Como a ti mismo… ama – José Antonio Rosa Lemus

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COMO A TI MISMO… AMA

José Antonio Rosa Lemus

joseantoniorl@maristasmediterranea.com

@JosAntRosaLemus

«Amarás al prójimo como a ti mismo» Mc 12,31

Las personas somos un todo: somos lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos. Este «todo» que somos es lo que estamos llamados a amar, como solo Dios lo hace: incondicionalmente… Pero qué difícil es, qué cuesta arriba se nos hace… Sin embargo, como diría el anuncio, «permítanme que insista», esta es la forma en la que nuestro Padre Dios nos ama. Él no renuncia a nada de lo que tenga que ver con nuestra vida. Así las cosas, la pregunta sería: ¿en qué medida, en nuestra pastoral juvenil, contemplamos en nuestros temarios, en nuestras convivencias, en nuestros acompañamientos personales, el que los jóvenes puedan tener la oportunidad de acercarse a ellos mismos para amar (conocer y gestionar) lo que piensan, lo que sienten, lo que hacen, lo que son en definitiva, de tal manera que se puedan sentir transformados y renovados con una fuerza que les haga seguir creciendo como personas, como cristianos, dando vida? Merecerá la pena, desde ya, hacerse esta pregunta con la intención clara de responderla, comprometiéndonos con dicha respuesta, reconociendo que en el fondo lo que estaremos consiguiendo será que aumente la probabilidad de que Dios se pueda hacer presente en todos los aspectos y las dimensiones de la vida de nuestros jóvenes.

Las personas somos un todo: somos lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos. Este «todo» que somos, es lo que estamos llamados a amar, como solo Dios lo hace: incondicionalmente…

En esto queremos centrar nuestro artículo acerca de la gestión emocional, en el hecho de que, si queremos una pastoral juvenil ajustada a la realidad de hoy, tiene que ser una pastoral integral e integradora, en el acompañar a los jóvenes. De esta manera, se puede obtener como resultado unos jóvenes que amen con total generosidad; porque, conociéndose, se amen a sí mismos y se sientan amados por Dios, siendo necesario, para lograrlo, trabajar todo lo que tiene que ver con su interior, como personas. Concretamente, con este artículo, nos centraremos de manera especial en todo aquello que tiene que ver con las emociones y su educación–gestión.

Ojalá, al terminar esta lectura, querido pastoralista, catequista, miembro de itinerario de educación en la fe, de un movimiento, en definitiva, querido agente de pastoral juvenil (PJ), hayamos conseguido tres pequeños objetivos:

  • Argumentar la importancia de que la pastoral juvenil del siglo XXI, y más en estos tiempos de pandemia que nos está tocando vivir, donde estamos viviendo situaciones que nos desbordan emocionalmente, está llamada a caracterizarse por ser, como decíamos antes, integral e integradora, contemplando esta dimensión fundamental como es la emocional.
  • Profundizar en la experiencia de Dios, sabiendo que, para ello, es imprescindible ahondar en la dimensión emocional de la persona, a través de la educación emocional, ya que esta puede ayudar y mucho en el acompañamiento pastoral a nivel personal y comunitario de nuestros jóvenes.
  • Ofrecer pistas para cómo realizar dicho acompañamiento comunitario y personal, desde la educación emocional.

Me emociono… Lo reconozco, ¿y tú?

