Editorial 506-507, Parejas peligrosas – Carles Such

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Lo nuevo y desconocido solemos catalogarlo vitalmente de peligroso. Posiblemente muchas de las realidades en las que vivimos son más inseguras y amenazantes que otras nuevas que vivimos, pero pesa más la incertidumbre, salir de la comodidad establecida (ahora se llama ‘zona de confort’) que la amenazante y estéril rutina en la que tendemos a habituarnos. También en la pastoral con jóvenes.

La Iglesia venía susurrando caminos nuevos que a casi nadie le cuestionaban, pero desde hace algunos años, hay quien vocifera desde las azoteas eclesiales y ya no podemos disimular ni pasar desapercibidos a estas llamadas contundentes. Salir al encuentro de las periferias, salir de las propias comodidades y referencias, armar lío… son algunos de los gritos que se escuchan nítidamente desde el gran minarete eclesial en Roma, tanto, que para algunos comienza a ser molesto. Ante la inmovilidad y el estancamiento, la molestia es un signo evidente del inicio de la transformación. Si molestas, algo está cambiando. Si nos molestan, algo puede estar cambiándonos. Y en pastoral con jóvenes tenemos un déficit de molestia. Por eso, siempre es agradable jugar a las parejas peligrosas, e intentar en pastoral unir términos y realidades que puedan producir, al menos, sensación de incomodidad. Juguemos.
Jóvenes e Iglesia. La primera pareja que hace temblar a mucho ‘personal eclesial’, especialmente entre los clérigos. Algunos no tienen problema porque no logran convocar ni a la esencia de los términos emparejados, pero para los que no se conforman, viven situaciones complicadas, difíciles y que requieren constancia, dedicación y creatividad. Los jóvenes son ‘rara avis’ y no abundan entre los clérigos jóvenes muchas vocaciones ‘ornitológicas’. El peligro de esta pareja está en provocar el encuentro, la relación, el acercamiento. Maneras las hay, todas las que intentemos y que no suenen a ‘remake’ engañoso. Hay trabajo, aventura, desafío.
Jóvenes y Frontera. Otro emparejamiento que apela a la cautela. Muchos de nosotros escuchamos estos dos términos unidos y nos retrotraemos 40-50 años atrás: ¡aquellos años 60 y 70! Pero hoy la realidad no concuerda con aquella partitura. La frontera es un lugar alejado de nuestras realidades vitales. Tenemos noticias y nos llega un silente aroma de la batalla que allí se libra, pero como meros espectadores de reality show. Acercar a los jóvenes a las nuevas fronteras sociales y existenciales es un riesgo que vale la pena vivir en pastoral.
Iglesia y Frontera. Este último emparejamiento habla de posibilidad. O en estos años hay una evidente deriva eclesial hacia las fronteras o la Iglesia institución quedará herida y enferma (no de muerte porque el Espíritu que la sostiene vive como rescoldo a la espera de nuevos aires que provoquen el fuego). El problema no será desaparecer, sino la responsabilidad de haber perdido a más de una generación… Tenemos un envío misionero que nos impulsa desde Jesús y al que no podemos hacer oídos sordos… ¡Y podemos! No por demagogia y oportunismo, sino por la propia fuerza del que nos llama a la misión. Parejas peligrosas, pero necesarias.
Por eso, recogemos en este número doble (y algo atrasado) de RPJ, las aportaciones de las segundas Jornadas ‘Jóvenes, Iglesia y Frontera’ (JIF), una iniciativa eclesial en red que se desarrolla en Zaragoza. Dentro tenéis las interesantes y densas aportaciones en torno a ‘las preguntas’ de los jóvenes sobre Dios y otros temas de pastoral con jóvenes.
Os deseamos hayaís pasado un feliz verano.

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