Domingo 5ºB Dios es mano tendida – Iñaki Otano

Esta escena, en la que Jesús coge de la mano y levanta a la enferma y, a su vez, la persona curada se pone a servirles, es la imagen viva de la relación de Dios y nosotros.

En primer lugar, Dios, que se revela en Jesús, es una mano tendida, que no quiere que nos hundamos sino darnos consuelo y alivio.

            Su cercanía a la suegra de Simón expresa su cercanía a los que sufren de cualquier mal, físico o moral. Es una cercanía que se hace curación del mal más profundo de la desesperación cuando la persona está abrumada por el sufrimiento o la desgracia.

            Lo que Jesús nos dice, acercándose y curando a la persona, es que siente como propios los dolores de los demás.

 

            Pero no es un simple espectador benévolo: curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios.

            Quisiéramos que Jesús ejerciese ese poder con nosotros y nos curase de nuestros males. Decimos o pensamos a veces: “Si tienes tanto poder para sanar, ¿por qué no nos echas una mano en esta situación y por qué no eliminas de golpe nuestro sufrimiento?”

            Jesús parece no responder a esta clase de desafíos, ni tan siquiera cuando, como en la cruz, su propia vida y su credibilidad están implicadas. Nuestra fe no nos ahorra las consecuencias de nuestra condición humana.

            Las curaciones son un signo de nuestro destino a ser liberados de este sufrimiento que ahora nos abruma. Por tanto, una fuerte invitación a no perder el sentido de la vida aun en medio del sufrimiento.

            Esto no es teoría: muchos a los que se va a consolar, se convierten ellos mismos en consoladores.

 

La suegra de Simón curada se puso a servirles. Ha recibido el don de la salud y la pone al servicio de los demás.

            He aquí un signo de que ha sido verdaderamente curada. Para nosotros, el signo de la curación es que, en lugar de encerrarnos en nosotros mismos y de estar siempre lamentándonos, nos ponemos a servir.

 

 

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos malos y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.

            Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: “Todo el mundo te busca”. Él les respondió: “Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido”. Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios. (Mc 1,29-39)

 

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