Jairo le dijo a Jesús en Mc 5,23: «Mi hija está agonizando». La hija de Jairo se moría. En un intento de exégesis de esta frase, con mucho respeto, ¿te imaginas por un momento, querido lector, que la hija de Jairo, jefe de una sinagoga judía, no fuera su hija biológica, sino su propia comunidad, a la que él atendía? Una comunidad, agonizante como nos dice Marcos, a la que su religión, la atención que Jairo le propiciaba como puente entre Dios y ellos, no estaba dando respuesta a sus preguntas de sentido, a lo que acontecía en su vida, en su historia. Por esto Jairo busca a Jesús. ¿Qué fue lo que hizo Jesús entonces? Dirigirse a ella, «tomarla de la mano», en definitiva, «tocar su realidad», y ella se levantó, porque no estaba muerta, como decían sus discípulos, antes de llegar, sino dormida. La comunidad de Jairo, «su hija», se vio tocada, atendida, por Jesús, en su situación vital, en sus necesidades reales; y gestionarlas, acogerlas, es lo que hace que se levante, que se reincorpore a su vida… Jairo, respondiendo a la pregunta de este apartado del ¿y tú?, vivía sin reconocer, probablemente, qué sentía su comunidad en el día a día, en su historia: miedo, tristeza, enfado, etc. Situación que conseguía que su comunidad se sintiera alejada de Dios, y él se veía impotente de cara a poder acercarlo. Esto va a ser muy distinto con Jesús.

La comunidad de Jairo, «su hija», se vio tocada, atendida, por Jesús, en su situación vital, en sus necesidades reales y gestionarlas, acogerlas, es lo que hace que se levante, que se reincorpore a su vida…

Uno de nuestros objetivos, con estas líneas, quiere subrayar que la pastoral juvenil (PJ) de este siglo tiene que optar por ser integral e integradora, cuidando su relación con la gestión emocional de y en las personas, como sí consiguió hacer Jesús con la comunidad, hija de Jairo, según narramos en el párrafo anterior. Y es que, de todas las acepciones del adjetivo integral que encontramos en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua (RAE), nos quedamos con que comprende todos los elementos o aspectos de algo. Si ese algo es la PJ, hemos de decir que efectivamente la educación emocional y su gestión debe contemplarse dentro del trabajo a realizar en ella, sin lugar a duda, junto a otros muchos: la oración en el cristiano, el compromiso solidario, la orientación vocacional, etc. Nuestros jóvenes necesitan que su historia, que ese todo que son y que señalábamos al principio del texto, se acoja plenamente y no lo haremos si dejamos fuera la dimensión emocional y su gestión, porque, en lo humano, lo emocional influye vitalmente; y si desde la fe no le damos cobertura, el resultado puede ser el de unos jóvenes que no tendrán integrado como una variable a tener en cuenta en el seguimiento de Jesús, la variable emocional y lo que de ella se deriva, de cara a su proyecto personal de vida, viéndose influenciados, incluso negativamente, los procesos de toma de decisiones, el testimonio que estamos llamados a dar en nuestra sociedad y su correspondiente transformación, etc.

Nuestros jóvenes necesitan que su historia, que ese todo que son y que señalábamos al principio del texto, se acoja plenamente y no lo haremos si dejamos fuera la dimensión emocional y su gestión

Cuando explícitamente, como joven, me invitan a abordar el tema de saber qué siento, identificando mis emociones, qué pensamientos y qué conductas están ligadas a dichas emociones, cómo puedo regularlas y gestionarlas, se me transmite un mensaje claro: «soy un todo». Desde aquí es desde donde puedo plantearme mi seguimiento a Jesús; y muy importante es que, desde aquí también, es desde donde Dios me ama con locura. Imprescindible, pues, que en nuestros temarios y en nuestras acciones pastorales se contemplen, en relación con la educación emocional, aspectos como:

  • La conciencia emocional (ayudar a poner nombre a lo que sentimos, a las emociones básicas que encuentra la persona dentro de sí, como reacción ante eventos de fuera o de dentro).
  • Su regulación–gestión (cómo expresarlas, ante quién, dónde) y su conexión con pensamientos, conductas y consecuencias.
  • La autonomía emocional: característica propia de alguien que establece vínculos afectivos con otros, de manera libre y responsable.
  • Las habilidades sociales: necesarias en nuestras relaciones con los demás, teniendo como objetivo el que sean positivas.
  • La competencia para construir el bienestar personal: competencia emocional muy relacionada con el proyecto personal de vida.
  • La tolerancia a la frustración: significa ser capaz de afrontar los problemas y las limitaciones que nos encontraremos a lo largo de la vida, a pesar de las molestias o incomodidades que puedan causarnos. Por lo tanto, se trata de una actitud y, como tal, puede trabajarse y desarrollarse. Competencia, a todas luces, fundamental en tiempos de pandemia, momento en el que nuestros planes no se están pudiendo llevar a término tal y como los pensamos.
  • La gestión de la impulsividad: es la capacidad de la persona para poder reconducir y canalizar las reacciones inmediatas que surgen en ella por la aparición de un acontecimiento externo o interno.
  • La asertividad: es la capacidad de defender los derechos de uno mismo, sin dejar a un lado los derechos de otros.
  • La autoestima: es la valoración que una persona hace de su autoconcepto, es decir, de la idea que tiene de sí misma.

