Domingo 33, Cristo Rey, Jesús mismo devuelto en caliente fuera de nuestras fronteras – Juan Carlos de la Riva

Seguramente no soy el único al que le gustaría que cambiasen de nombre esta fiesta. Los lenguajes religiosos no siempre dicen lo mismo a las diferentes épocas. Y hay veces en que para algún público ni siquiera dice algo. Es quizá lo que ocurre con la expresión Cristo, Rey del universo. No son buenos tiempos, en nuestro contexto y momento, para la monarquía.

Ciertamente podemos explicar que para un judío quizá sí, pues les recordaba su época gloriosa de David, y Salomón, los momentos de mayor esplendor del reino recién pacificado. Pero poco duró aquel tiempo, y también los judíos pudieron contar muchos más reyes malos que buenos.  Quizá por eso quedó ahí el deseo del Rey bueno, del gobernante sabio… ¿Es de eso de lo que va nuestro texto de hoy? Pienso que tampoco.

De David recordamos su humildad, y el hecho de que era pastor. Pero también su pecado. De Salomón su sabidoría y su capacidad de juzgar. El texto de hoy junta al pastor y al juez en un texto precioso que concreta lo que ya Ezequiel anunciaba en su profecía:  que el pastor nos buscaría, y nos juzgaría. “Y a vosotras, mis ovejas, así dice el Señor: Voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrio»

Seguramente la primera parte nos suena muy bien: que nos busquen y nos lleven al redil, que nos quieran y nos perdonen, que nos den otra oportunidad.

Pero en lo segundo se nos habla de cuando no somos oveja, y nos portarnos más bien como cabras.

Las ovejas son comunitarias. Las cabras van sueltas.

Las ovejas no son violentas. Las cabras embisten.

Las ovejas escuchan la voz del amo y obedecen. Las cabras parecen más bien loquitas, y nos ha quedado en el argot popular lo de estar más loco que una de ellas…

¿Por qué preferimos ser cabras a ser ovejas? ¿Por qué preferimos que nadie nos juzgue? ¿Por qué ir a nuestro aire sin escuchar ni obedecer? ¿Por qué nos parece que Dios violenta nuestra autonomía y nos quita libertad? ¿Qué da más libertad? Ser libre de o tener libertad para. Esta distinción es muy sencilla pero muy útil.

El adolescente quiere tener libertad de, sobre todo de sus padres, del cole, de cualquier atadura y horario… y forcejea para escaparse. El adulto quiere tener libertad para, porque tiene un proyecto que cumplir, una misión que desarrollar, algo que hacer en la vida.

Y cuando uno tiene un porqué, es capaz de atarse a cualquier cosa que me lleve a tal fin, y lo que al joven le parecen cadenas, al maduro le parecen libertades.

En el Evangelio de hoy se nos invita a una liberación plena y total: salir hacia el otro, olvidarse de uno mismo, como máxima libertad. Liberarme de mis apetitos egoístas, de mi pensar primero en mi y solo en mí, y lanzarme a socorrer a quien me necesita.

Los que tenemos ya una edad recordamos las siete obras de misericordia corporales y las espirituales. Todo un manual de ser persona en salida hacia el otro, en un proyecto de amor. Porque la libertad no se conquista, aparece sola cuando se ama, es decir cuando se busca la libertad del otro.

Hemos pasado una semana dura donde hemos visto que frente a la presión migratoria cerramos las puertas, y a Jesús se le expulsa del país en caliente avalados por el tribunal constitucional.  Leo un párrafo de monseñor Agrelo, que fuera arzobispo de Tánger.

“Sabía que mi mundo era una fábrica de pobres. Pero me quedaba la esperanza de que terminaríamos por verlo, por reconocerlo, y suponía que, mientras esa hora no llegase, haríamos algo por remediar el mal causado, aunque sólo fuese esa mísera limosna de no cerrar el camino a los que huyen del infierno.

Esa esperanza está condenada. Los jueces del llamado Alto Tribunal la han llevado al corredor de la muerte.

Lo han hecho sin pestañear, pues lo suyo no es la esperanza sino la Constitución; lo suyo no son los pobres sino la ley; lo suyo no es la justicia sino la legalidad; lo suyo no son las heridas de hombres, mujeres y niños atropellados por nuestro bienestar, sino la justificación de quienes los hemos atropellado”

¿Se pueden cerrar las fronteras y ser cristiano al mismo tiempo? Recordemos las 14 obras de misericordia y meditemos.

Lectura de la profecía de Ezequiel (34,11-12.15-17):

Así dice el Señor Dios: «Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro. Como sigue el pastor el rastro de su rebaño, cuando las ovejas se le dispersan, así seguiré yo el rastro de mis ovejas y las libraré, sacándolas de todos los lugares por donde se desperdigaron un día de oscuridad y nubarrones. Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear –oráculo del Señor Dios–. Buscaré las ovejas perdidas, recogeré a las descarriadas; vendaré a las heridas; curaré a las enfermas: a las gordas y fuertes las guardaré y las apacentaré como es debido. Y a vosotras, mis ovejas, así dice el Señor: Voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrio.»

Lectura del santo evangelio según san Mateo (25,31-46)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas, de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: «Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.» Entonces los justos le contestarán: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?» Y el rey les dirá: «Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.» Y entonces dirá a los de su izquierda: «Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis. Entonces también éstos contestarán: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistirnos?» Y él replicará: «Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo.» Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»

Palabra del Señor

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