Domingo Ramos B, Cada personaje me señala, sólo Jesús me guía – Juan Carlos de la Riva

Hoy toca aclamar a Jesús, y la gente agita los ramos para vitorearlo

Pero pasados unos días estarán (estaremos?) gritando que lo crucifiquen.

¡Cómo somos los humanos!

Soy profe, y a los niños y niñas les sienta fatal esto de que maten a una persona tan buena. No es fácil explicarles que a los malos les molestan los buenos porque los descubren malos.

Y a los adolescentes y jóvenes, con los que también disfruto, les pega duro esto de que los amigos lo traicionen y los animosos del inicio lo dejen solo cuando se pone fea la cosa. Algún joven me dice que normal, que igual se los cargaban también a ellos. Otros reponen que aún así, la amistad es la amistad…

El caso es que el cómo situarse ante Jesús es una pregunta fundamental. Y lo es porque me afecta directamente, me interpela a mí y a mis decisiones. Estar con él es compartir misión y destino con él. No hacerlo es dejar que otros lo maten. O lo ingresen en un psiquiátrico, como decía ayer un padre de familia que podría pasar si hoy volviera este buen hombre.

Hoy en misa se “representará” la pasión. Hay muchos personajes en esta historia tan representada. Y estaremos ahí escuchando. La invitación es a no ser espectador, a no quedarnos como viendo La Pasión de Mel Gibson, por mucho que nos impacte y acongoje.

La invitación es a pensar qué papel tengo yo en esa pasión, cómo me interpela su mirada, su perdón desde la cruz, si me ofrezco voluntario a ser el Cirineo que lo ayude a que haya menos pobres en el barrio, o soy el soldado que colaboro con el sistema, porque es lo que toca hacer, y esto no hay quien lo cambie. Puedo ser también un Judas que se decepciona o se quema, que encuentra justificaciones para no seguirle y para romper esa amistad. O Pedro que por miedo y no entender bien lo de bajar para subir, niega y niega y niega. Y llora cuando recuerda que ya su amigo sabía que esa negación llegaría. O puedo ser apóstol dormido en mis laureles personales. O también Juan, o María, o María, o María, todas las Marías que hicieron de su presencia lacrimosa al pie de la cruz, consuelo para el bueno martirizado.

Seguro que tendré un poco de cada uno. ¡Cómo somos los humanos!

Por eso necesito que tome la iniciativa él, que me llame por mi nombre cuando vuelva de la muerte, que me enseñe sus heridas para tumbar mi mar de dudas y miedos, que me cuente la historia de la vida de nuevo, y que me parta el pan con sus palabras reconocidas. Que sea él el que no me deje ser personaje de pasión, sino seguidor de la vida.

Atraeré a todos hacia mí, terminaba el texto del domingo pasado. Vale Jesús, pues eso, toma la iniciativa de arrastrarnos hacia ti, de apasionarnos con tu pasión, de aprenderla de memoria para que cuando la tengamos delante en el niño pobre o en la muerte amiga, podamos atravesarla contigo, así, sin explicarla, sólo pasándola como un túnel necesario hasta la vida.

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