Si lo pensamos un poco, todo lo concerniente a lo emocional será un elemento fundamental para el joven, por estar ligado a sus procesos de toma de decisiones, como elemento que ayuda a tener criterio para optar por un comportamiento u otro, por un camino u otro, por una opción u otra, etc. ¿No fue cuestión de gestión emocional (gestión del miedo y de la tristeza) lo que le sucedió a los discípulos de Emaús (Lc 24,32), cuando se encontraron con «Aquel Desconocido» en el camino y lo sentaron con ellos a la mesa: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino (Jesús) y nos explicaba las Escrituras?». Fue la adecuada gestión de sus emociones en aquella experiencia, entre otras cosas, lo que les hizo volver «de noche» y corriendo a avisar a los apóstoles de que Jesús había resucitado.

Todo lo concerniente a lo emocional será un elemento fundamental para el joven, por estar ligado a sus procesos de toma de decisiones

Al ir pensando sobre lo que vamos comentando en este artículo, seguro que nos vamos dando cuenta de la importancia de la gestión emocional, que está llamada a hacer el catequista, el agente de PJ, con los jóvenes que acompaña, ya sea en grupo, o personalmente, conectándola con otras dimensiones de sus vidas. Y ni que decir tiene, la importancia de que él mismo, como persona y como cristiano, haya realizado este mismo trabajo consigo mismo. Tendremos un apartado dedicado solo a este tema del catequista–agente de PJ, debido a lo crucial del mismo.

No podemos terminar este sin indicar que esta educación emocional que invitamos a realizar en la PJ es imprescindible que se entienda como un proceso, ya que las circunstancias que se van viviendo a cada edad no son las mismas. Por ello, animamos a que se enseñe este tipo de educación por fases, las cuales queden claramente especificadas en los temarios de nuestros itinerarios de educación en la fe, para ayudar a pasar de una dependencia emocional de los años de la infancia y la preadolescencia hacia una autonomía emocional deseada y buscada en la adolescencia y la juventud. La autonomía emocional, nos dice Bisquerra (2018) en el prólogo al libro de Guerrero (2018)[1], es una competencia emocional que debe ser aprendida, por lo que concluimos que se puede enseñar. Ánimo y a plantearla en la PJ. Tengamos en cuenta que la persona que ha adquirido esta competencia establece vínculos afectivos con otras personas desde la libertad y la responsabilidad, condición absolutamente necesaria para un auténtico seguidor/a de Jesús y su Evangelio, el cual, entonces, estará en condiciones de mostrar una adhesión personal por quien es la Buena Noticia.

Esta educación emocional que invitamos a realizar en la PJ es imprescindible que se entienda como un proceso

Emoción y experiencia de Dios. ¿Conectadas?

Definiendo que es gerundio… Emoción, según el Diccionario de Neurociencia de Mora y Sanguinetti, es «toda reacción conductual y subjetiva producida por una información proveniente del mundo exterior o interior (memoria) del individuo que se acompaña de fenómenos neurovegetativos»”. Experiencia, según el Diccionario de la RAE, es «hecho de haber sentido, conocido o presenciado alguien algo». ¿Y Dios? Dios es AMOR.

