Crónica al paso de Taizé Valencia 2015 – Borja de la Rúa

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No siempre tenemos la dicha de contemplar y vivir un evento como el encuentro europeo de jóvenes de Taizé cerca de nosotros. Este año, el encuentro de jóvenes se celebraba en Valencia, y miles de jóvenes españoles se habían preparado en las diócesis, movimientos e instituciones religiosas para participar con los otros miles que venían del resto de países de Europa. El evangelio, la oración, el encuentro y la acogida eran los reclamos. La respuesta, como siempre, espectacular: evangelio hecho carne en las diferentes experiencias de vida de los jóvenes; oración como momentos de Dios que han cautivado a cercanos y alejados; encuentro de jóvenes de distintas confesiones cristianas, en búsqueda o ateos; y una acogida inaudita, donde las casas (todos se han hospedado en familias) se han abierto como signo de la gran familia humana que somos.

Desde RPJ, pedimos a uno de estos jóvenes que nos escribiese una crónica mientras vivía en primera persona el Encuentro. Que sirva de recuerdo agradecido para unos y de aliciente y motivo de esperanza para otros.

Comienzo a escribir en el camino de vuelta a casa. Casi sin terminar de digerir todo lo sucedido estos días. Escribir quizá sea la mejor forma de parar, aunque el AVE no pare y siga su curso. El encuentro europeo de Taizé es una larga peregrinación que con esta es la 38º edición pero también es un alto en el camino. Una parada que este año se ha dado en Valencia, entre todo el ajetreo típico de estas fechas.
Las preguntas que muchos se pueden hacer, y mucha gente se hacía por Valencia ¿Qué hacen tantos jóvenes en estas fechas por aquí? ¿Cómo pueden preferir estar sentados en el suelo, orando, en vez de disfrutar de las vacaciones o de unas cañas en Nochevieja? ¿Qué se les ha perdido a tantos jóvenes en Valencia, venidos desde tan lejos, ucranianos, polacos, croatas, rusos, franceses, etc. incluso algunos venidos desde Indonesia y Timor Oriental?
Para intentar contestar a estas preguntas y hacer lo que me han pedido, que no es otra cosa que escribir una crónica sobre lo ocurrido en Valencia, me dispongo a empezar desde el inicio del encuentro. Y ya se sabe que cualquier buena historia que se precie ha de tener un buen principio.

