Domingo 29 CICLO A A favor del Creador – Iñaki Otano

Como respuesta a la trampa que quieren tenderle los fariseos, Jesús empieza pidiéndoles que le enseñen una moneda. Las monedas eran un signo insultante del poder extranjero: en ellas aparecía la imagen del César romano, el extranjero invasor, con una inscripción que para los judíos era una provocación y una blasfemia. La inscripción decía: “Tiberio César Augusto, hijo del divino Augusto”. O bien: “Emperador Tiberio, hijo adorable del Dios adorable”. Se decía así claramente que el César era Dios. Por eso, algunos judíos no querían ni siquiera tocar públicamente esa moneda.

            Entonces, cuando Jesús les pide que le enseñen una moneda, no tienen más remedio que enseñársela. Con eso, tienen que admitir que la llevan consigo a pesar de su repugnancia. Con la moneda de los fariseos en la mano, Jesús responde que para él lo importante es que la persona reconozca a Dios como único Señor. El César no es Dios, es solo César: a cada uno lo suyo.          

No hay contradicción en obedecer a Dios y al mismo tiempo, precisamente por exigencia de esa obediencia, respetar y hacer progresar las medidas y las leyes que hagan la vida más humana.

            Los proyectos humanos, si se hacen de espaldas al Creador, se pueden volver en contra del ser humano. Por ejemplo, de estar con el Creador o no depende que la ciencia sirva para progresar en la curación de muchos males o sirva para manipular a las personas.

Estar con el Creador puede suponer ayudar a las personas con el progreso a salir de la esclavitud de unos trabajos inhumanos. En cambio, olvidar al Creador puede llevar a fabricar armas destructivas, de una perfección técnica extraordinaria, pero que hacen un daño terrible a la humanidad.

De estar a favor o en contra del Creador puede depender que el desarrollo industrial sirva para sacar de la miseria a muchos seres humanos o bien produzca males irreparables como la contaminación, el deterioro de la naturaleza, conflictos sociales y de convivencia, problemas del consumismo y del enriquecimiento incontrolado, etc.

Cada uno de nosotros se encuentra todos los días con la posibilidad de hacer las cosas conforme al querer de Dios o contra él; a favor o en contra de la justicia, el amor, la verdad y la paz. Eso es para nosotros dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Ser lo más competente posible en mis trabajos y responsabilidades, y que eso sirva para el bien.

 

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