Sentir, conocer y presenciar el Amor de Dios necesita de la capacidad de las personas para identificar sus propias reacciones ante lo que va aconteciendo en su día a día (identificación–conciencia emocional), para desde ahí ir tomando decisiones de cara a su proyecto personal de vida (regulación emocional y conexión con nuestras conductas), siempre estando en contacto y en relación con el mundo que le rodea

En una sola frase u oración, nos atrevemos a decir que sentir, conocer y presenciar el Amor de Dios necesita de la capacidad de las personas para identificar sus propias reacciones ante lo que va aconteciendo en su día a día (identificación–conciencia emocional), para desde ahí ir tomando decisiones de cara a su proyecto personal de vida (regulación emocional y conexión con nuestras conductas), siempre estando en contacto y en relación con el mundo que le rodea. Es imprescindible ayudar a nuestros jóvenes a saber «leer», en lo que van viviendo y en las experiencias que les vamos proponiendo desde la PJ, la presencia de Dios en su historia. Para esto, de cara a acompañar y trabajarlo con los jóvenes, será fundamental, de entrada, que el catequista sepa que las emociones se caracterizan por lo siguiente (Guerrero, 2018). En algunas, la aplicaremos a la PJ:

  • Ocurren irremediablemente. Aparecen de manera incontrolada y no se pueden evitar. No se puede hacer nada para que no sintamos miedo, alegría, tristeza. El compromiso de seguir a Jesús puede conllevar, cuando los jóvenes intuyan lo que significa, miedo en ellos, siendo necesario generar un espacio para expresarlo, para orar con él y celebrarlo incluso en comunidad. ¡Cuánto bien puede hacer a estos jóvenes el acercarles a ese Jesús que siente miedo, a través de una catequesis que lo explique en una convivencia en tiempos de Pascua!
  • Reacciones involuntarias. Las emociones se producen de manera automática e inconsciente, por esto son reacciones y no respuestas. Nos imaginamos en una experiencia de servicio, donde ayudamos a asear a personas mayores, las emociones que esto puede generar en los jóvenes, quedándose «removidos». Será muy importante permitirles expresar lo que sienten para, desde ahí, ayudarles a hacer una lectura desde Dios Amor, el cual ama incondicionalmente. El tomar conciencia de emociones como las que se puedan generar aquí puede hacernos conectar con nuestra limitación como personas, con nuestra fragilidad, viendo en el grupo, en la comunidad, el espacio donde Dios aprovecha para sostenernos. No obstante, en todo esto y para esto hay que educar en lo comunitario también.
  • Las emociones están cargadas de un tinte personal muy importante. Todos sentimos emociones, en lo que nos distinguimos es en el objeto, situación o persona hacia la que sentimos dicha emoción. Imprescindible tenerlo presente para acompañar, en lo personal y lo grupal, en distintas sensibilidades vocacionales de nuestros jóvenes.
  • Se dan como respuesta al exterior (acontecimientos) o interior (pensamientos). Esto es algo propio del ser humano.
  • Las emociones nos pueden cambiar el presente en milésimas de segundos, porque se dan en el aquí y en el ahora. Si lo pensamos, en estos tiempos de pandemia, donde se están dando en tantas familias situaciones de enfermedad, de muerte, de limitación en los movimientos, de pérdida de relaciones, de trabajo, etc., será muy importante que en la PJ se generen momentos (reuniones, convivencias presenciales o por videoconferencias) y materiales para poder compartir las emociones que están viviendo los chicos y los sentimientos[2] que se estén generando en ellos. Es imprescindible ayudar a los jóvenes a elaborar el significado de esas emociones y de esos sentimientos, desde la esperanza que propone Jesús. Cuanto más, cuando pensar sobre la muerte en exceso, en ideas como el suicidio, acerca del final de la vida y del sentido de la misma, en las enfermedades y sus consecuencias, en la fragilidad de la vida, están siendo señales de que les está afectando la COVID-19, generándoles mucho sufrimiento, el cual, si se gestiona adecuadamente, como estamos indicando, no tiene por qué tener esta repercusión en su psicología.