Día 28 de diciembre, lunes, día de acogida, de recibir en las parroquias y colegios, a tantos y tantos venidos desde tan lejos. Señalarnos a los peregrinos dónde se encontraban los lugares para la oración, entregarnos un mapa para no perdernos, ubicarnos en nuestros lugares de acogida, tarjeta de transporte y todo lo necesario para el encuentro.
Yo, al ver largas colas en los sitios de acogida, tanta gente buscando dónde ubicarse, con grandes macutos, de un lado a otro, la primera impresión que tuve fue de un festival de música. Y de esto último tengo más experiencia que de encuentros de Taize o similares como la JMJ, pero eso ya queda para otro tipo de crónica. Si se me permite, me gustaría seguir utilizando este símil, el de un gran festival de música. Organizado por los Hermanos de Taizé, con dos grandes carpas situadas en los jardines del cauce del Turia, y la Catedral. La situación de los “escenarios” no está nada mal.
Una vez hechas las primeras impresiones y una vez asentado, primera toma de contacto. Me dirijo a la Carpa A para la primera oración. Para mí la primera vez en una oración de este tipo, y de camino observo con cierto asombro que mucha gente carga con pequeños bancos de oración, sillas plegables y cojines. Una vez entrada en la carpa comprendí el porqué de esto, por lo que mi sorpresa inicial se transformó en un “si lo hubiera sabido yo también hubiera cargado con algo de lo mencionado antes”. Una vez sentado en el suelo, buscando la postura adecuada, que no era tarea fácil, comienza la oración. Me encuentro un poco perdido en este inicio, primero por la incomodidad inicial de estar sentado en el suelo, después los diferentes idiomas utilizados durante la oración, la sorpresa ante algo nuevo para mí pero me decido a dejarme llevar, por introducirme en la oración de lleno con los cantos que sí conocía. Entro y me dejo llevar, me relajo, y ya no me es tan incómoda mi postura.
Después de la lectura de la parábola del Hijo Pródigo llega mi gran sorpresa: el silencio. Se produce un silencio que me sobrecoge. Nunca imaginé que tantas personas congregadas en un mismo sitio pudieran guardar un silencio así. No era un silencio sepulcral, ni un silencio incómodo, era un silencio que hablaba, que invitaba a la oración, que invitaba al encuentro callado y atento. Un silencio que en medio del bullicio de Valencia debería sonar atronador. Un silencio roto por las canciones y por la reflexión del Hermano Alois, prior de la comunidad de Taizé. Nos cuenta su paso por Siria y el Líbano, donde ha pasado las Navidades. De las palabras pronunciadas por el Hermano Alois me gustaría quedarme con éstas: “La paz debe brotar de una fuente profunda. Esta fuente se encuentra en la paz que Dios nos comunica. La paz del mundo comienza en los corazones… Para convertirnos en hombres y mujeres de paz necesitamos valentía. La valentía del Evangelio, la valentía de la misericordia, la que nos impulsa a abrir nuestro corazón a todo ser humano”.
Son las 8 de la tarde, noche cerrada ya y termina la oración. Me encamino a la salida y no puedo dejar de cantar, “De noche iremos, de noche para encontrar la fuente, solo la sed nos alumbra”.
Buen inicio y preparación para lo que acontecerá en los días posteriores.

