Editorial 508: Los nuevos lenguaje son experiencias – Carles Such

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Y las experiencias, experiencias son.
No es un tema nuevo, ni siquiera actual, pues la actualidad siempre supera nuestras atenciones. Cuando llegamos a responder a una realidad ‘actual’, esta ya ha avanzado la distancia suficiente como para tener que ir preparando una nueva respuesta. Y así ocurre también (o sobre todo) en la pastoral juvenil. No es tan importante ‘estar a la última’ cuanto avanzar respondiendo a la penúltima, y así haciendo camino sin detenernos.
El tema del lenguaje y de los lenguajes, es un ámbito siempre candente, pues cada generación se vive desde unas claves interpretativas peculiares, unos medios específicos y unas formas concretas contemporáneas. En pastoral juvenil siempre hemos de ir detrás de lo que acontece pero con la vista puesta en lo que ha de venir, para que las respuestas no se vuelvan obsoletas y el camino transitado acabe dejando insatisfecho a quienes lo recorren. Hemos de asumir que la pastoral de la Iglesia siempre responde a una realidad terminal, por eso es minoritaria, y la característica fundamental es estar en movimiento, acompañando las realidades del hombre y la mujer de hoy. Pensar en ser la vanguardia es no solo una utopía, sino una estupidez nada evangélica. Los últimos y lo último será nuestro campo de acción prioritaria, aunque algunos avancen con los que van en cabeza. Por eso abrimos una vez más la puerta al lenguaje en la pastoral con jóvenes.
Con esta reflexión quiero introducir este tema que desarrolla este mes la RPJ. Pretendemos dar una respuesta posible para acercar a Jesús y su evangelio a tantos jóvenes que son incapaces de escuchar las invitaciones eclesiales de hace décadas. El mismo papa Francisco, en la Evangelii Gaudium, lo afirma con rotundidad: “A los adultos nos cuesta escucharlos con paciencia, comprender sus inquietudes o sus reclamos, y aprender a hablarles en el lenguaje que ellos comprenden” (106). La lástima es que no explicita ese ‘lenguaje que ellos comprenden’ cuál es, aunque toda la exhortación está impregnada de una categoría evangelizadora: la experiencia personal, el propio testimonio. Quizá no lo expresa de manera taxativa pero lo despliega en muchos números de su propuesta evangelizadora para hoy. Y este lenguaje lo puede ‘hablar’ cualquiera que se lo quiera proponer, pues no es tanto cuestión de estudio cuanto de vida.
Sorprenderá que hablando de ‘lenguaje’ la primera reflexión de este número de Juan Martín Velasco se titule ‘Mística y pastoral juvenil’. No es un error, sino la traducción actual de un nuevo lenguaje que acoge y entiende el joven de hoy: la mística, la experiencia vivenciada que puede ser comunicada por contagio (Francisco habla de un ‘fervor apostólico contagioso’ para suscitar atractivo y entusiasmar vocacionalmente -107-). Vale la pena dedicarle un tiempo a su lectura para acercarnos a este nuevo (viejo) lenguaje que se entiende y se acoge con tanta receptividad. El lenguaje de la experiencia es el más cotidiano y connatural.
Igualmente Alicia Ruiz y Juan Pablo Espinosa profundizan desde dos enfoques complementarios en algunas claves del lenguaje religioso en relación con los jóvenes.
Esperamos que sea una ayuda y que provoquemos pequeños pasos pastorales que vayan incrementando el ritmo lento pero seguro de la pastoral juvenil en nuestro tiempo.

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