Es imprescindible ayudar a los jóvenes a elaborar el significado de esas emociones y de esos sentimientos, desde la esperanza que propone Jesús

  • Corta duración. Las emociones son breves y pasajeras. Conocer esto puede ayudar y mucho a los jóvenes que participan de la PJ de cara a la gestión de dichas emociones. Y es que de aquí se puede derivar un mejor proceso de toma de decisiones, donde esas emociones puedan llegar a influir. Tengamos en cuenta que algo que caracteriza a esta etapa de la juventud, a la que servimos y acompañamos, es que se dejan llevar rápidamente por lo que sienten en cada momento, sin realizar una profunda reflexión acerca de lo que están sintiendo y pensando y de sus posibles consecuencias. Sin embargo, con esta información, se les hará más capaces de realizar una reflexión más ajustada y realista.
  • Acompañadas de sensaciones corporales, pensamientos y acciones. Es necesario que remarcar que la emoción suele ir acompañada de una tensión corporal (sensación), de alguna idea (pensamiento) y de una conducta (acción). Conocer este esquema ayudará a los jóvenes a desmenuzar lo que van viviendo y experimentando, al poder ponerle «nombre y apellidos» a dicha experiencia.
  • Necesarias para la supervivencia. Nos ayudan a protegernos y, bien gestionadas desde la PJ, serán un elemento fundamental para todo lo que tenga que ver con el experimentar el Amor de Dios en lo que se vaya viviendo, pensando en posibles discernimientos que se tengan que llevar a cabo.
  • Miedo y tristeza, sentimiento de frustración, sería lo que sintieron los apóstoles al comenzar su primera reunión después de la muerte de Jesús, y seguro que quien no lo vivía así, se dejó contagiar por los que sí lo hicieran. De la misma manera, la alegría por saberlo resucitado también se contagió, seguro. La PJ debe asumir el efecto contagioso de las emociones de cara a su gestión con los jóvenes, y a la que ellos tienen que hacer consigo mismos.
  • Aproximación o defensa. Todas las emociones nos llevan a acercarnos o a huir de la personas o situación que genera dicha emoción. ¿Y si esa persona o situación está relacionada de alguna manera con Dios? ¿Vemos la importancia de saber identificarla a ella y a la conducta–reacción que haya conllevado?

Conocer estas características de las emociones, las consecuencias que pueden tener para nuestra vida, y gestionarlas, aumentarán, sin duda, la probabilidad de comprender que creer en Dios no nos evita toda circunstancia humana (enfermedades, pérdidas, muerte, etc.), sino que, lo que verdaderamente sucede es que Él está en todo lo que nos acontece. Y no solo eso, sino que cuenta con nosotros para, como Jesús hizo con la hija de Jairo, «tocar la realidad» y transformarla. En el caso del agente de PJ, para conseguir este efecto transformador desde Dios, será imprescindible que esté formado en educación emocional[3] y en tener experiencia de haberse trabajado y/o estar haciéndolo.

Dios cuenta con nosotros para, como Jesús hizo con la hija de Jairo, «tocar la realidad» y transformarla.

Interioridad, gestión emocional y corazón. ¿Un programa de contenido rosa?

Llegados a este punto, podríamos pensar que, si nos disponemos a reflexionar acerca de la interioridad en pleno siglo XXI y lo que pueda tener que ver con la gestión emocional, estaríamos delante de un conjunto de ingredientes perfecto para comenzar un programa del corazón, un programa rosa o de cotilleo, pero nada más lejos de la realidad.

