¿Creyente y científica? – Marta Baldomero

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Marta Baldomero

@sallejoven

 

 

Si hoy en día reconocerte cristiana suele generar controversia, en un entorno científico genera aún más. En cuanto lo manifiestas empiezan las miradas, los prejuicios. Es tan sencillo juzgar lo que no conoces, es tan habitual caer en la broma fácil y que te hagan sentirte inferior por tu fe… Sin embargo, tengo claro que los únicos que pierden son aquellos que se burlan, aquellos a los que su soberbia les impide respetarnos.

Bajo mi punto de vista, no hay ninguna contradicción en ser científica y católica. Desde pequeña me he hecho muchas preguntas, por ejemplo, ¿cuál fue el origen del universo? o ¿cuál es el sentido de la vida? A mí, la ciencia me permite responder la primera pregunta y mi fe la segunda. Pienso que la ciencia se encarga de descubrir la manera en la que funciona el universo y que la fe me permite encontrar el sentido de la vida. Creo que ambos campos se complementan y son fundamentales en mi persona. Al contrario de lo que mucha gente afirma, el catolicismo actual no niega ni persigue la ciencia, aunque hay que reconocer que se cometieron muchísimos errores en este campo en el pasado.

Para mí, ser cristiana es más que creer en Dios. Yo siento que mi fe determina mi estilo de vida, es la perspectiva en la que enfoco el día a día, es la manera en la que trato a los demás, es mirar más allá, es creer en ti, es esa luz que ilumina el camino cuando parece que no hay salida.

En este momento de mi vida, siento la comunidad como un pilar fundamental de mi fe. Desde los diez años pertenezco a un grupo católico, SalleJoven. A lo largo de este tiempo, ha cambiado mi rol en el grupo, primero de catecúmena, luego de catequista y ahora con responsabilidades en la organización y coordinación. ¿Qué tienen los grupos para que le haya dedicado tanto tiempo en mi vida? Esta pregunta me la hacen con bastante frecuencia, aunque es muy difícil explicarlo con palabras. Pienso que quien nunca ha pertenecido a una comunidad no es capaz de comprender ese sentimiento de familia, de fraternidad. Es ir a un encuentro y sentirte como en casa entre personas con las que nunca antes habías hablado. Es tener un grupo de referencia y saber que te puedes apoyar en ellos pase lo que pase, que puedes compartir tus alegrías y también pedir ayuda cuando lo necesitas. Es un sentimiento tan reconfortante y tan profundo, que me completa como persona, me hace sentir parte de un todo.

Pienso que como católicos no nos debe dar miedo reconocer nuestra fe, ni debemos dejarnos influenciar por el qué dirán. Hace poco, hablaba con una buena amiga, científica y atea. Ella me decía que antes de conocerme tenía muchos prejuicios sobre la religión. Incluso me dijo que cuando me conoció no entendía cómo podía ser católica, pero que, tras estos años de amistad, de conversaciones y debates, había conocido una nueva perspectiva del catolicismo. Creo que como jóvenes católicos tenemos la responsabilidad de romper estereotipos, de transmitir la Palabra con nuestra forma de ser y de actuar. Por eso, desde aquí os invito a debatir sobre vuestra fe, que no os dÉ miedo que os pregunten o que os intenten ridiculizar. Aunque a veces sea duro y vuelvas a casa con dudas, superarlas hace tu fe más fuerte. Y, por último, os aconsejo buscar un grupo de referencia, unas personas con la que compartir tu fe, debatir tus dudas, transmitir tus vivencias y formar comunidad.

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