Domingo 29 B, De ambicioso a generoso – Iñaki Otano

Los expertos en educación dicen que cuando un chico o una chica  piensa que sus padres no confían en él o en ella, pierde las ganas de mejorar y empeora su rendimiento escolar. También los adultos estamos más inclinados a hacer un sacrificio generoso cuando vemos que alguien cree en nuestra capacidad y, sobre todo, en nuestra buena disposición.

Jesús nos dice que cree en nosotros, en nuestras posibilidades de superación, de corregir sobre la marcha un movimiento mal iniciado o imperfectamente orientado. Es el caso de Santiago y Juan en este evangelio. Piensan en un reino material y piden un puesto importante para dominar sobre los demás: en su deseo de seguir a Jesús se han mezclado motivaciones nobles y  menos nobles, como la de situarse por encima de todos.

Cuando esta ambición aparece a la luz, se descubre que no eran los únicos en cultivarla: los otros diez se indignan porque también ellos habían acariciado los mismos sentimientos de sobresalir, de ser importantes a costa de los demás… Dentro de nosotros conviven la grandeza y la miseria, la generosidad y la mezquindad.

Y en esta ambivalencia que existe en nosotros, Jesús cree que es posible progresar por la vía de la generosidad. Por eso, no se limita a censurar el aspecto negativo de las ambiciones de Santiago, Juan y todos sus compañeros, sino que les ofrece la oportunidad de un cambio de rumbo. Así, las energías que querían emplear en obtener poder y beneficios para sí mismos se emplearán en un objetivo que persigue el bien de los otros.

Esa es la pedagogía de Jesús: a aquellos apóstoles, todavía dominados por el egoísmo, les hace creer en su posibilidad de cambio y les estimula a servir. No están fatalmente predestinados a seguir siendo egoístas. Pueden cambiar: el que quiera ser grande sea vuestro servidor.

Es posible tomar el servicio como compromiso en la propia vida, aunque a veces habrá que corregir motivaciones y objetivos. Lo importante es mantener viva la actitud sin desalentarse por las propias incongruencias y desviaciones del camino. Jesús sigue confiando en nosotros.

 

En aquel tiempo se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: “Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir”. Les preguntó: “¿Qué queréis que haga por vosotros?”. Contestaron: “Concédenos sentarnos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda”. Jesús replicó: “No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el Bautismo con que yo me voy a bautizar?”.

Contestaron: “Lo somos”. Jesús les dijo: “El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el Bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo: está ya reservado”.

Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús reuniéndolos les dijo: “Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos”. (Mc 10, 33-45)

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