Es cierto que, en la actualidad, si hablamos del corazón, pueden venirnos todo tipo de programas, incluso con títulos salvíficos, denominados de esta forma: «del corazón». Pero, atención, nada tendrán que ver con un corazón centrado en la interioridad, tal y como la entendían los judíos. No podemos saltar a otra cosa sin tener claro que, para los hebreos que escribieron las Sagradas Escrituras, el corazón es la sede de los sentimientos y las emociones, y junto a ellas también de la inteligencia y la voluntad, de los proyectos y las decisiones, del pensamiento y la reflexión[4]. Así las cosas, y uniéndolo con lo que nos trae aquí, si queremos hablar de educación y gestión emocional en la actualidad, se necesita conectarla con este corazón–interioridad de la Biblia. Hacerlo supondrá haber tomado conciencia, por parte del agente de PJ, de que nuestros jóvenes están necesitados, y más en los tiempos que corren, de espacios para apelar a la autenticidad de lo que van viviendo y descubriendo de ellos mismos, frente a una hipocresía del ritualismo y el moralismo que el joven actual huele a distancia, y de la que huye rápidamente. Este es el camino (educación emocional, educando en la interioridad), como nos dice Bautista (2007), para reconstruir una interioridad madura, abierta a los demás y al Otro, y no una interioridad de autocentramiento, que hace a la persona superficial y vacía en cuanto a significados acerca de lo que vive y descubre. Desde esta interioridad, tal y como la describimos aquí, los jóvenes, ayudados por los agentes de PJ, podrán hacer relectura de lo que van experimentando (emociones, sentimientos, pensamientos, acciones), abriéndose así a la trascendencia y situándose ante el Misterio, creándose así la posibilidad de creer en un Dios que sí está dispuesto a acompañarles en las dudas, las incertidumbres, los miedos que encuentran en ellos mismos, como lo hizo con el propio Jesús de Getsemaní, en la oración en el huerto, el huerto de los olivos.

Si queremos hablar de educación y gestión emocional en la actualidad, se necesita conectarla con este corazón–interioridad de la Biblia

Es de esta manera como comprobamos que es vital esta gestión emocional, acompañada, eso sí, por los agentes de la PJ y realizada por los propios jóvenes, en este ámbito de la interioridad, ya que se convertirá en el espacio para descubrir distintos niveles de profundidad en su existencia, y desde donde podrán situar su proyecto personal de vida, de manera libre y responsable, que es lo que Dios quiere de nosotros; al fin y al cabo, que seamos nosotros mismos.

Y en todo esto, para el agente de PJ: ¿el joven es admirable?

En todo esto de la gestión emocional y del cuidado de la interioridad, por lo tanto, el agente de PJ será un enviado de su comunidad, de la Iglesia, para este servicio, y se le pedirá que al menos tenga cierto recorrido personal, formación y experiencia en ello. Será necesario pedirle una adecuada gestión emocional y cuidado de su corazón (concepto judío), de su interioridad, además de una mínima formación, como ya hemos indicado más arriba, para poder acompañar en estas dimensiones a grupos de jóvenes y/o en su acompañamiento personal, si lo solicitaran.

En todo esto de la gestión emocional y del cuidado de la interioridad, por lo tanto, el agente de PJ será un enviado de su comunidad, de la Iglesia, para este servicio, y se le pedirá que al menos tenga cierto recorrido personal, formación y experiencia en ello

Junto a lo descrito en el párrafo anterior, queremos hacer hincapié también en que, en dicho agente de PJ, debemos encontrar una emoción básica como es la admiración. Y antes de ahondar en ella, animamos a que se trabaje también esta en los planes de formación para catequistas; se puede hacer con módulos de escucha activa, por ejemplo. Nos dice Aguado (2018), en un pequeño texto, dentro del libro Educación emocional y apego, de Rafael Guerrero (2018), que la admiración requiere de la contemplación sin juzgar, sin criticar o enjuiciar, porque de no hacerlo así, ya solo vemos, no miramos, pasando a ser interpretado lo que observamos y escuchamos y, por lo tanto, no atendido en su esencia desde quien lo plantea, pudiendo generar incomprensión y puede que desconexión en el joven que se expresa. Aguado lo escribe para un contexto terapéutico, diciéndolo de la relación terapeuta–paciente, pero lo vemos absolutamente extrapolable a nuestra relación con los jóvenes, con total claridad, como agentes de PJ. Porque, ¿no es así como nos mira Dios a cada uno de nosotros y de nosotras que somos sus criaturas, sus hijas y sus hijos, con total admiración?

