Entre influencers, youtubers, e instagramers, profetas acompañantes – Oscar Alonso

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La necesaria y determinante apuesta por acompañar personas y procesos en nuestra pastoral juvenil

Vivimos tiempos apasionantes para nuestra Iglesia y para todas las instituciones. Asistimos perplejos a los cambios y transformaciones que están teniendo lugar en todos los ámbitos y soñamos despiertos con la posibilidad de seguir mejorando, de seguir siendo fieles a la misión que nos constituye, nos define y nos significa en el universo eclesial. Especialmente en lo que se refiere a los jóvenes, futuro inequívoco de una Iglesia que aún no podemos imaginar.

Y vivimos tiempos en los que nos sentimos literalmente bombardeados por todo tipo de innovaciones, de todo lo que configura la llamada «cultura del pensamiento»; de potentes metodologías aplicadas, activas, transformadoras… el caso es no parar, no quedarnos atrás, no vivir de rentas y seguir creciendo mientras caminamos. El caso es no perder comba, estar donde está la gente, anunciar a tiempo y a destiempo que el Evangelio tiene vocación de publicación viral.

Pero, al mismo tiempo, mientras todo es innovado, tenemos la sensación de que hay algunos aspectos de lo más nuestro que se nos escapan, que no terminan de ir a la velocidad a la que van todos los otros cambios y que, sin embargo, deberían considerarse y tratarse de otro modo. Y la sensación nos ocupa y nos preocupa, pero se topa siempre con la falta de tiempo, con la falta de medios, con la falta de personal, con las estructuras decimonónicas que por definición son impermeables a nuevos planteamientos… y descubrimos que existe un cierto desequilibrio entre el método y el estilo. Y cuando este desequilibrio se nos pasa por alto o creemos que es lo normal, a medio plazo descubrimos que los métodos cambian mucho más rápido de lo que nosotros podemos asumirlos y el estilo sigue necesitando modos y medios, recursos y tiempos, opciones y acciones muy concretas para seguir siendo algo significativo y vertebral en nuestras comunidades y propuestas pastorales.

Y en estos tiempos apasionados en los que nos hacemos conscientes de que debemos cuidar institucional y personalmente el estilo, aparece la necesidad irrenunciable de acompañar a nuestra gente, de modo especial a los jóvenes. Vivimos un tiempo en el que debemos apostar de modo necesario y determinante por acompañar personas y procesos. Y esa tarea ha de estar bien fundamentada en la misión (no en un método pasajero), debe contemplarse en la visión que nuestras comunidades cristianas y propuestas pastorales tienen para los próximos años (no en una moda a la que nos apuntamos para ver si funciona en lo nuestro) y en los valores fundamentados en virtudes que nos identifican como lo que somos (y que no están al albur del último gurú en evangelización).

 

Vivimos un tiempo en el que debemos apostar de modo necesario y determinante por acompañar personas y procesos

Y esa necesaria y determinante apuesta por acompañar personas y procesos aparece en un momento en el que ya forman parte de nuestro imaginario y hablamos con cierta cotidianidad de influencers, youtubers e instagramers. Hombres y mujeres, muchos de ellos muy jóvenes, que ejercen una influencia sorprendente sobre millones de personas en los ámbitos más variopintos. Hombres y mujeres que provocan cambios, que generan necesidades, que crean opinión, que se convierten en maestros de vida para muchos, que son el espejo donde muchos de nuestros jóvenes se miran, que comunican y generan expectativas, que hablan del sentido de la vida, de felicidad, de opciones vitales, de creencias… Hombres y mujeres que hacen que nosotros nos planteemos qué acompañamos en nuestras comunidades, qué sentido tiene lo que hacemos, qué nivel de seguimiento tenemos en lo más nuestro, a dónde queremos llegar y a dónde nos gustaría que los más jóvenes llegasen, qué experiencia del Dios de Jesús nos gustaría que experimentaran en nuestras propuestas de pastoral juvenil, qué procesos estamos dispuestos a acompañar… Sin duda alguna, muchas tareas derivadas todas ellas de nuestro deseo de seguir siendo fieles a la misión que nos convoca y fundamenta.

Es evidente que apostar por acompañar a nuestra gente y seguir de cerca sus procesos, todos sus procesos (vitales, vocacionales, profesionales, de crecimiento en la fe…) supone para nuestras propuestas pastorales un planteamiento estratégico que permita apostar por el acompañamiento y permitirle formar parte del estilo evangelizador de nuestras comunidades cristianas. Acompañar a los jóvenes no es fácil. Requiere contar con el Espíritu. Requiere formación. Requiere tiempos de calidad. Requiere medios. Requiere hombres y mujeres vocacionados y acompañados. Requiere una fe adulta, probada, en camino. Requiere espacios. Requiere métodos. Requiere estrategia. Es una apuesta global y globalizante para toda comunidad que apueste por la juventud.

