El árbol de la cuaresma – Josep Périch

En el centro de un  bosque había un magnífico árbol que era la admiración de todos.

* Pero un día las ramas dijeron: – ¿Os dais cuenta de lo importante que somos? Todos los que nos ven se admiran de nosotras y los pájaros está muy contentos de vivir entre nosotras…¿Qué tenemos nosotras que ver con ese  gordo y feo tronco, y menos todavía con esas mal olientes raíces que están todo el día bajo tierra?

Y decidieron que desde aquel día vivirían solas sin la necesidad de nadie.

* El tronco por su parte dijo: – ¿Qué sería del árbol sin mí? Soy quien sustenta a las ramas y doy vigor a todo el conjunto. Si yo no existiera las ramas no tendrían soporte y la savia no les daría color y vida...

* Las raíces cuchichearon : – El árbol no podría subsistir sin nosotras que absorbemos de la tierra las sustancias con que  alimentan el tronco, las ramas y las hojas. Desde ahora nos alimentaremos nosotras solas y no daremos nuestra savia a nadie.

     Pero poco a poco las raíces, las ramas, y el tronco se dieron cuenta de que no podían vivir separados, que estaban hechos uno para el otro y que la importancia no residia en  cada uno de ellos sino en todo el árbol, del cual ellos eran una parte…

Todo volvió a ser mejor que  antes. El árbol se sintió otra vez feliz y todo el bosque con él.

Este árbol se dio cuenta (en un miércoles de ceniza) que sería sólo útil para ser quemado como leña. Afortunadamente reaccionó a tiempo y a lo largo de cuarenta días (cuaresma) va a tener la posibilidad de recuperar la maravilla de vivir y de hacer feliz al entorno.

Esta podría ser la historia de cada uno

  • Ayuno: Se trata de comer menos, ¿sólo para disfrutar de una salud y presencia envidiables? La Cuaresma nos propone de «ayunar», y «desintoxicarnos » de todo aquello que no nos deja ser libres.
  • Solidaridad: Se trata de, ¿tranquilizar la conciencia desprendiéndonos raquíticamente de unas monedas por los pobres? La Cuaresma nos propone convertirnos en «propina», en «regalo»…. de cara a las personas de nuestro entorno, provocando en ellas una sonrisa salida del corazón.
  • Oración: Más allá de costumbres, rutinas, prácticas religiosas… que podamos hacer, buscamos espacios de silencio donde, como niños, nos dejemos ir confiadamente a los brazos del Padre-Madre y, sin palabras, experimentar cómo nos acaricia.