DÍA UNO – Fernando Negro

Comienzas este viaje hacia adentro en el que irás descubriendo en ti mismo la belleza de un mundo desapercibido porque no te has parado a pensar lo grande y formidable que eres. Los humanos pasamos gran parte de nuestra vida sin mirar hacia adentro para luego mirar, con mirada transformada, hacia el exterior.

Te invito a hacer de este proceso de tres meses -90 días- una auténtica peregrinación al reducto sagrado de tu ser, al arca sagrada donde se esconde un fuego ardiente que no acaba de incendiar tu ser entero, porque no eres consciente de que está ahí, desde siempre, esperándote.

No te tengas miedo, no temas caminar hacia adentro. Los místicos hablan de subir al monte para descubrir la belleza que es Dios mismo a quien uno se une por y en el amor. Esos escaladores a lo divino –los místicos- nos dicen que para subir hay que descender a lo más profundo del ser. Subir, entonces, es descender.

¡Qué hermosa oportunidad se te presenta en este proceso! Al acabar tu peregrinación verás que valió la pena. Te lo aseguro en nombre de la vida, en nombre del Dios de la vida que apasionadamente te busca y desea que tengas vida en abundancia[1], para que seas lo que Él soñó para ti antes de la creación del mundo[2]. No vale la pena vivir a medias, sumergidos en la mediocridad, paralizado por los miedos, desorientado por la angustia.

Hoy te basta con que te ‘decidas’ a meterte ahí adentro, en ese viaje que alguien lo ha llamado ‘el viaje más largo’. Sí, dura toda una vida. ¡En marcha!

[1] Jn 10. 10

[2] Ef 2, 10 ss.

“Señor Dios, enséñame cómo y dónde buscarte,

dónde y cómo encontrarte…Tú eres mi Dios,

Tú eres mi Señor, y yo nunca te he visto.

Tú me has modelado y me has remodelado,

y me has dado todas las cosas buenas que poseo,

y aún no te conozco… Enséñame cómo buscarte,

porque yo no sé buscar a no ser  que Tú me enseñes,

ni hallarte si Tú mismo no te presentas a mí.

Que te busque en mi deseo. Que te desee en mi búsqueda.

Que te busque amándote. Y que te ame cuando te encuentre.”

                               (San Anselmo de Canterbury)