Congreso de laicos, pueblo de dios en salida – Amagoia Majuelo

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Los días 14, 15 y 16 de febrero se llevó a cabo en Madrid el congreso de laicos y laicas Pueblo de Dios en salida, convocado por la Conferencia Episcopal. Este congreso ha sido el punto de encuentro tras un trabajo previo de análisis de la realidad que se ha hecho en las diócesis, congregaciones, movimientos, grupos, etc. y que se materializó en el Instrumentum laboris, que ha sido el marco de referencia en este congreso. 

En la línea sinodal que nos pide el papa Francisco, pudimos encontrarnos laicos y laicas, de muchas procedencias, movimientos, espiritualidades, carismas…, junto con religiosos/as, curas, obispos… Ha supuesto un ejercicio de diálogo, escucha y respeto, porque a pesar de tener todos una misma fe, las formas de vivirla y expresarla son muy diferentes, y llegar a puntos de acuerdo no siempre es fácil. 

Ha sido un congreso muy bien organizado, en el que los espacios «sin actividad» quedaban muy bien cubiertos con grupos de música cristiana en directo, y cabe destacar el concierto del sábado por la noche, en el que la alegría, el baile y la fiesta fueron los protagonistas. Sin duda, la música y otras expresiones artísticas y celebrativas hacen que las diferencias se diluyan, e invitan al encuentro. Son oportunidades pastorales que tenemos que aprovechar.

Se marcaron cuatro líneas de trabajo: 1) el primer anuncio; 2) acompañamiento; 3) procesos formativos; 4) presencia pública.

En cada una de ellas hubo una ponencia inicial y varios talleres en los que se compartieron experiencias y, posteriormente, un diálogo en pequeños grupos, en los que se pedían propuestas para convertir actitudes, activar procesos y proponer proyectos.

De este trabajo se recogieron algunas propuestas consensuadas en los grupos, que se resumieron en una ponencia final, de la que quiero destacar algunas ideas, a las que he añadido una pequeña reflexión de aplicación a la pastoral con jóvenes:

  • Somos una Iglesia en comunión, donde no hay cristianos de primera ni de segunda, todas las personas somos hijos de Dios, hermanos, con la misma dignidad y debemos caminar de la mano. 

Los jóvenes de hoy en día se rebelan contra las diferencias sociales, quieren ser en igualdad, y sentirse protagonistas en los ámbitos en que se mueven. Tenemos el reto de hacerles sentir que también son parte corresponsable de la Iglesia, de darles el protagonismo que reclaman, y ellos/as mismos son oportunidad pastoral, porque, ¿quién mejor que los/as jóvenes para llegar a otros jóvenes?

  • Tenemos que ser sal y luz, ser cristianos de nuestro tiempo. Para ello es necesario partir de la oración y salir a las periferias, encontrándonos y dialogando, estando abiertos y acogiendo a quienes están en búsqueda, cercanos a los pobres y a quienes sufren, siendo testigos del Evangelio, y partiendo de lo pequeño para conseguir llegar a lo grande. 

La época de mayores búsquedas en la vida de toda persona suele estar en la adolescencia y juventud. Es un espacio privilegiado para acercar la Buena Noticia, para invitar a descubrir a Jesús, para proponer un estilo de vida alternativo desde la fe.

Pero previo a ello es el encuentro, hallar puntos en común que nos hagan sentir «conectados» con quien tenemos al lado, para ponerle nombre, hacerle parte de nuestra vida, y desde ahí compartir el camino y, ¿por qué no? descubrir o redescubrir la fe. La música, el arte, la cultura… son espacios privilegiados para ello. 

Los/as jóvenes se sienten a gusto conociendo nuevas realidades, se sienten útiles en el contacto con el necesitado, con las distintas realidades de pobreza que tenemos a nuestro alrededor, y esta es una sensibilidad que nos pone al alcance de la mano la oportunidad de evangelizar.

  • Estamos llamados/as a cumplir el sueño de Dios para cada uno/a, a desarrollar y vivir nuestra vocación, a hacer de nuestra vida misión.

Acompañar los procesos vocacionales es uno de los mayores regalos que podemos hacer, y que nos pueden hacer a la vez. No podemos dejar de invitar a nuestros/as jóvenes a hacer un proceso de discernimiento en el que ser sus compañeros de camino (con la adecuada formación y preparación), siempre dejando que ellos/as sean los protagonistas y responsables de su propia historia.

  • Son claves las relaciones y la misión compartida. En ellas nos jugamos mucho.

