Editorial somos ciudadanos de un mundo – Carles Such

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A más de uno le habrá venido la melodía de la canción que en los años 80 se canturreaba en cualquier campamento o encuentro de pastoral: Somos ciudadanos de un mundo que necesita el vuelo de una paloma… Por eso estamos aquí… Conmigo puedes contar…
Quizá nos haga sonreír a aquéllos que la cantamos con entusiasmo animados por el prurito juvenil de cantar para transformar nuestra realidad. Los 70 y los primeros 80 fueron años de compromiso, de pensar en una sociedad diferente, de optar por cambiar el mundo y mejorarlo desde nuestra opción creyente. Ayudó sin duda el cambio político en nuestro país y una recién estrenada democracia que había sido el santo grial de muchos ‘españoles-cruzados’ que pelearon por el cambio y la sentían como la consecución de todas las esperanzas… ¡Qué tiempos! Pero antes de convertir la editorial en un guión del ‘Cuéntame cómo pasó’, me gustaría partir de aquella realidad para poder situar a grandes rasgos la actual.
Tras décadas donde el ser cristiano era una opción política, tanto si estabas con el régimen como si no, hemos desembocado en un mar ‘de calma chicha’. Las nuevas generaciones ya nacidas en la democracia y que apenas saben del régimen anterior, salvo por malformaciones endogámicas (a favor o en contra), sienten que el estatus en el que vivimos es ‘lo normal’. Ha llegado a ser ‘tan normal’ que le han dejado de dar importancia. Mientras vivíamos despreocupadamente velando por nuestro bienestar, la política era cuestión de unos cuantos que debían procurarnos ‘el pan y el circo’ mejorando siempre y sujetos a las críticas entre ellos. No sé si ‘casta’, pero ciertamente se produjo una quiebra relacional entre ‘lo político’ y ‘lo ciudadano’.
Pasadas las ‘vacas gordas’, han llegado, como en el sueño de José, las flacas que se comían a las anteriores y nos hemos despertado tras una larga anestesia dándonos cuenta que lo político también invade y condiciona nuestra vida más íntima y, lo que es más grave, nuestro presente y futuro. Reanimados por la violenta crisis padecida, la conciencia emerge y clama responsabilidad. ‘Indignación’ fue la palabra más utilizada hace unos años que ha dado paso a la palabra ‘corrupción’, y mientras se buscan culpables, surgen núcleos proféticos que anuncian una nueva realidad. ¿Qué hacemos mientras los cristianos? Pues como todos, indignarnos, corrompernos y clamar justicia y dignidad. Pues el cristiano no es casta social aparte sino que forma parte de la realidad en la que habita. ¿Cabe una respuesta cristiana a la situación actual?, ¿ha de nacer un partido político cristiano?, ¿es el cristianismo una opción política?…
En este número de RPJ hemos querido abordar, en este mes de elecciones municipales y autonómicas, la relación e implicación entre lo político y la pastoral juvenil. Y lo hemos planteado con dos reflexiones que nos pueden situar en contexto (una que remite al mismo Jesús y su evangelio y otra desde una perspectiva más teológica), y dando voz a jóvenes cristianos católicos comprometidos en formaciones políticas actuales. Les hemos dado la palabra y, aunque algunos sorprenden, hemos respetado su reflexión, dejando claro desde ahora, que son ellos a título personal desde la ideología de su partido los que hablan, sin que esta revista asuma sus afirmaciones.
Desde hace meses hemos estado pidiendo esta reflexión de jóvenes a los propios partidos, pero no todos han respondido. Los que no están (con representación parlamentaria o de emergente actualidad) es porque no han querido responder. Esperamos que la lectura de estas reflexiones nos haga tomar conciencia de nuestra ‘ciudadanía del cielo’, que más que apartarnos de los asuntos de la polis, nos compromete en la instauración del Reino en nuestra sociedad.
¡Feliz Pascua!

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