El olvido de la Pasión es a la vez el olvido de los crucificados.
Es pretender que el evangelio -su anuncio y práctica- no tienen consecuencias. Es quedarnos con un Jesús glorioso que justifique nuestra gloria y olvidarnos del proceso histórico de anuncio y denuncia padeciendo las consecuencias con el paso por la cruz.
El olvido de la pasión es olvidarnos de la entrega en vida hasta las últimas consecuencias y olvidarnos además de lo importante que es construir Reino. Es olvidarnos del auténtico camino que ha de pasar por la cruz y querer un rey poderoso e imperial, sin un Reino de servicio
El olvido de la pasión es olvidarnos que la pasión continúa hoy.
Nunca estarás sola, pues el universo está contigo y te abraza y te cobija. Yo ahora soy parte de él, ya lo he decidido: vivir en armonía y dejar fluir, ocuparme de vivir en libertad y alegría, lo he decidido, soy parte de él y estoy contigo, a tu favor.
La castidad es la pureza de corazón que se respira, se toca, se mira, se escucha, se habla, y no se contamina por cercanía o lejanía, tampoco es cuestión de sexo ni genero, la pureza es ver más allá de la piel, es tocar con amor, es escuchar con comprención y misericordia, es respirar con paz en el alma, es hablar sin juzgar. Tener una vida casta no es una vida de rechazo, sino de plenitud.
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