El necesario contacto – Fernando Donaire

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EL NECESARIO CONTACTO

Fernando Donaire, OCD

@fdonaire72

A veces la vida se empeña en enseñarnos a dejar atrás aquello que pensábamos que iba a durar toda la vida. Eso es lo que le le ocurre, de un día para otro, a Jaime, uno de los protagonistas de la película Regreso a Hope Gap (William Nicholson, 2019) cuando se entera de que su padre va a abandonar a su madre. Y a partir de ese momento, tiene que gestionar una doble pérdida y no sabe cómo hacerlo. No nos preparan para perder y cuando nos sobrevienen de repente nos mostramos frágiles porque hemos crecido en un mundo donde se han empeñado en enseñarnos siempre a ganar.

En esta magnífica película hay una escena, aparentemente de tránsito, pero de importancia fundamental, donde el hijo pasea con su padre por el puerto. Le trae noticias de su madre, haciendo de mensajero, intentando servir de puente entre ambos. Grace, su madre, le manda un mensaje a su Edward, su marido, para que le brinde una oportunidad, un período de prueba para poder recomponer la situación. A lo que él responde que no puede, que «se ha ido y no puede volver». La rotundidad y la determinación del mensaje chocan con la aparente fragilidad del personaje. Y ahí reside la fuerza, en la toma de decisión. Las decisiones vitales no tienen marcha atrás si se toman con determinación. En ocasiones es demasiado tarde para solucionar algo que ha estado roto durante mucho tiempo, perdido, arrojado, sin más sentido que la costumbre. Y entonces, solo nos queda enfrentarnos con fortaleza ante el abismo de ese precipicio.

La escena continua con un silencio que rompe Edward cuando se acerca a comprar un helado y paga en efectivo, generando un comentario de su hijo que apunta que hace mucho tiempo que no paga así, que siempre lo hace con tarjeta, sin contacto. A lo que su padre contesta: «Ahora todo se hace sin contacto». Su comentario está en el centro de este encuentro y da la clave a la vez del verdadero problema que se esconde detrás del problema de sus padres y el suyo propio. La falta de contacto ha provocado la separación y es la que imposibilita ahora el encuentro. Sin contacto, nos vamos alejando del otro sin remedio. Sin contacto, dejamos atrás las cosas más importantes de la vida. Lo estamos notando ahora en plena pandemia cuando evitamos el roce, dosificamos los abrazos, mantenemos la distancia. Aun siendo una realidad ineludible por la emergencia sanitaria somos conscientes de que la falta de cercanía hace mella en nuestra vida y a largo plazo tendrá sus efectos.

Si pensamos en la vida espiritual, cuando evitamos el contacto con Dios igualmente evitamos la novedad del encuentro, la tranquilidad de estar acompañados, la certeza de la presencia en el camino. A diferencia de los demás, Él no nos dejará solos. «Estar muchas veces a solas con quien sabemos nos ama» que diría Santa Teresa. El contacto con Él nos llevará a llenar de sentido las pérdidas, como María, que supo guardar sus pérdidas en el corazón renovando siempre la presencia de su Hijo.

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