De Egipto llamé a mi hijo” (Os 11,1) – Javier Alonso

De Egipto llamé a mi hijo” (Os 11,1)

Javier Alonso

https://www.religionyescuela.com/actualidad/de-egipto-llame-a-mi-hijo-os-111/

La situación de fragilidad de la condición humana, fruto de la experiencia de pecado, es el punto de partida del proceso educativo, que ayuda a que las personas descubran su dignidad y fortalezcan su carácter.

Constatando que los israelitas crecían en número, el faraón sintió miedo y decidió someterlos a esclavitud con duros trabajos: “Les amargaron la vida con rudos trabajos de arcilla y ladrillos, con toda suerte de labores del campo y toda clase de servidumbre que les imponían por crueldad” (Ex 1,14). Es una constante en la historia de la humanidad: todo imperio se levanta a costa del trabajo y el sufrimiento de los más débiles.

La dinámica de la esclavitud anula la voluntad de las personas y mata su esperanza condenándolas a vivir por la supervivencia diaria. Debilita también su con- ciencia de nación, con sus tradiciones, cultura y creencias. Se pierde la memoria del pasado y la esperanza en un futuro mejor, así que se vive instalado en el presente.

El pueblo esclavo en Egipto es un buen ejemplo de la situación en la que se encuentran todos los que están sometidos a un poder opresor externo y que no pueden vivir su propia vocación a la libertad. Están los que son explotados laboralmente, los niños que viven en la calle, los enganchados a las drogas, las mujeres que se prostituyen y los emigrantes que huyen de su país. Podría ser larga la lista de situaciones de las personas y grupos que viven sometidos sufriendo la marginación social y la falta de libertad. Pero también son esclavos los que fundamentan su vida sobre el dinero, el poder y la vanidad, aquellos que solo buscan su propio interés y no piensan en los demás, los que llevan una vida vacía y superficial. También han perdido su humanidad convirtiéndose en un simple consumidor.

El profeta Ezequiel recoge una hermosa alegoría dela historia del pueblo elegido. En el tiempo de la  esclavitud, Israel era como una niña abandonada a su suerte: “Nadie se compadeció de ti para hacerte alguna de esas cosas, sino que fuiste arrojada en pleno campo, porque dabas asco el día que naciste” (Ez 16,5). Sin embargo, Dios se apiadó de ella y le dijo: “Vive”; y comenzó a desarrollarse hasta llegar a la madurez: “Tú comenzaste a crecer, te desarrollaste y te hiciste mujer” (Ez 16,7). Los niños son especialmente vulnerables ante cualquier dinámica opresora que existe en el mundo. Pero no solo los niños; todas las personas están sometidas al poder destructor del mal en cualquiera de sus modalidades.

​Medio de liberación

El punto de partida de cualquier proceso educativo es la situación de fragilidad de la condición humana. La educación ayuda a que las personas descubran su dignidad, desarrollen sus talentos, fortalezcan su carácter, adquirieran los conocimientos necesarios para comprender la realidad y no se dejen dominar por ella. San José de Calasanz concibe la educación “como un medio para liberar a niños y jóvenes de la esclavitud de la ignorancia”. La educación es un proceso de liberación de las verdaderas causas que llevan a la humanidad a su destrucción y un medio para “la salvación del cuerpo y del alma”.

Los sistemas educativos han tomado conciencia de que la adquisición de la cultura es el medio principal para liberar a los pueblos de la ignorancia, causa de la corrupción en el mundo. Paradójicamente, hay mayor porcentaje de personas instruidas y, sin embargo, no se han eliminado la corrupción y la injusticia en el mundo. Más que un instrumento de liberación, el conocimiento, sin la debida orientación humanista, sirve para amplificar los dinamismos de opresión.

Para la tradición bíblica, el origen de la corrupción y del mal está en el pecado instalado en la naturaleza humana. Hay que ver el modo de introducir en el sistema educativo el concepto de pecado, lo que implicaría que el sistema adopte un modelo antropológico que tome en cuenta la reflexión que las grandes religiones han hecho sobre la naturaleza humana. Si aceptamos que la condición humana está marcada por el llamado “pecado original”, podemos poner los medios para que los niños se eduquen fortaleciendo su interioridad en relación al Dios que les ha dado la vida y está dispuesto a sacarlos de la esclavitud para llevarlos a la tierra prometida.

El punto de partida de cualquier proceso educativo
es la situación de fragilidad de la condición humana

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