Domingo 18 del tiempo ordinario C – IÑAKI OTAÑO

​Rico ante Dios

IÑAKI OTANO

Domingo 18 del tiempo ordinario C

En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: “Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia”. Él le contestó: “Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?”. Y dijo a la gente: “Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes”.

Y les propuso una parábola: “Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: ‘¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha’. Y se dijo: ‘Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: ‘Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años: túmbate, come, bebe, y date buena vida’. Pero Dios le dijo: ‘Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado ¿de quién será?’ Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios”  (Lc 12, 13-21).

Crear riqueza es un bien con tal que contribuya, además de a la realización personal,  a mejorar las condiciones de vida de los desfavorecidos, a aumentar el número y la calidad de los puestos de trabajo, a humanizar las relaciones, etc. Es negativo si solo enriquece a unos y  “descarta” a otros.

El Papa Francisco  lamenta que exista hoy  “la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil… Grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida… Hemos dado inicio a la cultura del ‘descarte’… Los excluidos no son explotados sino desechos, sobrantes”.

En una entrevista concedida a un periódico italiano en diciembre de 2013, el propio Francisco decía que algunos suponen que el crecimiento económico logra por sí solo mayor equidad e inclusión social en el mundo. “Se prometía que, cuando el vaso estuviera lleno, se desbordaría beneficiando a los pobres. En cambio, lo que realmente sucede es que, cuando está lleno, el vaso crece como arte de magia, y así nunca sale nada para los pobres”.

Con los más pobres de Paraguay, afirmó el Papa: “La fe sin solidaridad es una fe sin Cristo, sin Dios, es una fe sin hermanos… Cuando una fe no es solidaria, o es débil, o está enferma o está muerta, no es la fe de Jesús”

 

Hay que vencer la codicia tentadora con la solidaridad responsable. Vivir solo acumulando sin ninguna inquietud social es malversar la vida. Compartir, ser solidario es ser rico ante Dios.  Y esa es la única riqueza duradera.

Dice el teólogo José Ignacio González Faus: “Europa se ha descristianizado porque no se puede servir a Dios y al dinero, y Europa eligió servir al Dinero. Lo cual ha acabado por volverla más infeliz”.

Una opción por la solidaridad tiene implicaciones educativas. Lo veía dos años antes de ser asesinado el arzobispo salvadoreño Oscar Romero (1917-1980), beatificado el 23 de mayo de 2015: “No fomentemos una educación que en la mente del alumno cree una esperanza de llegar a ser rico, de tener poder de dominar… Formemos en el corazón del niño y del joven el ideal sublime de amar, de prepararse para servir, de darse a los demás… Cualquier otra cosa sería una educación para el egoísmo, y queremos salir de los egoísmos, que son las causas precisamente del gran malestar de nuestras sociedades”.

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