Gritos de la naturaleza – Javier Gregorio Agudo

Hace unos días acompañaba a mi madre al supermercado de mi barrio. Teníamos que comprar varias cosas. Entre ellas, habíamos apuntado en la lista de la compra – herramienta de especial importancia a la hora de ir al súper-  un paquetito de pajitas. Creo que todos ustedes saben a qué me refiero. Las típicas «cañas» de plástico de colores para sorber alguna bebida como batidos, zumos, o  refrescos varios. Si les soy sincero, nos costó encontrarlas. Pero al fin lo hicimos y cual fue nuestra sorpresa que encontramos pajitas, pero no las típicas. Pajitas de papel-cartón. Las de plástico habían sido retiradas. Caí al instante. Como eran de plástico,  recordé que la UE va a prohibir platos, cubiertos y pajitas de plástico a partir de 2021. Aunque, así de primeras, desconfié de las nuevas de papel-cartón que ofrecía el supermercado. A saber si funcionarían.  Una vez testadas pude comprobar la utilidad de éstas, sin usar plástico. Aun así, he podido ver a la venta en grandes almacenes y tiendas online pajitas de acero -o de un material similar- para evitar el «usar y tirar» del que nuestra sociedad muchas veces peca y que tanto daño hace al medio ambiente.

A vueltas con el cambio climático, muchas veces pasamos inadvertidos ante este calentamiento global que traducimos como una moda mediática en vez de traducirlo como lo que es: una realidad alarmante en la que los cristianos estamos llamados a actuar en clave Génesis o en clave Laudato sii, como lo quieran llamar. Pero actuar. Los incendios de la Amazonía unido a los incendios continuos en África y los extraordinarios deshielos de glaciares vistos este verano son sólo avisos.

«Cuando no se reconoce el valor de un pobre, de un embrión humano, de una persona con discapacidad; difícilmente podremos escuchar los gritos de la naturaleza» decía Francisco en Laudato Sii. Estamos sordos, sin más. No reaccionamos ante el daño que se le está haciendo al don de la creación. Por eso, un buen propósito para el curso que comienza sería hacer algo más de lo que ya hacemos por el medio ambiente. Aunque sea mínimo. Y también dar un salto de nivel acordándonos de rezar por ello: «María, la madre que cuidó a Jesús, ahora cuida con afecto y dolor materno este mundo herido». Así ayudaremos a cuidar la casa común.

@JavierGregorio_