EDUCAR PARA EL COSMOPOLITISMO – Alicia Ruiz López de Soria, odn

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«Educar para el cosmopolitismo es formar ciudadanos bien informados, con buenos conocimientos, y también prudentes en la elección de una vida buena. Pero es también en gran medida, en enorme medida, educar con un profundo sentido de la justicia y la solidaridad»

Adela Cortina

En un libro que ha tenido repercusión mundial y ha sido traducido a múltiples lenguas, John Rawls aportaba unos principios de justicia social que consideraba son los que cualquier persona libre y racional aceptaría estando en una posición inicial de igualdad. En esta hipotética situación, que corresponde al estado natural en la teoría del contrato social, nadie conoce su lugar en la sociedad, su posición de clase ni su fortuna en la distribución de capacidades naturales, ni siquiera una concepción previa del bien. Así, deliberando tras un velo de ignorancia, las personas determinarían acertadamente sus derechos y deberes. Se me antoja pensar que una posición inicial de igualdad compartida con quienes habitamos en la casa común llamada Tierra podría ser el mejor humus para crecer humanamente desarrollando una identidad cosmopolita global, pero, ciertamente, esa hipotética situación es, a todas luces, irreal. ¿Qué es, por qué y cómo adquirir una identidad cosmopolita global?

La reflexión sobre esta cuestión viene de antaño; algunas citas célebres que podemos mencionar para ilustrarlo son «Yo soy ciudadano del mundo» (Diógenes el cínico, siglo V a.C.), o bien «Mi ciudad y mi patria, en cuanto Antonino, es Roma; en cuanto hombre, el mundo» (Marco Aurelio, siglo II d.C.). Y, sin embargo, la cuestión de la identidad cosmopolita global se nos presenta en las primeras décadas del siglo XXI como el nuevo paradigma educativo de lo social, lo prosocial y la solidaridad (Proyecto Educativo de la Orden de la Compañía de María Nuestra Señora). Grandes pensadores actuales, de reconocido prestigio, ofrecen sus reflexiones sobre ella: Martha Nussbaum, Adela Cortina, Norbert Bilbeny, Luis Aranguren, César García-Rincón de Castro. Considerando los diferentes enfoques y centrándonos en el Proyecto Educativo de la Compañía de María, podríamos definir la identidad cosmopolita global como una nueva competencia educativa clave y urgente que están impulsando educadores comprometidos con la transformación y mejora del mundo. Esta nueva competencia se describe desde cuatro dimensiones: diversidad/inclusividad, solidaridad/justicia, utopía/historicidad, identidad/reflexividad.

A nadie se le escapa que la globalización y el pluralismo son señas de identidad del tiempo que vivimos. Si queremos vivir hoy humanamente acogiendo estas señas históricas en su positividad, pensar a nivel global y la convivencia pacífica con la diversidad, evitando una emergente cultura del descarte, desembocan en la necesidad de educar en el cosmopolitismo a las nuevas generaciones. Se trata de facilitar a los educandos el movimiento físico, mental o virtual por una casa común haciendo uso de todos los recursos a su alcance (prioritariamente de las nuevas tecnologías de la comunicación) con el objetivo de establecer lazos de fraternidad; se trata de obtener perfiles de ciudadanos cosmopolitas con una identidad global.

La paradoja de construir a la vez una identidad personal y una identidad global es uno de los grandes retos que afronta la educación del siglo XXI. Entendemos con Luis Aranguren que, «un centro educativo con alumnado de diversas nacionalidades dentro de él, situado en un barrio donde la mezcla de esas culturas y lenguas es un dato más de la realidad social, fortalece un tipo de identidad cosmopolita abierta a lo diferente y enriquecida por esa misma diversidad. Por el contrario un centro que alberga solo alumnos de una sola nacionalidad y cultura, situado en un entorno aislado donde solo habitan gentes de una sola tradición cultural y social generará más fácilmente una identidad particular que difícilmente se abra a otros».

El nuevo rol docente en este aprendizaje competencial deja atrás el proyeccionista de contenidos y se sitúa como director de situaciones de aprendizaje a través de una secuencia armonizada en la que participan la experiencia, la reflexión, la conceptualización y la aplicación (ciclo de Kolb), elaborada con el propósito de conseguir en el alumnado un desempeño competencial relacionado con la identidad cosmopolita global.

 

Para ayudar a aterrizar esta reflexión en la praxis educativa, aportamos las dos herramientas básicas que utilizan los educadores de los colegios de la Compañía de María.

Para una información más amplia, contáctese con la responsable de este proyecto educativo, Mª Luz Sarabia, odn, responsable del área de Educación para el Desarrollo Humano de la Fundación Internacional de Solidaridad Compañía de María(FISC): epd@fisc-ongd.org

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