Día Martes 29. Empezamos temprano, cada uno de los peregrinos participa en la oración de las parroquias de acogida. Mi día comienza en la iglesia del colegio Calasanz de los Escolapios. La oración comienza cantando todos juntos “El señor es mi fortaleza, el Señor es mi canción, Él nos da la salvación, en Él confió, no temeré, en Él confió”.
Una declaración de intenciones para lo que va a acontecer en el día.
Después de la oración nos dividimos por grupos de compartir, integrados por personas de diferentes nacionalidades. Breve presentación y nos ponemos a poner en común la primera propuesta que lleva por título: Confiarnos al Dios que es misericordia. Salen a la luz hechos que nos han marcado este 2015. Sale de nuevo el conflicto de Crimea, olvidado en los medios de comunicación, la situación de Siria y el Líbano, los atentados de París, la persecución de los cristianos en Oriente Próximo, la situación de los refugiados. A la luz de esto surgen muchos interrogantes: ¿por qué el silencio de Europa ante estas situaciones siendo responsable de forma directa o indirecta? Y las preguntas que más inquietan y nos tocan en lo más profundo de nuestro corazón: ¿cómo hablar de un Dios de misericordia ante estos hechos? ¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros, desde el Evangelio para revertir esto y sembrar semillas de esperanza, de misericordia, de perdón? La propuesta por parte de los hermanos de Taizé parece sencilla, pero no lo es: Acoger el amor de Dios, dejarnos abrazar por él y la oración. No como búsqueda sino como tiempo para pararnos y respirar, para llenarnos del amor de Dios y continuar. Un buen arranque si queremos ser sembradores de paz y misericordia.
Concluidos los grupos de compartir es hora de comer. Aprovechando la agradable temperatura de Valencia -algunos días llegamos a más de 20 grados-, invitaba a una comida distendida en los jardines del Turia. Se ha respirado un ambiente muy agradable en las comidas y un gran civismo para mantener todo limpio. Quiero mencionar aquí a los tantos y tantas voluntarios y voluntarias que facilitaron el encuentro. Siempre con una sonrisa, cercanos, agradables. Un lujo de voluntarios. Gracias a cada uno de vosotros por hacer de este encuentro más agradable y más cercano.
Después de la comida, de nuevo a la oración. Este momento para algunos de los que acudieron a la Carpa A fue el momento de reponer fuerzas y más de uno una leve siestecilla sí que echó. Cuento como anécdota que delante de mí este día, un fraile franciscano con hábito incluido, aprovechó que tenía espacio para estirarse, se tumbó y se echó una leve siesta. Me vino a la mente un tweet que leí hace unos cuantos días de un sacerdote que decía así: “Vale, que te pones a rezar y te quedas dormido, pues nunca una madre es más feliz que cuando ve a su bebé frito como un osezno”.
Comentada esta anécdota ya metidos en la oración, llega el silencio, después de la lectura del Evangelio de Lucas, Lc 6, 31-36. A uno este Evangelio le hace revolverse – no por estar sentado en el suelo y no disfrutar de una postura tan cómoda como la del Hermano Franciscano-, inquietarse, cuestionarse, confrontar. Un mensaje claro y directo: si amamos a los que nos aman y si hacemos bien a aquellos que nos lo hacen ¿qué merito tenemos? Y una invitación, que nace de la fuente del Amor de Dios, amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada a cambio. Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso. Una invitación sencilla, cercana, pero no por ello una tarea fácil.
Una vez finalizada la oración toca buscar la ubicación del taller que cada uno ha escogido. Una veintena de propuestas agrupadas en 3 bloques: fe y espiritualidad, solidaridad y sociedad, arte y cultura. Una pena no tener el don de la bilocación para poder haber asistido a varios. Es de agradecer la ubicación de los lugares para los talleres, céntricos, sin pérdida y de fácil acceso.
Por la noche acudo a la oración en la Catedral. Estaba abarrotada de gente. No cabía nadie más. No solo llena de jóvenes que habían acudido al encuentro, sino familias, viandantes que se acercaron, personas mayores. Y me vino el pensamiento de una conversación cruzada que escuché de camino al taller de la tarde donde una mujer de unos treinta años decía algo así: “Esto es un encuentro todo rollo cristianismo por lo que decís. No sabía que todavía esto moviera”.
En la oración de la tarde-noche en la Catedral, el Arzobispo y Cardenal Cañizares nos dio la bienvenida a Valencia. Diferentes lenguajes utilizados por el Hermano Alois y él. Pero nos hacen caer en la cuenta de la pluralidad de la Iglesia y los contrastes maravillosos que se dan, que nos hace aun más Iglesia si cabe.
El día llega a su fin y toca volver a casa. Día cansado e intenso pero esto no ha hecho más que comenzar, toca reponer fuerzas para el siguiente día.

Miércoles 30. De nuevo comenzamos el día con la oración en el colegio Calasanz, pues no he dicho que las oraciones de la mañana siempre era en parroquias y colegios. Posteriormente nos volvemos a separar por los grupos de compartir. La propuesta para ese día era perdonar una y otra vez. Aquí uno se da cuenta de lo importante que es el inglés y la necesidad de dominarlo, que hace más difícil llegar a entender lo compartido por los demás y poder expresarse. He de agradecer a un hermano indonesio que me facilitó estos encuentros con su estimable traducción, por lo que habrá que mejorar el nivel de inglés al menos para convencer a la gente de que hable en español.
Bromas aparte destaco algunos detalles de lo dicho en el grupo: los deseos y las ganas de trabajar por una Iglesia abierta, que llega a los alejados, a las periferias, que acoge como el padre de la parábola del hijo pródigo que se alegra por la vuelta del hijo perdido, una Iglesia más preocupada por perdonar y curar heridas que por condenar.
Uno, después de oír esto, sale con otro ánimo y dispuesto a comerse el mundo. Pero muchas veces se queda en el imaginario, en lo teórico. En la oración de la tarde, la reflexión gira en torno al amor. Y destaco las palabras que para mí fueron importantes y viene en relación con lo que acabo de expresar. “Pero, para que el amor de Dios pueda llegarnos de verdad, no solo de una forma imaginaria (…) debemos dejar que Dios nos ame y dejar que el corazón responda a las necesidades de los demás. Este movimiento puede estar presente en los gestos más sencillos, es el principio de un camino que conduce a la plenitud de la vida”.
Dejarnos de grandes discursos, de una retórica difícil, de grandes palabras y vayamos a lo sencillo, a lo pequeño. Acompañar a un amigo, abrazar a quien lo necesita, la escucha atenta del que necesita desahogarse. Cito algunos ejemplos sencillos, pequeños, al alcance de nuestra mano, que desprenden más amor que un gran discurso. Hacerse como niños. Una de las imágenes más bonitas y más catequéticas de este encuentro es ver a un hermano de Taizé leer la meditación rodeado de niños.
La oración de la tarde-noche me fue imposible asistir, porque me quedé fuera al no poder entrar de la gente que había. Por lo que el día 30 terminó a las puertas de la Catedral, incorporándome a la San Silvestre de Valencia para poder llegar a casa. Como se puede observar un encuentro de Taizé da hasta para hacer un poco de ejercicio.

