El ocio, la fiesta y la alegría vienen después – Ana Guerrero

En el Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional, una llamada clara fue a la solidaridad y la educación renovada, para poder estar cerca de les jóvenes más vulnerables. Nos decimos que queremos apostar por una pastoral de lo gratuito y que invite al ocio desde la alegría plena.

En este tiempo en el que la compañía sigue siendo virtual, me propongo escribir este artículo en compañía de Esti que, con dieciocho años, participa en la educación y ocio de adolescentes en un centro educativo de Vitoria-Gasteiz. Adolescentes de los cuales, muches o quizás todes, viven situaciones que les hacen vulnerables y que, por tanto, se convierten en preferides, como serían les preferides de Jesús. Nosotras también hemos ido manteniendo un diálogo del que van saliendo estas líneas. No es la típica entrevista, es, más bien, un feedback sobre algunas de las ideas de fondo de este número de nuestra revista.

Ana: ¿Sabes, Esti? Creo que en esta sociedad se vive de estereotipos y puede que nos quedemos en esas imágenes. En el caso de la juventud creemos que no hay sufrimiento en esas edades, y si lo hay o se esconde o se sobreprotege. Nuestro mundo nos invita a «descartar» todo límite, y creo que eso os perjudica primero a vosotres.

Esti: Yo creo que les jóvenes estamos más que marcades por situaciones que no tenemos por qué vivir y además no entendemos. El problema está en que, si no lo hacen, nosotres mismes nos etiquetamos y además también somos olvidades en muchos ámbitos y no nos dan voto ni voz para decir lo que pensamos o sentimos porque se prejuzga con el «no sabes de lo que hablas porque no tienes suficiente experiencia», «eres muy joven» y un sin fin de etcéteras. Si no llega a ser por algunas personas, su vocación y fe, no entenderíamos lo que es una educación renovada y muchísimo menos la solidaridad. Me atrevo a decir que lo que esas personas nos transmiten y/o muestran nos ayuda a tener referencias de cómo queremos ser o actuar la próxima vez.

Ana: Ya veo que, desde tu experiencia, han sido y son personas concretas que desde su compromiso, se convierten en referentes y acompañantes de camino. Tantas veces nos preocupamos de dar con los métodos y recursos más atractivos para conectar con vosotres, para que os acerquéis a lo que os queremos transmitir…

Esti: Correcto, estoy pensando en personas concretas que me han mostrado que el único recurso que te hace querer ir a los lugares es la gente con la que vas a encontrarte allí y además reconoce tu valía. Puede que solo se trate de eso, y una vez que esas personas se hayan mostrado interesadas y receptivas, les jóvenes nos acercamos y lo único que puede ocurrirle a la comunidad, es que esta se abra y crezca.

Ana: Así es, pero no podemos dejar de buscar modos de ocio y tiempo libre que eduquen en la gratuidad y alegría plena, y, sin embargo, ¡hay tanta competencia con propuestas consumistas y efímeras que llevan a la superficialidad!

Esti: Puede que solo haya que invitar a una alternativa basada en un lugar donde sientan seguridad y aceptación en un momento de su vida donde solo tienen dudas, porque si te sientes cómodo, el ocio, la fiesta y la alegría vienen después. Para que eso pueda darse tiene que haber confianza, lo cual, a mi parecer, es clave.

Ana: Totalmente de acuerdo, necesitamos ese clima de confianza y esa seguridad, sobre todo, en ciertas edades. Es en ese clima donde pueden darse las condiciones para que, lo que «hagamos» con nuestro ocio, nos acerque a quienes somos en realidad y poder así expresarlo y compartirlo con el resto de formas diferentes, supongo. Puede que aquí tenga hueco la creatividad, como camino de conocernos y compartirnos desde lo que somos, habrá quien se conozca desde la música, el baile, la escritura, la pintura…

Esti: A la creatividad se llega mediante herramientas que gusten, resulten atractivas y, sobre todo, que no sea obligatorio. El fin de esta estrategia puede lograr que evitemos caer en otro tipo de ocio dañino impulsado por otros jóvenes —aunque no tiene porqué—, a pesar de que nadie está libre de caer en él y dependa de la fuerza de voluntad de cada quien, más que de cualquier otro factor. Así bien, conviene concienciar y enseñar las consecuencias que esas actividades conllevan usando justamente lo que se pretende fomentar, la creatividad.

No podemos dejar de buscar modos de ocio y tiempo libre que eduquen en la gratuidad y alegría plena

En mi caso, fue bastante «más simple» porque, gracias a mi crecimiento entre letras, cogí el libro más gordo de la estantería y con diez años acabé leyendo Éragon, un libro que obviamente no es para esa edad, y quise ser escritora casi al momento. De todos modos, el querer no me lo tomé en serio hasta que una trabajadora social me regaló un cuaderno para escribir esos versos (poesía) que tanto le gustaban y donde describía soledad y dolor tras los fallecimientos de mi abuela y padre en el mismo año. A la vez conocí a una psicóloga que también me regaló un cuaderno, también creía en mí y se enfadaba conmigo cuando no confiaba en mis capacidades… Pude caer en el alcohol o en el tabaco, no me parecía tan complicado y sabía a quién acudir, pero no quería defraudarles. Y me llevé la marca positiva y el saber que yo quería crear en los jóvenes un espacio donde se sientan seguros, decidiendo que, aparte de escritora quería estudiar psicología y ayudarlos a superar la oscuridad que a veces crean solos. Tuve además la suerte de, poco más adelante, conocer a una pastoralista, más allá de saludarla en los pasillos, que también confió en mí y alguna lagrimilla le saqué con mis escritos y que aún me echa broncas, de vez en cuando. Ahora, tengo la suerte de tener unos amigos increíbles que son unos escritores y bloggers geniales a los que admiro y quiero como hermana pequeña o como hija literaria porque la más joven soy yo y están para recordarme que sirvo y que no estoy sola.

Ana: Es genial escucharte Esti, y ver que es posible, que es así de real, que como hacía y hace Jesús, basta con «estar presentes», «junto a» y «confiar en» cada adolescente y joven, para que se atreva a entrar y salir de sí misme, porque si eso sucede, como tú has dicho: el ocio, la fiesta y la alegría vienen después.

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