la vida cotidiana de cada uno de los universitarios y partiendo también de la vida de los empobrecidos en las diversas realidades sociales, políticas y culturales. Crítica, a partir del análisis realizado y a la luz de las opciones cristianas básicas. Transformadora, porque promueve y realiza cambios concretos en la vida académica de la universidad y en la vida de los universitarios que, ciertamente, repercutirán en la Iglesia y en la sociedad. A ello estamos llamados.

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