El mundo del revés – Raquel Lara Agenjo

Lo que antes era ruido de coches, camiones pitando… ahora es el sonido de los pájaros o el agua de la cantarilla cayendo como si de una pequeña cascada se tratara.

Lo que antes eran asignaturas de poca importancia, ahora es la música que sale de nuestros balcones gracias a las manos de pianistas, cantantes, violinistas y nos anima a permanecer un día más o el ejercicio para que el cuerpo no se atrofie o pintar, dibujar, hacer manualidades para activar la mente.

Lo que antes eran trabajos invisibles considerando a esas personas “población inactiva”, ahora se descubre que son las que siguen manteniendo y cuidando con dignidad la vida.

Lo que antes eran empleos poco valorados y de un estatus social bajo, ahora son los empleos esenciales, los únicos que pueden salir y continuar manteniendo la higiene en las ciudades, recoger, transportar y distribuir lo que cada día comemos.

Lo que antes era un “corre que no llegamos”, “no me da tiempo”, “estoy agobiado”, ahora es una posibilidad de silencio, de compartir la mesa, de perdonar, de mirarnos el alma.

Lo que antes era comprar rápido y todo lo necesario en una gran superficie, ahora es comprar en la tienda pequeña de barrio y con productos de proximidad.

Pero, ¿qué nos está pasando? Pues sí, tiene que venir un virus para recordarnos cuál es nuestra  verdadera enfermedad; no ser agradecidos, darlo todo por supuesto y planificado, jugarnos y jugar con la vida de otras personas por alcanzar metas materiales o egocéntricas, creernos independientes de la humanidad y de nuestra hermana tierra, vivir de manera individualista… Ese individualismo que nos hace agotar productos de los supermercados en pocas horas y que no nos permite mirar más allá de nuestro ombligo, porque si no me afecta a mí, no hay problema. Tenemos miedo aun teniendo agua caliente, comida en el frigorífico, wifi,…. Sin caer en la cuenta que tras mi ombligo, hay personas que sobrevivían en los márgenes de la vida y ahora mal viven, fronteras en las que hay rostros humanos sin comer durante días, mujeres que intentan sobrevivir cada día viviendo sobre el mismo techo que su maltratador…

Reflexiono sobre una frase que dije ayer antes de dormir y que normalmente me digo mucho, “mañana me planifico para aprovechar el tiempo”, pero ahora pienso, ¿qué es aprovechar el tiempo? Se me olvida que el tiempo es limitado, igual que el cuerpo, los momentos con personas… Con este momento de oración, quiero ser consciente y decidir aprovechar el tiempo para perdonar, poner la vida de cada persona en el centro y descubrir qué persona quiero ser para mantener este mundo del revés. Creo que ahora tengo el tiempo en mis manos, pero en lo que realmente caigo es que siempre lo tuve pero quise distraerme.

Rezo para que después no tengamos “alzheimer prematuro”, que cuando futuras generaciones estudien en la escuela pública y nos pregunten, “¿qué aprendisteis tras el coronavirus?”, cada uno de nosotros y de nosotras les podamos mirar a los ojos y responderles que aprendimos a ser más humanos, reconociéndonos dependientes y corresponsables de la comunidad humana.

¿Quién quieres ser cuando salgas de casa? ¿Qué quieres dar a las demás personas? Recuerda que cada persona somos hijas del Dios del amor y la justicia, somos un regalo, ¿dónde y cómo quieres ofrecerlo?

Es cierto, los aplausos no deben quedar ahí, pero están ahí, es el soplo de la ternura de Dios por su pueblo que grita, y de lo más pequeño y sencillo, Dios se estremece en sus entrañas y hace posible el milagro de la vida digna. Si hay algo que nos puede sacar de esta situación, eso es el amor, un amor que cuando se comparte se multiplica y sin duda, en nuestras manos está cambiar el rumbo con pequeños y sencillos gestos de amor. Ahora es el momento y es un buen tiempo porque tenemos tiempo.

Raquel Lara Agenjo. (Militante de la JOC de Córdoba)

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