El ángel de luz – Josep Périch

  Se cuenta que una vez en el cielo el Ángel de la Luz se dirigió a Dios-Padre:

  – Me han informado que la oscuridad se está haciendo dueña  del planeta Tierra.   Me  gustaría enterarme personalmente de que ocurre.

 – Es una misión arriesgada. Toma precauciones. ¡Te espero! –responde Dios-Padre.

El Ángel de la Luz después de sobrevolar, una y otra vez, montañas, mares, pueblos y ciudades sin detectar la maldita oscuridad, reemprende el vuelo hacia el cielo. Se dirige a Dios-Padre:

Contrariamente a lo que me habían informado no he visto la maldita oscuridad por ninguna parte.

¿No te dabas cuenta de que a tu paso desaparecía la oscuridad porque eres el Ángel de la Luz?

La pandemia está haciendo grandes estragos a escala mundial. Basta con abrir las ventanas de los informativos y las de nuestras calles u hogares, para darnos cuenta del descomunal descalabro que hay en vidas humanas, en el hundimiento de la economía: empresarial, del pequeño comercio o familiar… Más aún, ¡nos estamos acostumbrando como si se tratara de algo normal!

Igualmente quedas perplejo de la aureola que se da a los «dioses» mediáticos, económicos, deportivos, estrellas del mundo de la pantalla … Sin hacerles pasar el examen de su dignidad y calidad humana, se les sube al podio del triunfo. Un botón de muestra fue el enloquecimiento colectivo, especialmente de muchos argentinos, con motivo del fallecimiento de Maradona.

Tras su gran prestigio conseguido chutando un balón, cuántos millones de niños, adolescentes y jóvenes se ha querido ver en él reflejados, sin un mínimo espíritu crítico, sobre el conjunto de su persona. Pocos se han preguntado por qué llegó a cometer tanta indignidad y qué personas de su entorno fueron las causantes de su degradación o no fueron capaces de ayudarle como debían. No me atrevo a afirmar sobre su persona como una conocida periodista: «Maradona un ángel muy demonio». Deseo que descanse en paz.

Desde nuestras contradicciones, debilidades e impotencia, pero también desde nuestra esperanza (no optimismo), en este tiempo de Adviento y de pandemia, levantamos las manos y el corazón hacia el cielo.

Cada uno de nosotros estamos invitados a ser «Ángel de la Luz». Se trata de bajar de nuestro cielo de algodón, para tender la mano a toda persona o familiar que se sienta humillada o débil de nuestro entorno. Se trata de bajar de nuestro «cielo del consumo» para colaborar con alguna entidad solidaria …

Que, con el telón de fondo del pesebre, podamos identificarnos con el ángel que anuncia la Buena Noticia a los marginados pastores.

 «El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz; una luz brilló para los que vivían en el país tenebroso «(Isaías 9,1)

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