Francisco por el cambio social – Juan Carlos de la Riva

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Sirva esta revista para ser su altavoz entre los más jóvenes, pues si en algún corazón puede arraigar el mensaje del cambio social es en el de tantos adolescentes y jóvenes que no se resignan a participar en lo que ven y caminan en nuevas claves de comunión y hermandad universal. Quisiera entresacar algunas frases que superan con su radicalidad las lecciones de muchos teólogos y moralistas, pero que además, dichas en el contexto de encuentro de representantes de más de 60 países, tienen el valor del refrendo amoroso y paternal a su relevante tenacidad utópica, en los que toda esa pluralidad se une, más allá de diferencias ideológicas, como una corriente de nueva creación que el Espíritu Santo sigue inspirando entre hombres y mujeres. El discurso tenía mucho de abrazo de padre que empuja y alienta tantos desvelos, tantas incomprensiones, tantos desgastes.
Así, al comienzo se dirige a esta multitud enamorada recordando cosas ya dichas en el pasado encuentro de Bolivia, y apuntando también el esquema de aquel discurso profético.
“Ustedes, los movimientos populares, son sembradores de ese cambio, promotores de un proceso en el que confluyen millones de acciones grandes y pequeñas encadenadas creativamente, como en una poesía; por eso quise llamarlos “poetas sociales”; y también enumeramos algunas tareas imprescindibles para marchar hacia una alternativa humana frente a la globalización de la indiferencia: 1. poner la economía al servicio de los pueblos; 2. construir la paz y la justicia; 3. defender la Madre Tierra.
Y pasa Francisco a presentar algunas ideas que tienen la fuerza de una denuncia demoledora e irreconciliable con las fuerzas del mal, y son una llamada a desvelarlas, nombrarlas y desmontarlas. Las propias del sistema que los movimientos quieren combatir, y las que se cuelan sin darnos cuenta en nuestros propios movimientos. Veamos algunas de las gruesas palabras empleadas:
¿Quién gobierna entonces? El dinero ¿Cómo gobierna? Con el látigo del miedo, de la inequidad, de la violencia económica, social, cultural y militar que engendra más y más violencia en una espiral descendente que parece no acabar jamás. ¡Cuánto dolor, cuánto miedo! Hay -lo dije hace poco-, hay un terrorismo de base que emana del control global del dinero sobre la tierra y atenta contra la humanidad entera. De ese terrorismo básico se alimentan los terrorismos derivados como el narcoterrorismo, el terrorismo de estado y lo que erróneamente algunos llaman terrorismo étnico o religioso. Ningún pueblo, ninguna religión es terrorista. Es cierto, hay pequeños grupos fundamentalistas en todos lados. Pero el terrorismo empieza cuando «has desechado la maravilla de la creación, el hombre y la mujer, y has puesto allí el dinero»
No puede ser más clara la explicación de la terrible jerarquía y dependencia de todos los terrores que surgen de un único y primer terror, el que imprime el gobierno del dinero. Incluso los terrorismos étnicos y religiosos aparecen aquí como meros derivados de este originario. Que no nos engañen. Que no siembren en nosotros el miedo, pues siempre toda violencia e injusticia ha sigo engendrado desde la tiranía del dinero y la espiral de violencia que se le asocia.
Toda la doctrina social de la Iglesia y el magisterio de mis antecesores se rebelan contra el ídolo-dinero que reina en lugar de servir, tiraniza y aterroriza a la humanidad.
Más adelante hará alusiones a la dignidad en el trabajo, aprovechando la curación de Jesús a aquel hombre con las manos atrofiadas.
Cuántas manos atrofiadas, cuántas personas privadas de la dignidad del trabajo, porque los hipócritas para defender sistemas injustos, se oponen a que sean sanadas.
No podía faltar tampoco una alusión al grave problema de los refugiados y desplazados, en este siglo en que el problema ha alcanzado dimensiones inéditas. A los movimientos, movilización para que Tal vez con su ejemplo y su insistencia, algunos Estados y Organismos internacionales abran los ojos y adopten las medidas adecuadas para acoger e integrar plenamente a todos los que, por una u otra circunstancia, buscan refugio lejos de su hogar. Y también para enfrentar las causas profundas por las que miles de hombres, mujeres y niños son expulsados cada día de su tierra natal.
Encontramos también una alusión a las actuales democracias, a las que se acusa de haberse escindido de las verdaderas necesidades del pueblo sirviendo a quienes las dominan, grupos económicos y mediáticos.
La brecha entre los pueblos y nuestras formas actuales de democracia se agranda cada vez más como consecuencia del enorme poder de los grupos económicos y mediáticos que parecieran dominarlas. Los movimientos populares, lo sé, no son partidos políticos y déjenme decirles que, en gran medida, en eso radica su riqueza, porque expresan una forma distinta, dinámica y vital de participación social en la vida pública. Pero no tengan miedo de meterse en las grandes discusiones, en Política con mayúscula
Se advierte a continuación de dos posibles peligros en esta aventura de la transformación social que tiene necesariamente que hacerse en el juego de lo político:
Dejarse encorsetar en acciones irrelevantes en una suerte de política hacia los pobres pero nunca con los pobres, nunca de los pobres y mucho menos inserta en un proyecto que reunifique a los pueblos.
No caigan en la tentación del corsé que los reduce a actores secundarios, o peor aún, a meros administradores de la miseria existente. En estos tiempos de parálisis, de desorientación y propuestas destructivas, la participación protagónica de los pueblos que buscan el bien común puede vencer, con la ayuda de Dios, a los falsos profetas que explotan el miedo y la desesperanza, que venden fórmulas mágicas de odio y crueldad o de un bienestar egoísta y una seguridad ilusoria.
Corromperse, dejar de servir a la verdadera justicia.
Quienes han optado por una vida de servicio tienen una obligación adicional que se suma a la honestidad con la que cualquier persona debe actuar en la vida. La vara es más alta: hay que vivir la vocación de servir con un fuerte sentido de austeridad y humildad.
Concluimos esta serie de perlas de doctrina social que pondrían nervioso a más de un político de nuestros parlamentos primermundistas tan preocupados de sus economías que, como nos ha pasado en España en todo este año electoral, no se han atrevido, sin duda por miedo a perder votos, a poner encima de la mesa una opción clara e innegociable ante el tema de los refugiados, dejando pasar tertulias y tertulias sin mencionar demasiado este tema molesto y poco generador de votantes, quizá por nuestra baja calidad moral y nuestro desapego del bien común universal y no regionalista o sectorial.
La última, una vinculación con la Amoris Laetitia, para hacer del amor, también en lo social, la ley suprema de discernimiento.
Contra el terror, el mejor antídoto es el amor. El amor todo lo cura.
Y una última cita a Martin Luther King. Cuando te elevas al nivel del amor, de su gran belleza y poder, lo único que buscas derrotar es los sistemas malignos.
Sin duda Francisco detecta la necesidad urgente de referentes éticos y de líderes sociales que llenen la escena internacional sin números circenses a lo Donald Trump, sino con estrategia y espíritu acompasados en justicia y amor. Francisco, citando a uno de los grandes, se va convirtiendo también en uno de ellos, gracias a Dios y a su Espíritu.

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