Domingo 22 del tiempo ordinario – IÑAKI OTAÑO

El puesto en el banquete

Iñaki Otaño

Domingo 22 del tiempo ordinario

Entró Jesús un sábado en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso este ejemplo:

“Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro, y te dirá: ‘Cédele el puesto a este’. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: ‘Amigo, sube más arriba’. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido.”.

Y dijo al que lo había invitado: “Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos ni a tus hermanos ni a tus parientes ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos”. (Lc 14,1. 7-14)

      Asistimos a veces, entre asombrados y divertidos, a rifirrafes por motivos ridículos de los considerados mandamases: el puesto principal en una procesión, en una inauguración, en una fiesta, en un acto político o religioso. Lo que a algunos les parece una bobada, personas consideradas sesudas lo toman casi como una cuestión de vida o muerte.

El fenómeno no es nuevo. Ya en tiempo de Jesús había que poner mucho cuidado en qué lugar se le atribuía a uno en un banquete. Jesús parece ironizar sobre el asunto: yendo a por los primeros puestos, te puedes llevar un gran chasco y hacer el ridículo si te desalojan y te obligan a ceder tu sitio a otro tenido como  más importante. Para evitar la humillación de verte degradado, preséntate con pocas ínfulas, no te abras sitio a codazos y resta importancia al puesto que vayas a ocupar. Vive ante todo la alegría de haber sido invitado.

 

No eres más ni mejor por los honores que recibes. Si te elogias a ti mismo o buscas primordialmente los elogios de los demás, siempre estarás insatisfecho y quejoso de que no se te tiene suficientemente en cuenta. Despréndete de ese afán mortífero de ser enaltecido.

Todos estamos invitados al banquete, lo cual quiere decir que todos sin excepción estamos llamados a disfrutar de él. Lo malo es que, en la sociedad en que vivía Jesús, la aristocracia religiosa se consideraba elegida para ocupar los primeros puestos en detrimento de los menos acomodados, de los más ignorantes o de los pecadores. Como dice el teólogo dominico sudafricano Albert Nolan, “uno había sido predestinado a ser inferior por el destino o por voluntad de Dios”.

​Jesús reacciona firmemente contra esa mentalidad imperante. Para Dios, nadie es inferior. Toda persona, sean cuales sean sus circunstancias vitales, es hija de Dios; nadie debe arrogarse una superioridad que no tiene. Los especialmente elegidos son los pobres, lisiados, cojos y ciegos. Es decir, los excluidos por los hombres son los elegidos de Dios.

Ese mismo criterio pide Jesús a sus seguidores: acuérdate de aquellos a los que nadie tiene en cuenta, invita y sirve a los que no pueden pagarte con la misma moneda. En contra de toda apariencia, será una excelente inversión

Te interesará también…

Newsletter

Recibirás un correo con los artículos más interesantes cada mes.
Sin compromiso y gratuito, cuando quieras puedes borrar la suscripción.

últimos artículos