Último día del encuentro, 31 de Diciembre, Nochevieja. En la oración de la mañana se ven algunas caras de cansancio y de falta de sueño. Puede ser que alguno tomara las uvas de manera anticipada. No voy a ser yo quien ponga en tela de juicio los beneficios de las famosas pre-uvas. Pero volviendo a lo importante, después de la oración retorno a los grupos de compartir. Esta vez nos toca conocer alguna realidad cercana de Valencia. En nuestro caso nos toca conocer la fundación Itaka-Escolapios. Nos cuentan las actividades que realizan en Valencia con niños en situación de riesgo social y el proyecto en Indonesia. Contamos además con Didimus, junior escolapio de Indonesia que nos acerca aún más la tarea realizada por los Escolapios allí.
El día transcurre con la normalidad habitual y cargado de contrastes. Por las fechas que son, mientras unos disfrutan de unas cañas y se preparan para la gran fiesta de la noche, otros nos dirigimos a la oración de la tarde. Según se va acercando la noche, las calles se van vaciando, y solo se ve el trasiego de los peregrinos de camino a casa para prepararse para la oración de las 11 y la fiesta de los pueblos.
Una Nochevieja atípica, para lo que estaba acostumbrado, ya he dicho que de encuentros de este tipo tengo poca experiencia y el día 31 siempre he estado en otros menesteres. Por lo que la noche de hoy iba a tener un toque especial, y creo que para otros muchos, primerizos como yo, también lo tuvo.
Si el 31 de Diciembre es el momento de los buenos propósitos, de los deseos a cumplir y los proyectos de futuro, el Evangelio propuesto, Mt 6, 25-27.31-34, nos hace ponernos en guardia y ver lo que verdaderamente es importante: “Buscad primero el Reino y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura. No os inquietéis por el día de mañana, el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción”. Más alto se puede decir pero más claro difícil.
Llegan las 0:00 y entonamos con gran fuerza “Magníficat, magníficat, magníficat anima mea Dominum”. No hay mejorar forma para entrar en un nuevo año que cantando esta canción.
Posteriormente acudimos a la fiesta de los pueblos en el comedor del colegio Calasanz. Comemos las uvas como manda la tradición. Se disfruta de un momento agradable y distendido. Donde los ucranianos nos ofrecen una canción teatralizada típica de su país, los polacos un juego muy divertido y desde Indonesia un baile típico de allí, que sorprendió a muchos y del que todos pudimos participar.
Termino de escribir esta pequeña crónica con el deseo de que pronto pueda volver a asistir a un encuentro así, de poder volverme a encontrar de nuevo con la comunidad de Taizé, y con el convencimiento de que hay aires de cambio en una Iglesia donde hay jóvenes, de querer armar mucho lío y de trabajar por el Reino de Dios.

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