Afirma el papa Francisco que «la comunidad evangelizadora se dispone a “acompañar”. Acompaña a la humanidad en todos sus procesos, por más duros y prolongados que sean. Sabe de esperas largas y de aguante apostólico. La evangelización tiene mucho de paciencia, y evita maltratar límites» y prosigue diciendo «más que nunca necesitamos de hombres y mujeres que, desde su experiencia de acompañamiento, conozcan los procesos donde campea la prudencia, la capacidad de comprensión, el arte de esperar, la docilidad al Espíritu, para cuidar entre todos a las ovejas que se nos confían de los lobos que intentan disgregar el rebaño. Necesitamos ejercitarnos en el arte de escuchar, que es más que oír. Lo primero, en la comunicación con el otro, es la capacidad del corazón que hace posible la proximidad, sin la cual no existe un verdadero encuentro espiritual» (Evangelii Gaudium 24 y 171).

Los jóvenes son o están llamados a ser influencers, youtubers e instagramers también para sus contemporáneos. Y vivimos en un momento precioso para ello. Un momento en el que aparecen todo tipo de nombres para definir a los que generan opinión, a los que dicen lo que hay que ser, cómo hay que ser y en qué se ha de creer en cada momento. Un momento en el que importa más quién dice la cosas y cómo las dice que lo que realmente dice, que lo que realmente fundamenta y sostiene cuanto afirma. Pero eso no se es solo por puro deseo. Es importante contar con adultos en la fe que muestren el camino, que provoquen experiencias, que pongan en camino, que favorezcan el encuentro con el Señor Jesús.

Y esa necesaria y determinante apuesta por acompañar personas y procesos aparece en un momento en el que ya forman parte de nuestro imaginario y hablamos con cierta cotidianidad de influencers, youtubers e instagramers. Hombres y mujeres, muchos de ellos muy jóvenes, que ejercen una influencia sorprendente sobre millones de personas en los ámbitos más variopintos. Hombres y mujeres que provocan cambios, que generan necesidades, que crean opinión, que se convierten en maestros de vida para muchos, que son el espejo donde muchos de nuestros jóvenes se miran, que comunican y generan expectativas, que hablan del sentido de la vida, de felicidad, de opciones vitales, de creencias… Hombres y mujeres que hacen que nosotros nos planteemos qué acompañamos en nuestras comunidades, qué sentido tiene lo que hacemos, qué nivel de seguimiento tenemos en lo más nuestro, a dónde queremos llegar y a dónde nos gustaría que los más jóvenes llegasen, qué experiencia del Dios de Jesús nos gustaría que experimentaran en nuestras propuestas de pastoral juvenil, qué procesos estamos dispuestos a acompañar… Sin duda alguna, muchas tareas derivadas todas ellas de nuestro deseo de seguir siendo fieles a la misión que nos convoca y fundamenta.

Es evidente que apostar por acompañar a nuestra gente y seguir de cerca sus procesos, todos sus procesos (vitales, vocacionales, profesionales, de crecimiento en la fe…) supone para nuestras propuestas pastorales un planteamiento estratégico que permita apostar por el acompañamiento y permitirle formar parte del estilo evangelizador de nuestras comunidades cristianas. Acompañar a los jóvenes no es fácil. Requiere contar con el Espíritu. Requiere formación. Requiere tiempos de calidad. Requiere medios. Requiere hombres y mujeres vocacionados y acompañados. Requiere una fe adulta, probada, en camino. Requiere espacios. Requiere métodos. Requiere estrategia. Es una apuesta global y globalizante para toda comunidad que apueste por la juventud.

Afirma el papa Francisco que «la comunidad evangelizadora se dispone a “acompañar”. Acompaña a la humanidad en todos sus procesos, por más duros y prolongados que sean. Sabe de esperas largas y de aguante apostólico. La evangelización tiene mucho de paciencia, y evita maltratar límites» y prosigue diciendo «más que nunca necesitamos de hombres y mujeres que, desde su experiencia de acompañamiento, conozcan los procesos donde campea la prudencia, la capacidad de comprensión, el arte de esperar, la docilidad al Espíritu, para cuidar entre todos a las ovejas que se nos confían de los lobos que intentan disgregar el rebaño. Necesitamos ejercitarnos en el arte de escuchar, que es más que oír. Lo primero, en la comunicación con el otro, es la capacidad del corazón que hace posible la proximidad, sin la cual no existe un verdadero encuentro espiritual» (Evangelii Gaudium 24 y 171).

