ENTREVISTA A FRAN BEÚNZA, AUTOR DE ENCONTRAR LA LUX PERDIDA – Juan Carlos de la Riva

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Juan Carlos de la Riva

juancarlosdelariva@escolapiosemaus.org

Fran Beúnza nos acaba de sorprender con su segundo ensayo. Tras Lo mejor está por llegar, en el que nos despertaba la esperanza, ahora nos regala un análisis del repunte de lo espiritual entre nuestros jóvenes y en la cultura en general. Conversamos con él para que nos cuente con más detalle sus conclusiones.

¿Cómo lees tú la coincidencia de tantos famosos hablando de Dios, la película Los domingos, Rosalía…? ¿Es síntoma de una profunda sed de trascendencia en nuestra cultura? 

Es síntoma de que el nihilismo va muriendo poco a poco. Este repunte cultural no significa un cambio total de ciclo, sino una tendencia que podemos aprovechar. Además, es la manifestación de un fenómeno que veníamos observando los últimos años en algunos grupos de jóvenes. «El que tiene frío busca la lumbre», dice la columnista y escritora Ana Iris Simón, y yo creo en eso. Nuestros jóvenes tienen mucho frío existencial, y ni el mercado ni las ideologías ofrecen sustentos sólidos en los que mantenerse, aunque ¡queda Nietszche para rato todavía!

En la reseña aportas la necesidad de un por quién vivimos para poder hablar de auténtica fe: ¿hay peligro de que circule una fe desencarnada del servicio real a quien lo necesite? ¿Vuelve la fe como evasión más que como fermento de vida nueva y justicia?

El otro día tuiteé que vuelve Dios, pero me pregunté: ¿qué Dios vuelve? Es una oportunidad nueva de descubrir juntos al Dios de Jesús. Este camino es siempre una aventura, no exenta de peligros. Las ideologías del siglo XX y XXI han agotado los «porqués», las grandes causas… En el libro intento explicar que, aunque necesitamos ideología, esta siempre es imperfecta (como nosotros), y que la búsqueda de un «por quién» concreto, un rostro por quien hacemos las cosas, tiene mucho más de verdad y de religioso. 

Como educador, ¿qué luces están viviendo las nuevas generaciones, y qué sombras les acechan en el plano del espíritu?

Este es un campo infinito. Si lo miro con una perspectiva intergeneracional, comparando la educación que recibieron mis abuelos y la que están recibiendo mis hijos, diría que mis abuelos no recibieron mucho acompañamiento emocional; quizás a mis hijos les toca una hiperinflación de lo emotivo. Creo que conocerse a uno mismo es imprescindible para vivir una vida buena, pero obsesionarse con el bienestar provoca un deterioro de la salud mental. Uno de los grandes enemigos es la comparación, el juicio constante. Las redes sociales están siendo, muchas veces, un mecanismo infernal de comparación y FOMO para nuestros adolescentes. También el ruido contra el silencio, la dispersión frente a la atención, son una de las grandes tensiones que nos ha tocado vivir a todos. Y, probablemente, como dice Hartmut Rosa, un cambio en nuestra concepción del tiempo: una especie de aceleración. Sin embargo, creo que se va revalorizando la familia como espacio alegre y esencial para vivir. La posibilidad de acceder a conocimiento en cualquier momento gracias a internet es increíble. Veo trigo y cizaña. Aun así, sigo pensando que nuestros tiempos siguen siendo los mejores, porque son los nuestros. Son lo que se nos ha dado, y podemos vivirlos con alegría. 

Como padre, ¿cómo vives en familia la necesaria transmisión de la luz de Jesús? ¿Cómo animar a las familias a ser portadoras de sentido para sus hijos e hijas? 

Con mucha alegría. Es una de las tareas que hago con más paz, sabiendo que la fe es un regalo al que yo puedo aproximar, pero que seguirá siendo un misterio entre Dios y cada uno de mis hijos. Saber que hago lo que puedo me da mucha alegría y mucha paz. Además tengo el regalo de vivir mi fe con mucha gente buena (la comunidad cristiana escolapia) que son un apoyo enorme para acompañar a mis hijos en todo. Me fio de ellos.

¿Qué te ha llegado más de la película Los domingos?

Salí conmovido de la película. Cuando termino una señora que tenía a mi lado enseguida le dijo a su marido, después del final (que no quiero contar por no destripar la peli): «hay cosas peores»”. Y pensé que la película nos discierne a nosotros, nos dice quiénes somos ahora mismo. A mí, personalmente, me ocurrió que notaba que comprendía a todos los personajes con sus ambigüedades; creo que todos se quieren, y que la peli nos muestra nuestras continuas torpezas humanas en el amor, que a veces son terribles. Y que, más de lo que pensamos, somos incapaces de creer en un Dios que nos quiere con una locura tal y con una desproporción tan absoluta que nos da un amor contra todo pronóstico. La película es un diez y creo que tardaremos muchos años en ver algo igual.

Sinopsis Encontrar la lux perdida

¿Es el cristianismo el nuevo punk? ¿Está de moda creer? Este libro lanza preguntas provocadoras para mirar de frente algo que muchos intuyen: la fe está volviendo, pero de otra manera. ¿Qué tienen que ver un tenista, Rosalía y sus canciones, las series, los memes, la literatura o la paternidad con la fe? Mucho más de lo que imaginas. En este libro, Fran Beúnza nos invita a pasar del «¿por qué?» al «¿por quién?», un giro que transforma la búsqueda de sentido en una experiencia viva. Frente al vacío del consumo y los falsos tótems del éxito, propone un camino hecho de servicio, comunidad y amor. Entre el trigo y la cizaña, una luz —la de Jesús— vuelve a dar sentido a todo.