GENERACIÓN WEFE – Escuela de Pastoral con Jóvenes

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Documento elaborado por el Grupo de Jóvenes de la Escuela de Pastoral de Jóvenes para la XVI Escuela de Pastoral con Madrid, celebrada el 7-8 octubre 2017. El documento completo se ofrece en la web http://revistadepastoraljuvenil.es/

La convocatoria del Sínodo de los Obispos para octubre de 2018, con el tema «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional», ha llenado de alegría a muchas personas. Entre ellas estamos nosotros, educadores y jóvenes, que nos juntamos cada año en la Escuela de Pastoral con Jóvenes.

Dar la voz a los jóvenes

Nos alegra constatar que los jóvenes y la pastoral juvenil interesan a la Iglesia. El Documento para la preparación del sínodo (DPS) da a entender que la posibilidad de fortalecimiento de la pastoral juvenil está en los mismos jóvenes ya que ellos no son el problema sino la solución. «Es a los jóvenes a los que el Señor revela la solución mejor» (San Benito).

También nos alegra ver que la Iglesia quiere dar voz a los jóvenes. «A través de los jóvenes, la Iglesia podrá percibir la voz del Señor que resuena también hoy. Como en otro tiempo Samuel (cfr. 1 Sam 3,1-21) y Jeremías (cfr. Jer 1,4-10), hay jóvenes que saben distinguir los signos de nuestro tiempo que el Espíritu señala. Escuchando sus aspiraciones podemos entrever el mundo del mañana que se aproxima y las vías que la Iglesia está llamada a recorrer» (DPS).

El puente que une la Iglesia y los jóvenes

Cuando supimos de la convocatoria del nuevo sínodo entendimos que debíamos unir la propuesta formativa de la XVI Escuela de Pastoral con Jóvenes a los objetivos del sínodo. Nos mueve el deseo de rejuvenecer el rostro de la Iglesia porque sabemos que ella es casa de los jóvenes. Pero nos apena constatar cómo algunos jóvenes se alejan de la Iglesia, o comprobar que esta no siempre sabe cómo acercarse a los jóvenes. La pastoral juvenil es un puente que une la Iglesia y los jóvenes. Los agentes de pastoral transitamos este puente cada día. Queremos llevar a los jóvenes hasta Jesús y su Iglesia, y queremos llevar a Jesús y su Iglesia hasta los jóvenes.

 

1. EL XV SÍNODO ORDINARIO DE OBISPOS

La palabra sínodo significa caminar juntos. En los diálogos que se tuvieron en la Secretaría General del Sínodo para buscar un tema para la próxima asamblea sinodal se propusieron cuatro: la formación de los sacerdotes, la pastoral juvenil, el diálogo interreligioso y la paz. Después de valorar estas propuestas, la Secretaría General optó por el segundo. La elección de este tema es coherente con el programa que la Iglesia está siguiendo en el pontificado del papa Francisco, que encontramos en la exhortación postsinodal Evangelii Gaudium (EG).

1.1            Una pastoral juvenil del discernimiento

El discernimiento es uno de los pilares del próximo sínodo. El documento preparatorio ve en el discernimiento «el instrumento principal que la Iglesia desea ofrecer a los jóvenes para que descubran, a la luz de la fe, la propia vocación» (DPS). Este documento reconoce que además del discernimiento vocacional, existe un discernimiento de los signos de los tiempos, un discernimiento moral, un discernimiento espiritual. «Las conexiones entre estas diferentes acepciones son evidentes y no se pueden nunca separar completamente» (DPS).

Características del discernimiento

El discernimiento no es, en primer lugar, una metodología sino sobre todo una actitud creyente. El discernimiento sitúa en la realidad, en la cultura, en la pluralidad de culturas juveniles. «La pastoral juvenil, tal como estábamos acostumbrados a desarrollarla, ha sufrido el embate de los cambios sociales. Los jóvenes, en las estructuras habituales, no suelen encontrar respuestas a sus inquietudes, necesidades, problemáticas y heridas» (EG 105). Es cierto, estamos viviendo una gran transformación cultural que pone a prueba nuestra capacidad de reacción y nuestra creatividad pastoral.

Si queremos discernir bien debemos dar valor a la mirada. «La fe no solo mira a Jesús, sino que mira desde el punto de vista de Jesús, con sus ojos. Es una participación en su modo de ver» (Lumen Fidei, 18). Nosotros queremos mirar de esta manera. Queremos mirar a los jóvenes con la mirada con la que Jesús los mira. Para el Señor no hay nadie perdido, ningún joven está perdido.

Para poder hacer un buen discernimiento el santo Padre propone tres tareas a la pastoral juvenil. «A los adultos nos cuesta escucharlos (se refiere a los jóvenes) con paciencia, comprender sus inquietudes o sus reclamos, y aprender a hablarles en el lenguaje que ellos comprenden» (EG 105). ¿De qué tareas habla? El papa propone una pastoral juvenil que escuche a los jóvenes, los comprenda, y proponga la vida cristiana con un lenguaje comprensible.

1. 2   El documento preparatorio del XV Sínodo de los Obispos

Siguiendo una lógica de discernimiento, el documento preparatorio para el XV Sínodo ordinario de Obispos se estructura en tres partes: los jóvenes en su contexto; la fe, el discernimiento, la vocación; la acción pastoral.

