Editorial RPJ nº 535, La mujer en la iglesia – Juan Carlos de la Riva

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No era el tema del sínodo, pero los y las jóvenes no dejan pasar este tema de la igualdad de la mujer también en la Iglesia. Lo habían pedido a gritos en la reunión pre-sinodal de Roma («reconocemos particularmente los desafíos singulares que las mujeres jóvenes tienen que afrontar para poder discernir su vocación y su lugar en la Iglesia. Así como el “sí” de María a la llamada de Dios es fundamental para la experiencia cristiana, hoy en día, las mujeres jóvenes necesitan ese espacio para poder decir “sí” a su vocación»), y el sínodo debía hablar.

La respuesta que el Sínodo dio habla de la urgencia de un cambio ineludible a partir de una reflexión antropológica y teológica sobre la reciprocidad entre hombres y mujeres (nº 55), habla de una obra valerosa de conversión cultural y de cambios en la práctica pastoral cotidiana; habla de presencia femenina en todos los niveles de los órganos eclesiales, incluidos los cargos de responsabilidad; habla de un deber de justicia inspirado en Jesús y en la importancia de la mujer en la historia de la salvación y la vida de la Iglesia.

Nos sumamos desde RPJ con un número destinado a una pastoral juvenil en clave de igualdad, capaz de ofrecer a las nuevas generaciones lo bueno de la teología feminista, las bases de una educación para el compromiso por la justicia y la equidad entre los géneros, las pistas para una eclesiología de vanguardia que apueste por la corresponsabilidad eficiente de la mujer en la Iglesia. Quienes hacemos cada día pastoral con jóvenes sabemos que este tema se ha hecho prioridad y que la Iglesia lleva mala fama por la lentitud y la ambigüedad del abordaje de este tema.

Debemos, pues, apostar con valentía por un feminismo cristiano y católico que discierna y reflexione con capacidad de diálogo y de utopía las muchas caras que la desigualdad de género está presentando hoy en el mundo y en la Iglesia. Un feminismo vinculado a Jesús, que pueda, desde la clave cristiana del amor y el servicio, aportar luz también para todos los temas a debate, para que encuentren una radicalidad específica evangélica, aunque eso suponga cuestionar también al propio feminismo desde dentro en las concreciones que lo alejen de este ideal, pero que también lo empujen con el viento del Espíritu a impregnar la humanidad y la Iglesia de la sabiduría de la que el machismo patriarcal la ha privado.

CREDO DE LA MUJER

Creo en Dios, creador del mundo y todo lo que existe, que creó a la mujer y al hombre a su imagen y semejanza , que creó el mundo y encomendó a los dos sexos el cuidado de la tierra.

Creo en Jesús, hijo de Dios, elegido de Dios, nacido de una mujer, que escuchaba a las mujeres y las apreciaba, que moraba en sus casas y hablaba con ellas sobre el Reino, que tenía mujeres discípulas que lo seguían y lo ayudaban con sus bienes.

Creo en Jesús, que habló de teología con una mujer junto al pozo, y le confió por primera vez que él era el Mesías, que la alentó a que fuera a la ciudad y contara las grandes nuevas — la primera predicadora de las buenas nuevas.

Creo en Jesús : sobre quien una mujer derramó perfume y ungió el ungido de Dios en casa de Simón, que reprendió a los hombre invitados que la criticaban; que curó a una mujer en sábado y le restableció la salud, porque era un ser humano.

Creo en Jesús, que comparó a Dios con una mujer que buscaba una moneda perdida, con una mujer que barría buscando su moneda.

Creo en Jesús que consideraba el embarazo y el nacimiento una metáfora de transformación, un nuevo nacer de la angustia al gozo.

Que fue traicionado, crucificado y abandonado, y murió para traer vida en plenitud a todos los seres vivos

Creo en Jesús resucitado, que se apareció primero a las mujeres juntas con María Magdalena, la primera apóstol, y las envió a transmitir el asombroso mensaje; «Id y contad…  ».

Creo en la universalidad del Salvador, en quien no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, porque todos somos uno en Cristo Jesús.

Creo en el Espíritu Santo, que se mueve sobre las aguas de la creación y sobre la tierra.
Creo en el Espíritu Santo, el espíritu santificador de Dios, quien nos convoca y nos congrega y al igual que la gallina nos cubre con sus alas.

Judith VanOsdol-Hansen

 

Debemos, pues, apostar con valentía por un feminismo cristiano y católico que discierna y reflexione con capacidad de diálogo y de utopía.

La portada de RPJ de marzo nos hace pensar sobre el papel real

de la mujer en la Iglesia.

La mujer está representada en esta imagen por un gran iceberg, en medio de un mar que es la Iglesia y

que solo deja ver una mínima parte.

Es Jesús quien, en una sociedad donde la mujer no pintaba nada, le da un papel protagonista, le hace

cómplice, confidente, discípula de su vida y de su mensaje.

Es Dios quien hace a los seres humanos a su imagen y semejanza.

¿En qué momento miramos para otro lado? ¿En qué momento la Iglesia ha dejado de ver a la mujer?

Mucho por hacer, mucho por descubrir.

Redescubrir el papel de la mujer en la Iglesia es el reto,

¡No tengáis miedo!

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