CRECER EN CRISIS – ALEX ALARCÓN

La vida da miles de vueltas, que al principio parecerían ser meros caprichos premeditados con la finalidad de perturbar nuestra calma y los planes que teníamos, pero la experiencia nos ayuda a analizar las cosas con calma y verlas desde otra perspectiva, es decir, el tiempo nos ayuda a ver la otra cara de la moneda.

 Después de pasar por momentos y situaciones que nos hacían pensar que el destino estaba siendo injusto con nuestra causa, llega un momento de iluminación que nos ayuda a darnos cuenta que, muy posiblemente, aquel cambio de planes pudo habernos arrebatado algo que queríamos, pero al mismo tiempo nos obsequió algo más, probablemente mucho mejor que aquello que anhelábamos al principio y esa es la sensación que todo el mundo siente en estos momentos.

La aparición de una pandemia que ha llegado a detener nuestros propios mundos, aquella burbuja individual que nos mantenía lejos del mundo exterior, el mundo creado por nuestros propios sentimientos, anhelos, realidades, problemas y la prisa que curiosamente, nos alejaba de nosotros mismos, un mundo que se ha cristalizado en una coraza tras sufrir un fuerte golpe por la realidad, una realidad que afecta a la colectividad y ha desacelerado nuestra prisa. Nuestros mundos individuales se han detenido, pero el mundo colectivo, el mundo de todos, sigue girando.

Hace unos cuantos días, todos y cada uno de nosotros teníamos planes y motivaciones, trabajo, escuela, pasatiempos y proyectos, ahora todos esos planes se han modificado y postergado, pues el problema que el mundo vive hoy en día nos ha hecho retroceder y ha parado el reloj, todos y cada uno de nosotros estamos(o deberíamos estar) en casa, nuestro lugar seguro.

Es bastante normal el sentir que todos nuestros planes se habían estropeado, que teníamos que reconsiderar nuestras opciones y postergar lo que queríamos hacer, pues cualquiera se sentiría mal o incluso molesto al tener que darle un alto a su vida y tener que quedarse en casa, que con el pasar del tiempo se podría volver algo muy tedioso y monótono. Con el paso de los días, se confirmó lo que creíamos,  se probaron todos los juegos de mesa, se pasó de una red social a otra, se limpió toda la casa y se intentó hacer muchas otras actividades con el fin de pasar el rato, pero llegó el momento en el que se siente que se ha hecho de todo y llega el hastío y la monotonía. Al mismo tiempo, todo nos paralizamos en simultáneo por el miedo y la necesidad de conocer que era lo que acontecía a nuestro alrededor.

Sin embargo, todo depende, ¿De qué depende?, de nuestra perspectiva. Es muy fácil ver el desastre y la tragedia, pero aquel que logra ver arte y esperanza en el caos, aquél que es sensible puede encontrar la belleza y la luz incluso en la noche más oscura. Al ver la otra cara de la moneda, al darnos ese momento urgente para parpadear y refrescar nuestra visión del mundo, encontramos la luz en las tinieblas. Es una situación difícil, pero es una de esa situaciones que unen a todo el mundo, independientemente de nuestro lugar de procedencia, nuestra edad y nuestras creencias, todos tenemos la vista en un fin común y tenemos una causa que nos une como civilización, una civilización nueva que nace de una lucha común por el bien común y se esfuerza por precautelar el bienestar de nuestros hermanos, cuando dejamos de vivir solamente por y para nosotros y luchamos por el bien común y por el amor, un amor que nos salva de caer.

También, en nuestra lucha individual, puede resultar aburrido permanecer en casa y no disfrutar de la riqueza del exterior, pero no puedes apreciar la riqueza exterior sin apreciar primero tu riqueza interior, eso se logra a través del tenue silencio de los detalles, tan imperceptible y cotidiano que pasa desapercibido: el dulce sabor de un café, la posibilidad de comer junto a tu familia, leer un buen libro, escuchar historias, ordenar tu espacio, hacer algo de ejercicio, platicar con amigos que se encuentran lejos, escuchar a tus artistas favoritos, ver la película o la serie que tanto te gusta, disfrutar y ser agradecido con Dios y con los demás, por darnos una posibilidad de encuentro con los cercanos y los lejanos y sobretodo, por ayudarnos a amarnos a nosotros mismo y dedicarnos un tiempo.

Es normal tener miedo, por eso es necesario ser cuidadosos y tomar precauciones, pero debemos dejar que renazca y florezca la esperanza, dejar el miedo a la deriva y embarcarnos en los mares de la esperanza, tener la certeza de que se avecinan tiempos mejores, el mundo renace y nosotros renacemos con él, el mundo se une y nos unimos a él, el mundo crece y nosotros crecemos con él…

Alex Alarcón.