En un mundo que nos invita al individualismo y a las relaciones a través de la tecnología, tenemos que estar cada vez más cercanos a los/as jóvenes. Dios es amor, y ese amor se hace presente en la palmada de ánimo, la mirada comprensiva, el abrazo acogedor, el beso que perdona… 

Cuando queremos y nos sentimos queridos, no cabe la soledad, y comprendemos que la misión del Reino no es solo cosa nuestra, sino que somos parte de algo más grande en lo que tenemos mucho que aportar. La misión es de todos/as.

Un reto que puede desprenderse de este punto son las comunidades intergeneracionales. Existen muchos grupos de jóvenes que siguen procesos hasta una determinada edad, y después los procesos quedan incompletos. Crear vínculos, redes, entre comunidades puede ayudar a ofrecer procesos que sean válidos para toda la vida. 

  • Una Iglesia en salida no es posible sin reconocer el papel de la mujer en la Iglesia, el protagonismo de los jóvenes en nuestras comunidades y la inclusión en ellas de personas con diversidad funcional.

La pastoral juvenil tiene que ser integradora, adaptarse a los ritmos y necesidades y facilitar que nadie quede excluido ni se sienta menos que los demás. Nuestros/as jóvenes tienen que sentirse protagonistas, parte imprescindible de las comunidades y procesos, fuente de ilusión, esperanza y compromiso con el Reino. 

  • Para activar procesos y proponer proyectos son claves el discernimiento como actitud y metodología; la creatividad desde la escucha al Espíritu y como oferta al mundo.

Es necesario un esfuerzo en ser creativos, en hacer propuestas que confronten con la realidad, que cuestionen, que interpelen en la búsqueda de sentido y en el discernimiento de la vocación. Para ello hay que partir de la realidad en la que se mueven nuestros/as jóvenes, desde su lenguaje, en diálogo con sus preocupaciones, sus intereses, y esto exige un ejercicio de «estar», de compartir tiempo y espacios, de convivir. 

 

Para concluir, incluyo algunas propuestas concretas que surgieron desde los grupos de trabajo, sacadas de la ponencia final: 

  • Primer anuncio. Necesidad de procesos de iniciación cristiana que favorezcan el encuentro personal con Cristo. También se pide explorar formas para acoger y acompañar a los que buscan y a quienes se han alejado de la fe, así como conocer iniciativas de primer anuncio que ya se están haciendo. 

En referencia a los proyectos, la propuesta más significativa por parte de los grupos es la creación de escuelas de evangelizadores y para el primer anuncio.

  • Acompañamiento. Proponer procesos de acompañamiento como actitud pastoral básica en lo que hace referencia a las personas y a los grupos. En este sentido, se ha hablado de cuidar el acompañamiento de personas en situación de sufrimiento y vulnerabilidad, de los matrimonios y familias, de los jóvenes y, más en general, para el discernimiento de la propia vocación.

Los proyectos asociados a estos procesos que pueden ayudar a desarrollarlos son, entre otros, la promoción de grupos y redes de acompañantes, la creación de grupos de acogida en las parroquias y la puesta en marcha de escuelas de acompañamiento y discernimiento espiritual. También valoramos como una propuesta importante la elaboración de un plan de formación en el acompañamiento.

  • Procesos formativos. Activar procesos continuados de formación en la fedesde la infancia hasta la edad adulta en los que el laico sea el protagonista.

Entre los diferentes proyectos planteados se ha hablado de la necesidad de difundir itinerarios de formación para toda la vida, de la creación de escuelas de Doctrina Social de la Iglesia y de la promoción de escuelas de formación de comunicadores cristianos que nos ayuden a emitir adecuadamente el mensaje que propone nuestra fe.

  • Presencia en la vida pública. Activar procesos de diálogo con la sociedad civily cuidar especialmente que nuestro compromiso en la vida pública no quede excluido del acompañamiento por parte de nuestras comunidades de referencia.

En cuanto a los proyectos concretos, la promoción de foros y espacios de encuentro para los católicos comprometidos en el ámbito de la política puede ayudar eficazmente en la opción por la transformación de la realidad para la construcción del bien común. Un proyecto destacado guarda relación con el cuidado de la casa común, y para ello se propone la incorporación en la vida diocesana de órganos y acciones específicas para promoción de la ecología integral.

También es importante promover, potenciar, profesionalizar y estructurar los contenidos de nuestra presencia en internet y las redes sociales a través de la generación de proyectos evangelizadores.

 

 

TEXTO DESTACADO

Ha supuesto un ejercicio de diálogo, escucha y respeto

Es importante promover, potenciar, profesionalizar y estructurar los contenidos de nuestra presencia en internet y las redes sociales

 

 

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