Domingo 19 del tiempo ordinario C – Iñaki Otano

Construir el Reino

IÑAKI OTANO

Domingo 19 del tiempo ordinario C

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No temas, pequeño rebaño; porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino. Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegos que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle, apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela: os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y si llega entrada la noche o de madrugada, y los encuentra así, dichosos ellos. Comprende que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre”. (Lc 12, 32-40)

Jesús nos dice que el Padre nos da el reino. Y en el Padrenuestro pedimos: venga a nosotros tu Reino. Es decir, el sueño de Dios se realiza en nosotros construyendo un mundo nuevo de amor, de justicia y paz. Por eso, al mismo tiempo que se nos dice que el Padre nos da el reino, se nos invita a compartir contribuyendo con nuestras personas y nuestros bienes a una sociedad más fraterna. El teólogo Joseph Ratzinger, luego Papa Benedicto XVI, afirmaba en 1972: “Lo que salva no es que uno conozca el nombre del Señor (Mt 7,21); lo que se le pide es que trate humanamente al Dios que se esconde en el hombre”.

Hay que reconocer que nos cuesta comprometernos con ese proyecto de Reino, que nos parece más bien utópico. Pero necesitamos mantener una utopía activa. El periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano (1940-2015) dice: “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”.

Se nos pide tener ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Es decir,  no dormirnos ni mirar a otra parte cuando se está construyendo el Reino. No puede haber meros espectadores o invitados de honor. El propio señor de la casa se pone a servir. Nuestro Dios se ha hecho nuestro servidor, nos hace sentar a la mesa. Pero nos sirve no para que nos convirtamos en cómodos y desentendidos señores, sino para que comprendamos que nuestro verdadero señorío, el que el Padre ha concedido al ser humano, se ejerce sirviendo.

Aquel a quien esperamos que venga, que está ya viniendo, no es un extraterrestre que aparece repentinamente, sino el Hijo del hombre, que equivale a decir: este hombre. En él aparece el ser humano vulnerable, pero también y sobre todo el ser humano solidario, compasivo, liberador, servidor de los últimos. Es, al mismo tiempo, Hijo de Dios, Dios mismo, reconociendo así que Dios es compasión y ternura sin límites, actitudes humanas profundamente divinas.

Cuando decimos que Jesús es igual a nosotros menos en el pecado, no hacemos a Jesús menos humano, sino más humano que nosotros. Cuando pecamos precisamente nos hacemos menos humanos. “Tan hombre que es Dios”, es el título de un libro del marianista argentino Javier de Aguirre.

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