domingo 11B, La semilla – Iñaki Otano

La primera de estas dos parábolas, la de la simiente que crece sin que el sembrador sepa cómo, interpela a una mentalidad eficientista y activista que tiene que estar siempre moviéndose sin “dejar hacer” ni “dejar estar”. La semilla va creciendo incluso mientras el sembrador duerme. Tiene su propia fuerza y potencialidad para crecer. Una llamada de atención a no ahogar con un intervencionismo destructor lo que la palabra de Dios y la bondad suscitan en las personas. Según Alessandro Pronzato, pastoralista nacido en 1932, el cristiano es “uno que ofrece posibilidades al Reino. Y, a veces, la posibilidad más apreciada puede ser la de no estorbar”.

            No es un elogio de la pasividad y la desidia. La acción del sembrador es necesaria: sembrar, arar, escardar., etc. Pero, al mismo tiempo, tiene que dejar crecer porque la simiente tiene potencialidades en sí misma. Se puede aplicar también a otros ámbitos de la actividad humana lo que el obispo emérito Juan María Uriarte decía del hiper-responsable: este “no acaba de creerse que quien salva es Dios y solo Dios. Su tentación espontánea es aquella que el humor francés atribuye a las relaciones de de Gaulle con Jesucristo: ‘Sagrado Corazón de Jesús, confía en mí’. La hiper-responsabilidad conduce directamente a la hiperactividad. La ansiedad pastoral puede volvérsenos crónica. Nos quita la paz para orar y para escuchar a la gente. Nos va haciendo más sensibles a los proyectos que a las personas. Nos torna más reacios a delegar responsabilidades y a confiar en aquellos que las asumen. La hiper-responsabilidad es la patología de los responsables”.

            La segunda parábola es la del grano de mostaza, que de ser una minúscula semilla pasa a hacerse la más grande de las hortalizas. El Reino de Dios, desde sus humildes comienzos y con su trayectoria poco ruidosa, llega a ser refugio y protección: los pájaros pueden cobijarse y anidar en sus ramas.

            Al mismo tiempo, nos invita a tomar en serio las ocasiones que se presentan aquí y ahora porque, en su aparente insignificancia, son semillas del Reino: “es importante esta ocasión, este encuentro con Cristo: el reino de Dios está en esta semilla. La humildad de la situación no debe convertirse en motivo de negligencia y de rechazo” (Bruno Maggioni, biblista nacido en 1932).

 

En aquel tiempo decía Jesús a las turbas; “El Reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente a la tierra: él duerme de noche, y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega”.

Dijo también: “¿Con qué podemos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después, brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas”.

Con muchas parábolas parecidas les exponía la Palabra, acomodada a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.  (Mc 4, 26-34)

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