El motivo de estar contento – Iñaki Otano

Iñaki Otano

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: “La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.

Cuando entréis en una casa, decid primero: ‘Paz a esta casa’. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.

Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: ‘está cerca de vosotros el Reino de Dios’. Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: ‘Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que está cerca el Reino de Dios’. Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo”.

Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre”. Él les contestó: “Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo”. (Lc 10,1-12. 17-20)

Jesús designa, además de los apóstoles, otros 72 discípulos, símbolo de universalidad, porque se consideraba que 72 eran los pueblos descendientes de Noé. Por tanto, proclamar la Buena Noticia y rogar para que haya obreros del mensaje no es tarea exclusiva de los apóstoles.

Para los discípulos de Jesús, aunque no dispongamos de grandes medios o no seamos geniales, lo importante es ponerse en camino, es decir, no echarse atrás, no avergonzarse de proclamar la Buena Noticia con la propia vida, con el testimonio de bondad y amor.  Con todas nuestras limitaciones y defectos, tenemos una misión que cumplir. Según Jesús, paz en esta casa es lo que hay que desear. Naturalmente la paz tiene que fundamentarse en la justicia y el amor al hermano.

Estos 72 discípulos vuelven de su misión muy contentos porque todo les ha salido bien. Jesús se alegra con ellos pero les advierte: está bien y es humano que estéis contentos porque todo os ha salido bien, pero más contentos tenéis que estar porque vuestros nombres están inscritos en el cielo Es decir, debe haber en vosotros un sustrato de gozo, que va más allá de que os salgan bien o mal las cosas: sois queridos por Dios, vuestros nombres están inscritos en el cielo.

Las personas juzgamos a menudo a los demás según sus éxitos o fracasos. La óptica de Dios es diferente. Él nos estima por nosotros mismos y no por nuestros resultados. Esto nos tiene que dar esperanza y quitar la ansiedad: no dependemos de un golpe de suerte, en unas circunstancias muchas veces incontrolables, sino del amor constante y sin fisuras de Dios.