ESPERANZA EN CLAVE DIGITAL aquí el artículo en PDF
Antonio Ricardo Alonso Amez
Plantear una evangelización en pleno siglo XXI requiere un esfuerzo singular puesto que, a la dificultad de llevar la Buena Noticia en los tiempos de descreimiento que vivimos, se une el reto de ofrecer frescura en el mensaje que se pretende no solo transmitir, sino también vivir y experimentar. Los jóvenes pueden ser receptivos a ese mensaje por el atractivo y esencia vital del mismo, pero no es desdeñable que toda ayuda extra puede ser bienvenida si no desvirtúa aquello que se quiere transmitir. Por ello las plataformas digitales pueden facilitar una experiencia real de encuentro con Jesús y su mensaje a través de múltiples canales o recursos. La música, el arte, la oración online, los testimonios traídos desde la red pueden ser unas herramientas sensacionales a la hora de experimentar ese encuentro con Jesús y vivir una fe en la era de las pantallas.
Sin embargo, este proceso requiere una reflexión previa acerca de cuál es el papel de los seguidores de Jesús en un mundo misionero digital. Y es que ser cristiano en este tiempo es llegar allá donde más se necesita sentir el mensaje de Cristo. Como el papa Francisco señaló en su pontificado, es alcanzar las «periferias». En clave digital estas periferias son los foros, las redes sociales y las plataformas emergentes que van surgiendo y que llegan a nuestra juventud cada vez en más temprana edad y que pasan a formar parte de sus vidas cotidianas otorgándoles un lugar preeminente. De ahí lo interesante de reflexionar sobre la conveniencia o no de emplear estas herramientas. Con un uso razonable y responsable podríamos conseguir verdaderos discípulos digitales en misión.
No obstante, las dudas se tornan aún mayores cuando la tecnología empleada es la Inteligencia Artificial. Y es que en la era actual este tipo de herramienta está transformando todo cuanto tenemos alrededor con fines no siempre idóneos. Lo verdaderamente relevante es saber llevar este recurso a los intereses que nos ocupan en el ámbito de vivir la Buena Noticia y trasladarla a lo más íntimo del ser humano. Y, pese a que parezca un reto casi imposible, sí que puede cristalizar el manejo de la IA para tales fines en casos concretos como la oración guiada, lectio divina en clave digital o incluso los chatbots catequéticos. Como es evidente, siempre este manejo debe tener una supervisión directa y un discernimiento espiritual, a la par que debe mantener vivo el espíritu crítico hacia los resultados de estas experiencias digitales de cristianismo.
Pero si por algo hemos de poner en valor la digitalización de la fe y la vivencia de una esperanza en Jesús a través de la tecnología y sus infinitas posibilidades es en una educación de la posible hiperconectividad. Esto quiere decir que debemos enseñar a los jóvenes a poner el modo «off» de sus dispositivos y activar el «on» de su interioridad. Y para ello el silencio interior no ha de verse perturbado por la saturación digital, tomando como modelo la vida de Jesús en oración y abordando la necesidad de cultivar espacios de silencio y contemplación. Esto es crucial para poner en contexto todo lo anterior, puesto que con un uso mesurado de la tecnología se consiguen mejores resultados en todos los ámbitos. También en el pastoral.
Paralelamente, podemos enfatizar que las herramientas digitales también nos permiten tejer redes e interconectar a personas con el fin de crear comunidades online solidarias, empáticas y preocupadas por el prójimo. Podrían considerarse como una metáfora del mismo mandamiento del amor. Y, además, establecen unas bases sólidas para un crecimiento que a veces la separación física impide aumentar. Porque la tecnología, de este modo, se pone al servicio del otro, de mi hermano, a quien posiblemente no conozca, pero me es cercano igualmente. Es una herramienta de mediación del amor y el servicio.
Y todo ello con un sinfín de posibilidades para hacer llegar el Evangelio a través de narraciones que marcan, que transmiten y emocionan; con frescura e impacto. Que hablan en el idioma de la gente de hoy porque son actuales, como actuales son los medios que emplean. Este storytelling”en un mundo multimedia se vale de lenguajes de todo tipo: reels, podcasts, blogs, vídeos… Y siempre en diálogo con la cultura. Porque la fe se incultura aquí y ahora, sin desdeñar cualquier recurso facilitador. Siempre de forma respetuosa con el origen, con la esencia. Porque una ética digital desde el Evangelio es obligatoria. Por ello se hace indispensable proponer una serie de claves o estrategias para que nosotros, las ovejas de este rebaño, vivamos una presencia responsable y transparente en el ámbito o entorno digital, desde los valores de Reino.
Jesús es nuestro modelo de comunicación auténtica. Eso es innegable. Por ello se torna capital efectuar un análisis de cómo su estilo comunicativo puede inspirar una presencia humana más transformadora en lo digital. Jesús escucha. Y escucha atentamente. Habla un lenguaje cercano, emplea ejemplos sencillos; dialoga y razona. Y este modelo comunicativo nos ha de servir como ejemplo para trasladarlo a todas aquellas herramientas digitales que nos sirvan como apoyo o recurso para evangelizar en cualquier ámbito de la vida. Sin perder la esperanza que el mismo Jesús nos transmitió con su ejemplo y testimonio vital. No nos rindamos. El reto merece la pena. Y recursos tenemos.







