El rico insensible y el pobre – Iñaki Otano

Iñaki Otano

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: “Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro, estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Pero nadie se lo daba. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas.

Sucedió que se murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico y lo enterraron. Y estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán y a Lázaro en su seno, y gritó: ‘Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas’. Pero Abrahán le contestó: ‘Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida y Lázaro a su vez males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y además entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros’.

El rico insistió: ‘Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento’. Abrahán le dice: ‘Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen’. El rico contestó: ‘No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán’. Abrahán le dijo: ‘Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto’”. (Lc 16, 19-31)

 COMENTARIO:

          “En la época de Jesús ‘los ricos’ eran, como mucho, el 5% de la población. Hoy esos ricos somos la mayoría de nosotros, los ciudadanos del Norte, en un planeta que no puede ser retratado por ningún estudio científico mejor que con la parábola del epulón y el pobre Lázaro” (Gómez Serrano).

            A los ricos la riqueza les hace insensibles a las situaciones de pobreza que padece una gran parte de sus semejantes. Les parece como lo más natural no preocuparse de los pobres, hacen como si los pobres no existieran.

Jesús quiere expresar en el evangelio la enorme desgracia que supone estar centrado en la propia riqueza y no preocuparse de los que carecen de lo necesario. El que vive despreocupado pierde humanidad y se cierra a valores de solidaridad con todo ser humano.

A pesar de estar viendo la pobreza cada vez más cerca, puede existir el caso de quien vive holgadamente y no piensa que deba preocuparse de los que menos tienen porque su bienestar se lo ha ganado con su trabajo. Pero mientras existan las grandes diferencias entre ricos y pobres, nadie puede permitirse el lujo de desinteresarse de los pobres.

Se necesitan cambios profundos para una sociedad justa de menos ricos y menos pobres. Aunque no estemos en el meollo de las grandes decisiones,  todos podemos aportar. Puedo ayudar ofreciendo a los necesitados mi interés y  una parte de mi tiempo personal. Una manifestación de sensibilidad eficaz es dedicar un porcentaje de los ingresos mensuales a aliviar las situaciones de pobreza. Son bastantes las organizaciones a través de las cuales se puede ayudar a los pobres de una manera regular. La cuestión está en pasar de la insensibilidad del rico Epulón a la solidaridad con el pobre Lázaro.