Cuaresma 3ºB – Juan Carlos de la Riva

Hay veces que hay que enfadarse un poco. O mucho. Hoy Jesús está más que enfadado. Está furioso y casi fuera de sí. ¿Por qué?

Jesús se enfadó porque le tocaron lo más sagrado. No era su madre, no. Pero casi parecido. Se trataba de la casa de su padre.

¿Cómo actuaríamos nosotros si unos ocupas se metieran en la casa de nuestros padres mientras están ausentes y la destrozaran?, seguro que palmaditas en el hombro no le daríamos. La casa de su Padre es el lugar de encuentro de los hombres y mujeres con Dios y lo han ocupado y convertido en un monopolio comercial, en un lugar farragoso y anárquico, entiendo perfectamente su actitud. Aquellos Sumos Sacerdotes que querían gobernar al pueblo y también gobernar al propio Dios, no podían gustarle a Jesús.

Tampoco Jesús gustaba a los sumos sacerdotes: ese Dios del que hablaba Jesús, ese padre misericordioso y

Los escolapios queremos construir la iglesia de Dios, pero sabemos bien que la iglesia no es un templo, no son ladrillos. La iglesia son las personas que la forman, las catequistas, las personas que cantamos y oramos los domingos, los grupos de Su Alai y del Movimiento Calasanz…, Nos preguntamos entonces, Jesús, ¿qué te parece la casa de tu padre de la calle Florida, la parroquia Espíritu Santo, el Colegio Calasanz, los locales del 92, la Fundación Itaka-Escolapios…?

También nos preguntamos por la Iglesia diocesana… ¿qué te parecemos las personas, somos un buen templo para ti, estás a gusto? ¿Hay algo que te enfada?

La pregunta nos invita a pensar si nuestra comunidad de personas representa bien el rostro de Dios que Jesús pintó con su vida y que purificó de alguna manera, borrando de la mente de las personas religiosas el Dios de las leyes confusas y los sacrificios externos, el Dios del cumplo y miento, el Dios que despreciaba a pobres y enfermos y bendecía a los poderosos. No. Así no era Dios.

Quien pone a Dios a su servicio, está profanando el nombre de Dios, tomando el nombre de Dios en vano, haciendo religión pero no Evangelio.

¿Cuál es la iglesia que Dios quiere para el siglo 21, para la época post pandemia…?

Estamos haciendo el proyecto parroquial. Vamos a pensarlo bien no sea que le enfademos a Jesús. Tendremos que hacer un proyecto que anuncia, que transforme y sirva, que celebre y que haga realidad la comunión entre las personas, entre nosotros y con todas y todos los demás, los pobres, los extranjeros, los discapacitados, los excluidos…

 

Pero también podemos recordar que ahora los templos de Dios somos nosotros. Cada uno de nosotros, templos del Espíritu. Estamos habitados.

Me viene a la cabeza el texto de otro evangelio que dice que nosotros somos templos de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en nosotros, si somos templo somos el lugar donde Dios habita, por tanto, también nosotros somos o deberíamos ser un lugar de encuentro de los hombres con Dios y deberíamos tener mucho cuidado con el uso que le damos y me pregunto ¿Cómo está nuestro templo?, ¿Cómo está mi corazón?  A lo mejor está desordenado y hecho un poco desastre, puede que no ayude a otros a encontrar a Dios, o quizás todavía pesa demasiado el interés en nuestras relaciones personales, o peor aún ponemos precio a nuestras acciones, mercadeamos con las necesidades de otros, incluso con nuestra mejor voluntad podemos pretender dirigir la vida de otros, con nuestro buenismo también podemos especular. Pues llega el momento de revisar mi templo, voy a aprovechar este momento de la cuaresma para poner un poco de orden, para hacer una limpieza, para poner cada cosa en su sitio, para deshacerme de todo lo que me aparta de Dios.

En aquel tiempo se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes, y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: “Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre”. Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: “el celo de tu casa me devora”.

Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: “¿Qué signos nos muestras para obrar así?” Jesús contestó: “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré”. Los judíos replicaron: “Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?” Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando se levantó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho y dieron fe a la Escritura y a la Palabra que había dicho Jesús.

Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre. (Jn 2,13-25)

Señor Jesús,

hay tanto de zafio y de griterío en mi vida

que no quiero ni verlo.

Huyo de mí.

Huyo de mis huidas.

Huyo de mis mentiras

ante mí mismo,

ante los demás,

ante Ti.

 

Señor Jesús, fuerza y sabiduría de Dios:

Tengo miedo.

Sé que quieres

que un templo sea un templo.

¡Que yo sea un templo!…

Que un sacerdote sea un sacerdote.

¡Que mi vida sea una ofrenda sacerdotal!…

Que una ofrenda sea una ofrenda.

¡Que mi vida esté al servicio de tu Reino de Vida!

 

Señor Jesús, fuerza y sabiduría de Dios:

sé que anhelas

que para todos y cada uno de los hombres

Dios sea Dios,

el Dios de la vida,

el Dios del amor sobre todo amor,

el Dios de la verdad del hombre y del mundo

y que necesitas de mí,

de mi inteligencia,

de mi libertad,

de mi amor…

Pero me retraigo,

huyo,

me asusto…

y me desperdicio entre tanta y tanta banalidad

entre tanto y tanto pesimismo,

entre tanta y tanta necedad.

 

Señor Jesús, fuerza y sabiduría de Dios:

Tengo miedo de tu exigencia:

sé que quieres que me oriente hacia dentro y hacia arriba.

Sé que quieres que me oriente hacia la fraternidad y hacia la adoración.

Sé que quieres que acepte los dones de la vida

sin pretender manipularlos para mi conveniencia.

¡Sé que quieres que haga lo que haga

transparente santidad y humanidad redimida!

 

Tengo miedo porque tengo pequeños y sarcásticos ídolos

que me distraen de lo esencial.

Tengo miedo porque me alejo de la santidad de tu presencia

en mi interior,

en el templo,

en la intensidad del poder de lo real que me sostiene y alienta.

Tengo miedo porque soy plenamente consciente de mi codicia

tan ruin y tan real…

Tengo miedo porque releo los mandamientos,

y sucumbo bellacamente en casi todos.

 

¡Señor Jesús, sabes lo que dentro de cada persona!

¡Señor Jesús, sabes lo que hay dentro de mí!

¡Señor Jesús, conoces mi corazón

mejor que yo!

 

¡Señor Jesús, a ti me acerco,

como un prófugo sediento de redención,

como un prófugo sediento de paz,

como un prófugo sediento de lo santo!

 

¡Señor Jesús, a ti me acerco,

porque tu presencia

es una presencia de vida eterna!

 

¡Señor Jesús,

que lo que me quede de vida

sea una vida de luz,

una biografía de sanación,

un camino de redención,

contigo,

junto a ti,

en ti!

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