Domingo 5ºB ¡Cuántas cosas en un día! – Juan Carlos de la Riva

Hoy me sale hacerme muchas preguntas a partir de este trocito de Evangelio. A ver qué sale.

Lo primero que me pregunto es si mi jornada habitual se parece a la de Jesús, porque… ¡cuántas cosas hizo en un día!: está en la sinagoga, va a casa de Simón y cura a su suegra, cura a muchos enfermos y expulsa a muchos demonios, duerme poquito, se levanta a rezar en soledad, y se pone en camino hacia otros lados para predicar y expulsar demonios. ¿Se parece algo a nuestra jornada habitual?

Me viene a la mente aquella frase de autor anónimo que corre por ahí: “Me levanté y vi que tenía tantas cosas que hacer… que tuve que ponerme a rezar. Me surge entonces otra pregunta: ¿de dónde saco yo la gasolina para mis motores? ¿Me doy cuenta de lo importante de esos ratos en el descampado, a solas con Dios, para poder vivir bienaventuradamente el resto del día?

También me llama la atención la suegra de Simón Pedro: en cuanto se siente curada, inmediatamente, se pone a servirles. Uno puede explicar esto como un agradecimiento, lo cual ya estaría genial. Pero… y si aquí se está estableciendo una conexión entre estar sano y servir, y estar enfermo y no servir? En este caso la pregunta sería estoy sano o enfermo?

Otro tema, el de los demás enfermos y endemoniados. Multitud de gente enferma o endemoniada. Ya, ya sé que endemoniado en aquél tiempo servía para explicar muchas enfermedades y dolencias psiquiátricas. Razón de más para preguntarnos ¿Estamos así, enfermos y endemoniados? ¿Sólo ahora en tiempo de pandemia? ¿Qué otras enfermedades presentan las gentes además del Covid? Recuerdo la frase del Papa Francisco en aquélla plaza de San Pedro: “Pensábamos que vivíamos sanos en un mundo enfermo”

¿Y qué demonios tenemos por ahí? Hoy la Unión Africana ha denunciado el acaparamiento de vacunas por parte de Europa… Ay, que eso me suena muy feo, inmundo, como el demonio del domingo pasado… ¿No os parece?

No les permitía hablar a los demonios… ¿a quién tendríamos que intentar callar? ¿voces internas? ¿voces externas?

Todo el mundo te busca. Vaya cambio. Hoy poca gente busca a Jesús: pocos jóvenes se apuntan a confirmarse, poca gente sigue fiel a la misa, o a la lectura del Evangelio o a la oración.. Jesús, no interesas. ¿Por qué? ¿Nos curamos en otros médicos, nos desendemoniamos con otros métodos? ¿Cuáles? ¿Sí sirven? ¿Más que Jesús?

Y sobre esto, ¿cómo podríamos despertar en la gente que nos rodea el deseo de buscar a Jesús como aquella gente? ¿Cómo hacer ver que poner a Jesús en tu vida sí sirve para vivir mejor? La fe tiene que servir a la vida, y hoy día parece que la gente no hace esa conexión. ¿Será que queremos adoctrinar más que testimoniar lo bien que nos va con Jesús?

¿Por qué se va a otra parte, cuando en aquel pueblo le busca todo el mundo? ¿De qué huye? El otro día le leí al teólogo Pedro Trigo decir que Jesús no quiso ser buscado, no quiso ser un Santuario donde la gente viniera a que le hicieran un milagrito. Jesús sale a buscar a la gente. No quiere quedarse en la iglesia tocando la campana a ver quién viene, sino que sale al encuentro del que sufre, del que no tiene, del que grita. Pareciera que ahí comenzó la “iglesia en salida” de la que habla Francisco…

¿Y por qué esa prisa por recorrer Galilea? Seguro que el sufrimiento de la gente le urge a Jesús a hacer algo, iniciar un proceso de vida y fraternidad.

Además utiliza una doble estrategia: Predicar y liberar, palabra y acción unidas. Nos equivocamos cuando sólo predicamos, metemos el rollo a la gente… Pero también nos equivocamos si a nuestras buenas obras de liberación no les añadimos una cierta explicación, una palabra que la explique y proponga a los demás, una palabra que diga desde dónde y por qué trabajamos en la liberación, una palabra que haga pensar a la gente, y quizá así le lleve a Dios. Jesús contaba que esa liberación era la irrupción de Dios mismo en la historia, con su corazón lleno de misericordia y de ternura. ¿No nos pasa que nos quedamos a veces en el voluntariado y la acción, y nos cuesta regalar a pobres y a mirones esta grandísima noticia de que estamos inaugurando el Reino de Dios?

Bueno, lo dejo aquí. Con esto tenemos ya para pensar un rato, ¿no os parece?

Lectura del evangelio

según san Marcos (1,29-39):

En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar.

Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca.»

Él les respondió: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.»
Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

 

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