El acompañamiento desde el grupo – Diana Darias

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EL ACOMPAÑAMIENTO DESDE EL GRUPO:
UNA RESPUESTA COMUNITARIA A LAS DIFICULTADES

Diana Darias

@somoslasalle

«Estar [una persona] con otra o ir junto a ella». Así define la RAE el verbo «acompañar». Personalmente, he sido una persona más de números que de letras, pero eso no quita que crea firmemente en el poder de las palabras y de su significado.

Siempre se ha dicho que acompañar a otros en momentos de luz, de felicidad, es fácil. En momentos oscuros y en los baches que se nos plantean en la vida, es algo menos sencillo. Pero ya lo decía Gimli en El señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo: «Desleal es aquel que se despide cuando el camino se oscurece».

La psicóloga Susan Krauss en su artículo The Search of Fulfillment clasifica las dificultades de la vida en seis grandes grupos genéricos: el rechazo, la soledad, la pérdida de un ser querido y el trauma, la culpabilidad, el fracaso y la baja autoestima.

En nuestros distintos grupos de fe y de vida, en nuestras comunidades, ¿no has vivido alguna de estas situaciones? Un compañero que pierde a un familiar, una compañera que no termina de encajar en su lugar de trabajo, alguien que no llega a sentirse realizado en la carrera que está estudiando…

¿Cuál es el papel del grupo aquí? La respuesta es muy sencilla: acompañar. No sé si has leído la Biografía del silencio de Pablo D’Ors, querido lector, pero te dejo aquí un párrafo que me parece que ilustra esto que estamos reflexionando. Cierto es que él habla de la meditación, pero en nuestro caso podemos cambiarlo por vivir de forma comunitaria, o por compartir la fe.

«Tener un grupo de compañeros con quienes reunirse a meditar es un gran tesoro, y tener un maestro o acompañante ante quien exponer las propias dudas y temores es muy recomendable para avanzar en esta vía».

Muchos, como D’Ors, coinciden en la importancia del grupo de fe en el crecimiento personal y a la hora de afrontar los baches de la vida.

Lo mismo ocurre en nuestra pastoral. El papa Francisco, en el número 169 de la Evangelii Gaudium, nos dice también que debemos «quitarnos las sandalias ante la Tierra Sagrada del otro y ejercitarnos en el arte de escuchar, que es más que oír». ¿Y dónde hay más escucha que en el grupo, que en la comunidad? En lo comunitario compartimos fraternalmente un trecho (más corto o más largo) del camino de la vida, acompañando desde el respeto y compasión las etapas de crecimiento de los demás.

Personalmente, el formar parte de un grupo me ha permitido crecer en momentos donde el dolor hubiera hecho que la fe pasara a un segundo plano. Sentirme acompañada por los demás hizo que sucediera todo lo contrario; Dios estaba conmigo en esa dificultad, a través de los otros. Por muy alta que fuera la montaña, tenía a gente acompañándome desde la compasión y la fraternidad en esa subida.

No quiero decir que el dolor disminuyera, o que superé esos baches con facilidad; nada más lejos de la realidad. Pero sí conseguí, desde mi fe y desde la comunidad, empezar a sanar heridas y seguir creciendo personal y cristianamente

¿Y si apostamos por el acompañamiento comunitario? Si sientes que estás pasando por un momento difícil, te invito a compartirlo en tu grupo de fe. Lo más probable es que esto no te dé la solución, pero sí hará que te sientas acompañado por los otros, y, por tanto, por Dios.

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