Serie Camino a la Felicidad – Fernando Negro

Fernando Negro

La experiencia del fracaso en un momento determinado de la vida es un hecho en todas y cada una de las personas. Negarlo sería querer negar la humanidad como tal. Todas la grandes personas de la historia, y las no tan grandes, experimentamos el aparente hundimiento de nuestros sueños, resentimos la frustración, nos afecta el rechazo que otros tienen o han tenido de nosotros.

Ante semejantes experiencias es bueno que nos fijemos en lo que tenemos, aunque sea poco, como soporte para poder levantarnos, que alimentemos la llama de una pasión que nos ayude a levantarnos, que aprendamos a conocernos más a fondo, liberados de las máscaras y ambiciones que ocultaban quiénes de verdad somos, que nos conectemos con personas que caminan a nuestro lado alimentando la llama del amor por la vida.

En todo momento recuerda que la vida no es acerca de lo que nunca hiciste en el pasado o no puedes hacer en presente, sino lo que YA puedes comenzar a hacer y a ser como proyecto apasionante por el resto de tu vida.

Deja que quienes se lamentan constantemente, quienes desearían verte arrastrado, no toquen la sombra de tus sueños. Sé fuerte y respira hondo. Eres una persona maravillosa que tiene a Dios como aliado incondicional de tus mejores sueños, pues es Él quien los ha depositado en tus entrañas antes de comenzar a crear el mundo.

No estás aquí por casualidad, Dios no te hizo para matar su tiempo creando un poco de basura andante. Eres una obra de arte perfecta, aunque todavía inacabada. Cada día renueva su deseo de crearte y recrearte; pero, no lo olvides, Él nunca hará nada sin tu consentimiento ni tu colaboración.

Lo mismo que Él renueva tu deseo cada mañana, y verás que te nacen alas, que atraes desde lo más hondo de tu ser todo lo que se alía con tu proceso de ser la persona que siempre soñaste ser. No importa que te consideres viejo u demasiado joven. Todo comienza aquí y ahora.

Nicodemo era una persona anciana cuando se encontró en la noche con Jesús. Fue a verlo de noche porque tenía miedo de que lo vieran hablar con aquel “hereje” llamado Jesús. Pero veía en Él una fuerza irresistible que le atraía. Jesús, por otro lado, no era fácil ni barato. Por eso le pide: “tienes que nacer de nuevo”.

Para crecer y probar que la última palabra no la tiene la desesperación ni la muerte, atrévete a probar que tienes que nacer de nuevo. Nacer de nuevo comienza por comenzar a pensar de manera distinta, diferente, amplia, enormemente abierta a las sorpresas, encaminada a un horizonte donde los límites se confunden con la ausencia de límites.

Analiza si tu vida vale la pena. Encontré a un hombre de 71 años de edad en Cuba; estaba deprimido por cómo a lo largo de su vida, debido al régimen comunista, perdió la pasión y el sentido de dirección. Además hacía poco tiempo se le había muerto su esposa. Me dijo que se sentía deprimido y que había perdido las ganas de luchar, que apenas tenía ninguna alegría. Bueno, me dijo, “tengo alguna alegría de vez en cuando”.

Le pregunté que compartiese conmigo cuál era su mayor alegría. A lo que me respondió: “mi mayor alegría es pensar en lo que pude haber sido y nunca fui”. Sentí una gran tristeza con sólo escucharlo, pues sonaba a escuchar a alguien frustrado acerca de la trayectoria total de su vida.