DOMINGO 25A Amistad social – Juan Carlos de la Riva

Hoy me ha llegado un meme al teléfono que decía “Enseña a tus hijos e hijas a seguir a Jesús o el mundo les enseñará a no seguirlo”. Creo que esta frase pega para el evangelio de hoy. Vamos a fijarnos en lo que enseña Jesús y es escándalo para el mundo, o sea el sentir popular, lo que enseñan las gentes que salen por la tele, los comentarios de terraza…

En el evangelio se describe una situación muy dura que seguro le tocó vivir a Jesús en muchas ocasiones: hombres sentados en la plaza del pueblo a la espera de que en la mañana alguien los contrate. Primero los fuertes, o los amigos. Luego los menos fuertes y los menos amigos. Al final, los débiles, los descartados. Qué fuerte expresión esta de “descartados”, cuando las personas se convierten en cartas de baraja que interesan o no según mi beneficio.

El Evangelio es claro: no importa que hayas llegado el último, recibes lo que a todos; no importa lo que hayas trabajado, la misericordia de nuestro jefe es sorprendente y provocadora, y además es una invitación a ser igual de misericordiosos…

Citando a la televisión, y más en concreto refiriéndome a lo que he visto hoy… pues la verdad, poca misericordia. Al presidente le quieren culpar de mala gestión de la crisis, los profesionales de la docencia piden más medidas para crear ambientes seguros en la escuela, sin mirar lo que cuesten ni de donde haya de salir el dinero, y que si no las hay, pues huelga; los hosteleros y muchos otros gremios, pidiendo ayudas, con el mismo criterio de “lo justo”. Si cambio de cadena y pongo alguna tertulia, pues repaso a todos los deslices de la gente, con bastante poca misericordia, con tal de que haya carnaza para la audiencia.

Y en el telediario, alguna alusión al azote de la pandemia en India o en América Latina, pero sin que a nadie se le oiga decir… oye, ¿necesitarán nuestra ayuda? Siempre los necesitados somos nosotros. Victimismo se llama eso.

También los fariseos necesitaron de repente más sueldo a pesar de que estaban más que pagados. Si hay que hacerse la víctima o el agraviado, salimos voluntarios en seguida. En cambio, para practicar la misericordia… ahí no salimos tan rápido.

Y misericordia sería preguntarse si los del incendio de Lesbos necesitarían también una ayuda, o los de la explosión de Líbano. Misericordia sería preguntarse si cuando salga la vacuna será accesible a todo el mundo, poniendo una especie de bote los que sí tenemos el salario completo… Misericordia sería dejar de poner palos en las ruedas cuando las decisiones son difíciles, y buscar juntos soluciones, porque la gente necesita políticas. Misericordia sería olvidar un poco mis derechos (normalmente fruto de un histórico de bienestares) y repasar la lista de mis deberes para con el hermano que tuvo menos suerte.

Me he tenido que ir a internet y rebuscar un poco más, y sí, he encontrado misericordia. O copio algunos titulares:

«En la era post-coronavirus debemos empezar de nuevo desde la ética» Helen Alford, la monja economista que lucha por el bien común en el think-tank del Papa. la dominica piensa que no se puede profundizar en el bien común si no se escuchan las ideas que vienen ‘desde abajo’. Por ello celebra iniciativas como el encuentro ‘La Economía de Francisco’, en el que este noviembre participará. Un streaming mundial que reunirá a veteranos expertos en economía con jóvenes menores de 30 años iniciados en los mismos temas.

Mary’s Meals Charity Run es la carrera de beneficencia del 19 de septiembre para asegurar una comida a niños de diversos países. Tras el extraordinario éxito del año pasado, que hizo entrar dinero en las arcas de los organizadores para la compra de 43.000 comidas, la iniciativa se repetirá el próximo 19 de septiembre en Tatranská Lomnica.

Y por tercer y último titular, los primeros ecos de lo que será la nueva encíclica de Francisco, “Tutti Fratelli”, Por ahora, apenas sabíamos su nombre: ‘Fratelli tutti’. Así, en italiano, para aludir, de nuevo, a una frase textual de Francisco de Asís. Pero los pocos que ya han tenido la fortuna de poder leerla aseguran que no será una encíclica más, sino que se trata de un texto fundamental en este pontificado. Primero, porque recoge lo más característico del pensamiento social del Papa. Y, segundo, porque, al hacerlo, la encíclica permitirá conocer y entender a fondo a Francisco. Y es que, según nuestras fuentes, el texto se nuclea en torno a una categoría especialmente querida para Bergoglio, desde su época de arzobispo de Buenos Aires, la de “amistad social”.

Quedémonos con esta última expresión, “amistad social”. Qué bien les habría venido a los fariseos ser amigos de los últimos. Qué bien le habría venido al terrateniente ser amigo de todos y no haber descartado a nadie.

Rectifico lo que dije sobre la tele: en aquél programa de «El jefe infiltrado», un reality en el que el jefe, disfrazado, entraba en contacto con sus empleados para captar sus debilidades. El final era la entrevista de valoración, y entonces el guión dictaba que había que empezar dándole un tremendo repaso de todo lo malo visto en la trabajadora o trabajador, hasta el punto de hacerle llorar y sentir que merecía un despido. Sin embargo el guión daba un giro, y en lugar de un despido, el jefe le daba un premio de unos miles de euros y unas palabras de confianza, de segunda oportunidad. Alguien pensó que un final feliz así sería un gran cebo de audiencias. ¡Lástima que en la vida real los guiones no tengan estos finales felices, y el débil quede simplemente descartado!

 

Lectura del Santo Evangelio Según San Mateo (20,1-16):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: «Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido.» Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: «¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?» Le respondieron: «Nadie nos ha contratado.» Él les dijo: «Id también vosotros a mi viña.» Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: «Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.» Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: «Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.» Él replicó a uno de ellos: «Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?» Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.»

Palabra del Señor

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