El mundo de mañana – Edgar Azpilikueta

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Uno de los aspectos más pedagógicos de esta crisis es cómo nos enseña a no anticipar demasiado los acontecimientos. Vivir un poco más al día y menos al servicio de nuestras apretadas agendas. Y es que cualquier golpe del destino, da al traste con nuestro afán por controlar. Y sobre todo, a poner un poco más de corazón en esas cosillas en las que seguimos empleándonos, porque es ahora cuando te das cuenta de tantas ocasiones en las que hay falta de amor en nuestras vidas.

No obstante, yo, poco amigo de las incertidumbres, no puedo evitar pensar en el día de después. Ese día en que vayamos asumiendo una nueva y todavía desconocida situación. Es una cuestión que me inquieta. ¿A quién no? Intento evitar ser agorero, pero ciertamente, el futuro está plagado de motivos para la preocupación. ¿Cambiará nuestra forma de relacionarnos? ¿Seremos más desconfiados o estigmatizaremos más a la gente? ¿Nos cerraremos de puertas adentro? Y para más inri, cada día resulta menos aventurado preludiar que esta crisis no será distinta a otras, y en el mundo de mañana, nuevamente se cebará sobre los que ya antes estaban en la cuerda floja (inmigrantes, mujeres, obreros, parados… excluídos). ¿Nos fallará el amor?

Sin duda, el coronavirus ha tirado por el suelo todo, ¿no? ¿O acaso ya teníamos un mundo roto? Un mundo donde las pandemias y las crisis eran ya cotidianas para muchas personas. Un mundo donde la desesperación de quienes surcan el Mediterráneo no era ni es prioritaria en ninguna agenda. Un mundo donde la miseria de los barrios se juzga por sus consecuencias últimas y se soluciona con mucha porra y poca educación. Un mundo en el que el capricho de algunos puede tener a esclavas dando a luz hijos a la carta. Un mundo donde el heteropatriarcado sigue siendo el eje de poder y dominación para tantas personas. Un mundo preparado para que cualquier mínimo amago de colapso, repercuta siempre sobre la cerviz de los que cargan en las bases. ¿No hay algo que cambiar aquí? Como en el pasaje del Génesis, seguimos queriendo evitar los cargos de los crímenes que cometemos contra los hermanos y hermanas: “Entonces el Señor dijo a Caín: ¿Dónde está tu hermano Abel? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guardián de mi hermano?” Gn 9:4. Falta amor. . ¿Será de nuevo así el mundo de mañana?

 

Y ahora, crisis. Más crisis. Horizonte aciago. No queda otra que dar un paso al frente y afrontar los desafíos. Dicen que en chino, el caracter para la palabra crisis es el mismo que para la palabra oportunidad. ¿No podría ser esta la oportunidad para dar respuestas generosas, creativas y solidarias con más fuerza? ¿Para fortalecer los vínculos comunitarios? ¿Para hacer prevalecer una red de cuidados? ¿Una economía que esté más al servicio de las personas, su salud y bienestar? ¿Ocasión inmejorable para poner en valor como motor de progreso la ciencia al servicio de las personas, sin dejar nunca más de lado el valor de las ramas humanísticas para interpelar sobre los porqués? ¿O el momento de tomar conciencia de la crisis climática en la que estamos inmersos, ante la que podemos dar una respuesta verde? ¿Momento para cuidarnos y cuidar la tierra y movernos en bici? ¿Oportunidad para afianzar y avanzar en logros para que ninguna mujer no quede empoderada? ¿O para limar las asperezas existentes entre los pueblos, religiones o simplemente personas, que se perpetúan sin fin? Reviso… Hay muchas heridas que muchas veces tienen mi propio nombre. Me falta de amor. El mundo de mañana nos/me/nos espera para vendar y curar las heridas.

Si bien me mantengo esperanzado en estos retos, no vale con plantearlos. Bien es sabido que el avance no se logra solo y que las fuerzas misántropas y egoístas nos asedian día y noche, hasta en nuestros fueros internos (`hasta´ o `sobretodo´). Al menos, yo las detecto en mí a cada suspiro.

El día de mañana, tocará luchar mucho, sin duda, por este mundo, este mundo nuevo que ya nace, entre dolores de parto. Luchar por cuestiones que merecen la pena. Y venceremos. Con amor. Porque la última palabra, la tendrá siempre el amor.

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