ECOS JUVENILES SOBRE EL CUERPO – Alicia Ruiz López de Soria, odn

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Un conjunto de jóvenes que comparten entre ellos ser animadores de los Grupos Lestonnac, conversa tras una sesión de reflexión en torno al cuerpo. Estos son algunos de sus ecos:

 

  1. Paso si alguien piensa que me excedo en considerar la enorme influencia que hoy tenemos los jóvenes en las construcciones sociales y culturales. Estoy convencido de que el carpe diem vital en el que nos encontramos instalados muchos jóvenes nos permite romper fácilmente con ideas del pasado y nos facilita instalar, existencialmente, modas y cambios culturales que inciden directamente en el modo de entender la condición humana.

 

¡Voy a tratar de explicarme y de aterrizar, no vaya a ser que alguien piense que esto es teoría a secas!

 

Hoy nadie piensa que somos por una parte cuerpo y por otra mente, como lo hacían los griegos. A mí me parece que en la cultura de la apariencia y en la cultura de la salud, es decir, «hoy», somos fundamentalmente cuerpo y que esto es así básicamente porque los jóvenes hemos promovido y aceptado que así sea. Considerar que somos cuerpo a veces nos esclaviza, otras veces nos produce un gran placer… En cualquier caso, muchos lo vivimos así: para los demás somos, al menos en un primer momento, cuerpo.

 

  1. Por lo general, tenemos difícil acceso a mensajes acertados sobre el valor del cuerpo, mensajes que nos convenzan, que no rocen la idolatría ni muestren visiones trasnochadas. Nos gustaría, por ejemplo, que nos enseñasen a considerar en su justa medida el papel del cuerpo en la comunicación no verbal. ¿Solo los cuerpos bellos transmiten emociones positivas? ¿Qué es un cuerpo bello, aquél que tiene las proporciones exactas según el mundo de la moda? ¿Qué sensaciones produce en nosotros y en el otro un cuerpo deformado? Entre los propios jóvenes es difícil hablar en serio y con profundidad sobre el cuerpo pues surgen rápidamente chistes fáciles o bromas para evitar que se toque con crudeza en la conversación algún aspecto corporal del que no nos sintamos especialmente orgullosos.
  2. ¿Se cree que la religión católica condena los placeres sexuales? Hay gente que piensa así, jóvenes y no jóvenes; todo depende de con qué personas de Iglesia te hayas cruzado, de las experiencias, de lo que te hayan transmitido… A mí, ser cristiano y vivir mi fe, no me impide tener una vida sexual placentera.
  3. En la adolescencia y la juventud se tiene especialmente agudizada la sensibilidad para percibir el tono moralizante de los mensajes que algunos padres y educadores lanzan sobre el cuerpo; otros padres y otros educadores nos devuelven una permisividad total ante el uso que hagamos de nuestro cuerpo. En ambos casos, no nos queda más remedio que descubrir las cosas por nosotros mismos.
  4. «En este momento, en el lugar preciso que usted se encuentra, hay una casa que lleva su nombre. Usted es su único propietario, pero hace mucho tiempo que ha perdido las llaves. Por eso permanece fuera y no conoce más que la fachada. No vive en ella. Esa casa, albergue de sus recuerdos olvidados y rechazados, es su cuerpo [¡la casa que tú no habitas!]» (T. Bertherat) ¿Nos quedamos solo en la fachada? ¡Puede que sí! Puede que silenciemos o desoigamos las voces internas de nuestro cuerpo.
  5. Si los jóvenes actuales pudiéramos expresar por un lado la opción por el trabajo y por otro lado la opción por el descanso, se revelaría que un gran número daríamos la espalda tanto al heroísmo de la fatiga (esos trabajadores incansables, perfiles de personas exitosas en el trabajo y fracasadas en la vida personal) como a la desmotivación y la pereza para hacer cosas. Muchos jóvenes personalizaríamos un sano equilibrio entre tiempos de compromiso laboral y ocio. Pero, por desgracia, ¡no podemos expresarnos así porque muchos estamos desempleados! Si una gran mayoría tuviéramos empleo se percibiría mejor el énfasis por mantenernos en forma y tener un cuerpo bonito dentro de un conjunto de valores más amplio.
  6. La cultura dominante utiliza la sexualidad erótica como promoción consumista. Constantemente nos están diciendo: «Si no tienes un cuerpo erótico no atraes». ¡Y todos queremos sentir alguna vez que atraemos! ¡Hay un gran placer en ello! Conclusión: sin casi darnos cuenta, nuestros cuerpos forman parte de un engranaje consumista.
  7. ¿«Tenemos un cuerpo» o «somos un cuerpo»? Es decir, ¿el cuerpo solo como una estructura que nos acoge, marca nuestros límites y nos permite relacionarnos con los demás… o el cuerpo como componente importante de nuestra identidad?

Hoy no se piensa que el cuerpo es la prisión del alma… ¡vaya chorrada! Eso parece de tiempos remotos, aunque quizá, a quien el cuerpo no le responda lo llegue a pensar, por ejemplo, un tetrapléjico. Quizá un tetrapléjico se incline a responder la pregunta diciendo que «tenemos un cuerpo».

 

 

  1. El cuerpo humano se ha convertido en un campo de expresión de la libertad humana; de hecho, es muy frecuente oír «mi cuerpo es mío y hago con él lo que quiero». Sin embargo, yo pienso que el cuerpo humano no es un simple objeto como para poder ser poseído.
  2. El cuerpo humano refleja la huella de la vida, los años que pasan; además de por tatuajes, se va encontrando marcado por unas imborrables señales de limitación, deficiencia y fragilidad… ¡Vaya rostros y cuerpos los de nuestros abuelos! Quizás hoy nos estemos pasando intentando no asumir esta realidad probando todo lo habido y por haber, me refiero a cirugías estéticas de todo tipo.

 

  1. Los cristianos consideramos que Jesús de Nazaret fue/es el Hijo de Dios, es decir, creemos en la «entrada corporal» de Dios en la trama de la historia humana. Dios se hizo visible en un ser humano. Este punto es fundamental para nuestra ética. ¡El cristiano no puede más que mirar bien todo lo relacionado con el cuidado del cuerpo!

 

  1. En la formación que hemos recibido nos han dicho que en la antropología bíblica resulta completamente inconcebible el hecho de imaginar y de pensar la vida humana sin el cuerpo o al margen del cuerpo. En Israel, tanto en la relación con el mundo del más acá como en el mundo del más allá, el cuerpo era un elemento fundamental e in–eliminable del ser humano como tal. ¡A mí esto me sobrepasa! ¡No sé cómo interpretarlo! Eso de la resurrección de la carne… ¡no sé!

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