Fiesta de la Asunción, Todavía María, por tres razones – Juan Carlos de la Riva

Todavía María, por tres razones

Juan Carlos de la Riva

Aunque seguro hay muchas más. Pero quiero destacar tres, al hilo de la lectura de este domingo.

Está claro que hoy la fe es difícil de vender, en una sociedad post-religiosa, que no post-espiritual. Se nos tacha de creer en mitos y supersticiones: algunos desde la seguridad del positivismo científico (que si quienes lo argumentan se pusieran al día, descubrirían que la ciencia hoy abre más interrogantes que solucionar dudas, y además está expuesta al próximo virus que venga…), otros desde el nihilismo existencialista de quien lo ve todo muy oscuro (para ellos la fe peca de luminosa, y prefieren lo oscuro, donde lo oscuro de uno mismo queda más disimulado) o desde el pragmatismo hedonista, que prefiere el disfrute presente que las propuestas de sentido venidero, que nunca llegan (si estos mirasen de frente al efímero presente, quizá tampoco fueran tan ateos). Seguramente me dejo ateísmos, pero estos son los que más veo a mi alrededor y entre los jóvenes.

Y dentro de esta deconstrucción de la religión, una de las primeras en caer ha sido María. Y no me extraña porque… ¿Cómo alabar la virginidad quienes han hecho del sexo uno de los juguetes preferidos, junto con la playstation? ¿Cómo reconocer la intervención de Dios haciendo lo imposible, quienes piensan que lo posible se hace sólo cuando el dinero alcanza? ¿Cómo valorar la humildad quienes buscan afanosamente likes y aplausos? ¿Cómo alabar la pasividad del dejarse hacer por el Otro, quienes quieren hacerlo todo y comerse el mundo a golpe de click y móvil, en una omnipotencia imaginada que en realidad es dictadura? ¿Cómo hablar de un sí definitivo y para toda la vida, cuando todo es provisional, porque las cosas cambian muy rápido y vaya usted a saber mañana dónde estemos tú y yo? ¿Cómo valorar el silencio cuando puedo grabarme y esperar a que todo el mundo me vea, y me haga ganar dinero, aunque lo que diga no sean más que sandeces? ¿Cómo hacerse esclavo cuando lo que interesa es ser amo y que todo gire a mi alrededor y Amazon me traiga mañana las cosas, y no pasado? ¿Cómo dar gracias a Dios y entonar magníficats cuando todo lo considero obra mía, mérito mío, conquista mía, porque yo lo valgo?

Desde luego, María tenía que ser la primera en caer del imaginario colectivo. Y de seguro no le llorarán tanto como lo han hecho por perder a Messi de la liga española.

Hoy, 15 de agosto, la iglesia la recupera. La vuelve a poner en los altares, que quiere decir que merece la pena ser vista, mirada, contemplada. Monta una fiesta que se llama la Asunción, que no es nombre de abuela, no, aunque también, sino concepto de Dios. Y ese concepto quiere decir que María está en el cielo en cuerpo y alma. Sí, también en cuerpo. Porque eso de cuerpo y alma está mal dicho, somos uno y unificada está María junto a Dios. Y ella eso lo tenía muy claro, porque cuando no hubo vino para el cuerpo, lo pidió despertando al Mesías que se hacía de rogar, y cuando hubo que cargar piadosamente con el cuerpo del justo ajusticiado, no lo dudó un minuto, cargando con el cuerpo de Jesús, que también, como el suyo, lo querría pronto Dios.

Había prometido tres razones en relación con el texto de hoy Aquí va la primera:

María está embarazada. Y visita a otra embarazada. Y nos invita a todos a estar embarazados. ¿de qué? ¿de quién? Eso no importa. De vida. De la Vida. De Dios. Cuando nuestro general de los escolapios nos escribió a la provincia con ocasión de su capítulo provincial, nos propuso que nos embarazáramos de una fundación en Mozambique. Usó la palabra embarazo, porque aunque viejitos muchos y por supuesto como provincia religiosa española bastante cascadita, nos dijo que el embarazo nos sentaría divinamente, como a Isabel, estéril, y a María, virgen. A pregunta que me surge es: ¡de qué me puedo embarazar? ¿Lo estoy ya? ¿Cuál es la vida que estoy alumbrando? Pronto comienza un nuevo curso… ¿te apetece embarazarte así, sin sexo ni nada?

María busca un encuentro de embarazo a embarazo, desde el servicio y la complicidad. Te vengo a ayudar, pero vengo también a que me cuentes cómo también contigo Dios ha hecho algo imposible, Dios ha irrumpido en tu historia. Me invita a pensar cómo son mis encuentros y si soy capaz de hablar de mi proceso, mi recorrido ante mí mismo, los demás y Dios, mis pasos adelante y las ayudas que Dios me ha concedido. Me invita también ha hacer comunidad de pobres milagreados por Dios, gente que sabe que sus méritos no son suyos, sino del Otro grande que nos quiere.

Por último, María rompe a cantar agradecida. Uy qué difícil es que la gente cante hoy. Casi sólo lo hacemos ya en las parroquias, que ni los chiquiteros cantan ya. Y ojalá que no dejemos de hacerlo. Y María canta. Canta porque da las gracias, que no todos lo hacemos. Y da las gracias porque en la nada de un embarazo ella ve la obra de Dios. Aún recuerdo aquella navidad donde una vecina nonagenaria dio gracias porque era pobre. Me quedé tan impresionado de aquello…. Ver a Dios donde otros verían injusticia o marginación, dolor o muerte. Y canta en voz alta porque quiere anunciar la dicha de Dios. No tiene pelos en la lengua para apuntar que Dios está de parte de los pobres y de la vida. Que tiene favoritos. Que quiere más a unos hijos que a otros, o al menos los quiere de distinta manera. Y que al que le pique, que se rasque.

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