Los jóvenes son o están llamados a ser influencers, youtubers e instagramers también para sus contemporáneos. Y vivimos en un momento precioso para ello. Un momento en el que aparecen todo tipo de nombres para definir a los que generan opinión, a los que dicen lo que hay que ser, cómo hay que ser y en qué se ha de creer en cada momento. Un momento en el que importa más quién dice la cosas y cómo las dice que lo que realmente dice, que lo que realmente fundamenta y sostiene cuanto afirma. Pero eso no se es solo por puro deseo. Es importante contar con adultos en la fe que muestren el camino, que provoquen experiencias, que pongan en camino, que favorezcan el encuentro con el Señor Jesús.

Es importante contar con adultos en la fe que muestren el camino, que provoquen experiencias, que pongan en camino, que favorezcan el encuentro con el Señor Jesús

 

Los signos de los tiempos nos apremian. Y tenemos la obligación de responder a los mismos con herramientas y métodos que son propios de nuestra tradición cristiana, como es el caso del acompañamiento.

Frente a los influencers, ese movimiento fortísimo que teóricamente nació para ser libres del mercado y crear tendencias propias, genuinas y no dominadas por lo que dictan las grandes multinacionales (pero que en verdad son el nuevo modo en que las grandes marcas publicitan lo que desean vender), frente a estos nuevos líderes de opinión que se dejan seducir y atrapar por cantidades ingentes de dinero para hacer que la gente confíe cada vez en su imagen y no tanto en los logos, pero que terminan por conseguir que su influencia se convierta en criterio para quienes les siguen, necesitamos preparar, también entre los jóvenes, buenos acompañantes, personas que nos ayuden a discernir, a elegir partiendo de algunos criterios de libertad y responsabilidad, a acompañar nuestros procesos vitales y profesionales, nuestras opciones y acciones.

Frente a los youtubers, ese tipo de celebridad internauta y videógrafa que ha ganado popularidad gracias a los vídeos que ha ido colgando en Youtube, que en muchos casos tienen patrocinadores corporativos que les pagan para incluir en sus creaciones marcas y productos que desean vender y que se han convertido en una importantísima fuente de información, entretenimiento, pensamiento y motivo de consumo para los millennials y la generación Z, necesitamos jóvenes, hombres y mujeres que se trabajen por dentro, que viviendo en el mundo en el que vivimos, enseñen a otros a priorizar, a comprender la vida desde la experiencia directa de la misma y no solo a través de las pantallas de los smartphones y de los ordenadores. Necesitamos acompañantes que sugieran itinerarios, que provoquen experiencias y que hagan gustar internamente a los acompañados todo cuanto vivan, de modo especial, su relación personal con el Señor Jesús, su aproximación a la Palabra y su participación en la celebración y en el compromiso por la justicia.

Frente a los instagramers, esa comunidad de usuarios que comparten lo que capturan con sus cámaras a través de la aplicación Instagram, considerados potentes generadores de relaciones humanas a través de la excusa de momentos capturados fotográficamente, necesitamos acompañantes que nos muestren la vida comunitaria real, la conformada por los discípulos del Señor Jesús, esa comunidad en la que los creyentes crecemos, oramos, anunciamos la Palabra, celebramos y servimos. Acompañantes que nos muestren el camino, que nos sugieran el mejor modo para descubrir y cumplir la voluntad de Dios para con sus acompañados. Acompañantes que nos hagan experimentar que las relaciones evangelizan, que los instantes no pueden hacernos perder de vista el horizonte, que el amor es el más potente generador de relaciones humanas.

Frente a los influencers, los youtubers y los instagramers, nuestras comunidades cristianas necesitan verdaderos acompañantes, profetas de este tiempo, discípulos que caminen junto a los demás, que les muestren la importancia del discernimiento, que les hagan ser la mejor versión de sí mismos, que les sirvan de espejo y de motivación para mejor amar y servir, para saber más para servir y actuar mejor, para creer y a partir de lo que se cree dar a la propia vida y a la vida de los demás su sentido más profundo y pleno.

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Nuestras comunidades cristianas necesitan verdaderos acompañantes, profetas de este tiempo, discípulos que caminen junto a los demás

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