El discípulo amado

El documento presenta la figura del discípulo amado como inspiradora. «La figura de Juan nos puede ayudar a comprender la experiencia vocacional como un proceso progresivo de discernimiento interior y de maduración de la fe, que conduce a descubrir la alegría del amor y la vida en plenitud en la entrega y en la participación en el anuncio de la Buena Noticia» (DPS).

Juan es el discípulo más joven de entre los primeros que siguieron al Señor, y, en la tradición de la espiritualidad, propone acercarse a Jesús a través del camino del amor. El discípulo amado permanece en la Iglesia como testigo de la escuela del amor.

Es bueno recordar el camino progresivo hasta la fe que siguió el discípulo amado. Es uno de los discípulos de la primera hora, uno de aquellos que preguntaron al Maestro dónde vivía y que se quedaron con Él; reposó su rostro sobre Jesús en la última cena en un gesto de gran intimidad; se mantuvo firme junto a la cruz siendo símbolo de una Iglesia que acoge en su casa a la madre de Jesús; corrió hasta el sepulcro vacío en la mañana de Pascua siendo testigo de la resurrección.

Los jóvenes en el mundo de hoy

Esta parte del documento no quiere agotar el análisis del contexto. El texto se estructura en cuatro puntos: constatamos que vivimos en un mundo que cambia; las nuevas generaciones buscan pertenencia y participación, y están necesitadas de la cercanía de adultos creíbles; los jóvenes eligen entre distintas opciones teniendo presente muchos condicionantes.

Fe, discernimiento, vocación

En la segunda parte, el documento ofrecer tres criterios para enfocar el contexto desde el punto de vista creyente. De alguna manera el documento saca una foto al futuro de la pastoral juvenil donde encuentra la fe, el discernimiento y la vocación.

La fe está en el centro. En este texto se habla de fe como una participación del modo de ver de Jesús (Cfr. LF, 18). También habla de la fe como la fuente del discernimiento cuyo espacio están en la conciencia donde Dios quiere encontrarse con nosotros. Siguiendo la senda de la exhortación EG, el discernimiento vocacional pide reconocer, interpretar y elegir. El capítulo termina subrayando la importancia y actualidad del acompañamiento.

La acción pastoral

¿Qué podemos hacer los agentes de pastoral en favor de los jóvenes? El documento parte del principio de que no es posible una pastoral juvenil que no sea vocacional. El capítulo propone: caminar con los jóvenes (salir, ver, llamar); ayudarles a que los mismos jóvenes sean sujetos de su crecimiento personal; buscar lugares donde estar con los jóvenes (la vida cotidiana, los ambientes pastorales, el mundo digital); proponer instrumentos nuevos (el lenguaje pastoral, el cuidado educativo y los itinerarios de evangelización, el silencio contemplativo y la oración).

2. EL CONTEXTO ACTUAL DE LA VIDA DE LOS JÓVENES

En las reuniones que hemos tenido para la elaboración de este documento hemos hablado de los jóvenes en el mundo de hoy. En nuestros diálogos hemos utilizado muchas palabras para describir el contexto actual: complejidad, movilidad, fluidez, incerteza, vulnerabilidad, flexibilidad, precariedad. Pero, de entre todas estas palabras, hemos elegido dos: secular y pluralista.

Junto a la secularización, nos encontramos también hoy con el fenómeno del pluralismo. El pluralismo socava las certezas tanto de la religión como de otras áreas de la vida humana. El pluralismo hace ver que hay diversas maneras de entender el mundo, modos de vivir diferentes, diferentes religiones. La novedad de nuestra época es que no hace falta ir lejos para comprobarlo: está presente en nuestras ciudades, hogares, espacios de convivencia, comunidades de fe. Las migraciones y la revolución digital han acelerado este proceso. También el pluralismo tiene consecuencias que entraña retos para la fe. Nos atrevemos a señalar algunas: crece una actitud relativista; muchas personas viven desarraigadas; la manera corriente de estar en el mundo es el individualismo; el ser humano es cada día más sofisticado.

El documento preparatorio para el sínodo, a propósito de nuestras sociedades multiculturales y multirreligiosas, señala: «la coexistencia de varias tradiciones religiosas representa un desafío y una oportunidad: puede crecer la desorientación y la tentación del relativismo, pero conjuntamente aumentan las posibilidades de debate fecundo y enriquecimiento recíproco. A los ojos de la fe esto se ve como un signo de nuestro tiempo que requiere un crecimiento en la cultura de la escucha, del respeto y del diálogo» (DPS).

Ser joven no es fácil, pero merece la pena

En este contexto secular y pluralista ser joven no es fácil, pero merece la pena.

Muchas veces usamos una retórica juvenil superficial que no deja ver los problemas de los jóvenes reales. En el universo juvenil hay de todo. Normalmente unimos la palabra juventud con futuro, pero nos sorprendería comprobar la soledad en la que viven muchos jóvenes. Para muchos jóvenes la vida no es fácil. No es fácil la construcción de la propia identidad; no es fácil crecer sin referencias, sin comunidad, sin historia. Hoy más que nunca, las jóvenes generaciones necesitan educadores que acompañen sus procesos de crecimiento.

Aunque no sea fácil, ser joven merece la pena. Constatamos con alegría cómo muchos jóvenes están buscando, se comprometen con causas nobles, donan generosamente sus talentos. Hoy como ayer, los jóvenes son una brisa de aire fresco para el mundo y para la Iglesia.

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