crecer en la capacidad de vivir el perdón y ser perdonados – Mario Agueda

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Por ello, el taller que ofrecimos no tenía la finalidad de “hablar” sobre el perdón, sino de inspirarnos para experimentar el perdón en nosotros, para reconocer la capacidad de perdonar y de recibir el perdón de los otros. El perdón puede ser un camino de liberación, de sanación, un camino hacia el amor gratuito, de crecimiento, de verdadero encuentro con uno mismo, con el otro/otros y con quien sabemos que nos habita.

Mi capacidad de perdonar
Perdonar es un ejercicio del corazón, un dinamismo que brota de lo mejor de nosotros mismos. Perdonar es más que un querer. Perdonar no es una obligación moral. Decimos a los niños “pídele perdón”, como si fuera sólo un acto de la voluntad, cuando el perdón es un acto del corazón, un camino a recorrer que parte de lo más esencial del ser humano, del ser. Cada persona está constituida por una serie de capacidades, talentos, actitudes, dones, valores… positivos, con unos determinados límites. La vida se siente plena cuando desarrollamos nuestras capacidades. Están ahí, siempre han estado ahí, unas más desarrolladas que otras, incluso algunas en potencia. No son fruto de nuestros títulos académicos, ni tan siquiera del esfuerzo voluntarioso por tenerlas. Son sin más. Forman parte de quien soy.
Por ejemplo: soy alegre, constante, solidari@, auténtic@, bondados@, creativ@, servicial, comunicativ@, comprensiv@, fuerte, observador@, desinteresad@, emprendedor@, abiert@ a los demás, conciliador@, fiel, just@, generos@, me adapto bien… Una de esas capacidades es la capacidad de perdonar. El perdón es expresión viva del amor por el otro. Es dar al otro la posibilidad de comenzar de nuevo. Esta capacidad produce un movimiento hacia el otro para recibirlo cuando nos ofende, molesta o daña. Esta capacidad del ser humano mueve a la persona a permanecer cercana al otro, sin disminuir la valoración por él.
No hace desparecer el dolor, el malestar o el sufrimiento por el mal experimentado.
Tampoco olvida el mal recibido: nuestra memoria mental, afectiva o corporal puede no olvidar. Pero la capacidad de perdonar nos vuelve hacia lo que nos une a esa persona, a lo que la persona es globalmente, esencialmente. Entonces el dolor se vive de otro modo, la memoria no obstruye el amor.
El perdón es libre o no es perdón; no puede ser algo obligatorio. Perdonar es un ejercicio del corazón, nos hace amar al otro, en verdad, más allá de la ofensa; amarnos a nosotros mismos más allá de nuestras culpabilidades, miedos, inseguridades, límites. A veces lo más difícil es perdonarse a uno mismo. Por eso, requiere de todo un camino y un aprendizaje de conocimiento en profundidad de uno mismo. Optar por conocerse, por iniciar un proceso de desarrollo personal, por crecer en solidez, en una madurez afectiva y en un aprendizaje a decidir bien… no es optativo para vivir la capacidad de perdonar. Creer en uno mismo, ser coherente de fondo, limpiar, sanear, re-ajustar, re-aprender, re-educar… son hitos que marcan este apasionante camino.
¿Qué medios nos podemos dar para crecer en esta capacidad de perdonar?:
1. Alimentar esta capacidad frecuentando a personas y ambientes donde se viva el perdón como rasgo esencial de quienes son y de su misión (Taizé, Gandhi, Martin Luther King, Etty Hillesum, Comunidad el Arca…).
2. Practicar esta capacidad en actos concretos: cuando alguien me ofende o lanza palabras agresivas, cuando alguien me miente, cuando no me han tenido en cuenta por un despiste…
3. Dejar sentir la capacidad, darse un tiempo para sentirla. Igual que podemos saborear una puesta de sol, la música… podemos saborear esta capacidad respirando profundo y dejándola sentir.
4. Afrontar las dificultades que percibo para vivir esta capacidad en mí, detenerme para ver qué me pasa, pedir ayuda o consejo a alguien en quien sienta que puedo confiar.
“Perdonar no es negar el mal ni el sufrimiento causado o recibido, no es olvidar o borrar el pasado. Perdonar no es intentar revisar el pasado, es preparar el porvenir. Perdonar no es una cuestión de poca monta, es participar de lleno en la creación y en la restauración del ser humano” (Xavier de Chalendar).

Mi capacidad para recibir el perdón del otro
Sentirse perdonado, sin rastro de rencor, es una experiencia que marca en la vida, que deja en la persona una huella positiva. Seguro que tenemos experiencia de que alguien nos ha quitado un pesar, algo que nos ha atado y no nos ha dejado ser nosotros mismos. Para acrecentar la capacidad de recibir el perdón de otros es importante:
1. Crecer en fe en uno mismo y en el otro.
2. Vivir la humildad, aceptar la realidad tal y como es, con su color y su dolor.
3. Vivir la paciencia y la perseverancia con uno mismo.
4. Apostar por volver y nombrar lo que nos une.
“Amar con Compasión” (Hermano Roger de Taizé):
“Si perdemos la misericordia, fuego interior de inagotable bondad, ¿qué nos quedaría? Para quien busca amar con bondad de corazón, la vida se llena de una serena belleza. Sólo la compasión nos deja ver al otro tal cual es. Una mirada de amor discierne en cada uno la profunda belleza del alma humana.
Si la compasión del corazón estuviera al principio de todo… Si el amor que reconcilia se volviera ardor en nosotros… en torno a nosotros irradiaría, incluso a nuestras espaldas, una transparencia de la Buena Noticia… y se iluminarían estas palabras: “¡Ama y dilo con tu vida!”.

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