¿No es así como nos mira Dios a cada uno de nosotros y de nosotras que somos sus criaturas, sus hijas y sus hijos, con total admiración?

Si quien admira es el agente de PJ, probablemente referente para los jóvenes de su grupo, y para la comunidad a la que pertenecen ambos, y lo hace sobre cada uno de los jóvenes de su grupo, ya sea desde el acompañamiento grupal y/o el personal, su mirada puede producir en los jóvenes un estado de pertenencia y vinculación. Por lo que, de esta manera, los jóvenes se podrán mirar a sí mismos, se podrán parar a reflexionar y profundizar en aquello que sintieron que sus referentes, sus catequistas, esos agentes de PJ, miraron y admiraron. Y es que, cuando un catequista admira, mira hacia el joven para escucharle atentamente en lo que comparte, se crea el ambiente propicio para la reflexión, para la elaboración de significados por parte de dicho joven de las emociones, los sentimientos, los pensamientos, las acciones sobre las que esté centrado en ese momento de su vida. Y es que, además, cuando se mira, como dice Aguado, a quien se mira se le hace único; el joven se reconoce como persona, por estar ahí una persona a la que la comunidad ha formado para ello, dedicándole un tiempo muy importante para el cuidado de su interioridad. Este mirar se va a caracterizar por el respeto, la escucha activa que despliegue el agente de PJ, ya que en esta acción el joven puede llegar a tener la oportunidad de ver a Dios, un Dios que se hace presente en su historia, a través de la atención de dicho agente de PJ, como mediación, validando sus emociones, lo que siente, lo que hace y lo que piensa, con el ánimo de que sea él mismo quien reflexione sobre la idoneidad o no de lo que descubre de sí mismo, para su proyecto personal de vida, desde el Evangelio. Y es que hemos de reconocer que la mirada, en la relación joven–catequista, además de generar contemplación en el segundo hacia el primero, anima a ambos al descubrimiento; al catequista a la comprensión de lo que el joven quiere y necesita compartir, consiguiendo en algunos casos, incluso, pasar de la alarma a la calma, dependiendo del contenido, de cara a poder gestionar aquello que se comparte y lo que supone para la persona.

Recordemos, pues, que será identitario de una adecuada gestión emocional como agentes de PJ, ya sea del grupo o personal, la forma en que seamos capaces de «admirar» a nuestros jóvenes.

El agente de PJ: vocación de experto emocional

No queremos terminar estas líneas sin detallar aún más cómo un agente de PJ puede llegar a convertirse en un auténtico experto emocional (horizonte emocional deseado), siendo enviado por la comunidad, para que ayude a los jóvenes a gestionar todo lo que tiene que ver con su corazón (concepto judío–bíblico), su interioridad[5]. De cara a esto, creemos que deben darse en ellos las siguientes siete fases. No perdamos de vista, antes de enumerarlas y de describirlas, y a medida que vayamos profundizando en ellas, que estas mismas se pueden trabajar, en clave de proceso y en reunión o convivencias, con los mismos jóvenes, para llegar a convertirlos, también a ellos, en expertos emocionales.

Un agente de PJ puede llegar a convertirse en un auténtico experto emocional (horizonte emocional deseado)

 

FASES-EXPERTO EMOCIONAL[6]

NOMBRE

FASE 1

Conocer cuáles son las emociones básicas y para qué sirven.

FASE 2

Reconocer las emociones en nosotros mismos y en los demás.

FASE 3

Legitimar las emociones.

FASE 4

Aprender a regular las emociones.

FASE 5

Reflexionar sobre la emoción que estamos sintiendo.

FASE 6

Actuar las emociones de manera adaptativa.

FASE 7

Establecer una historia o narrativa.

Tabla 1. Fases para convertirse en experto emocional.

 

  1. FASE 1. Conocer cuáles son las emociones básicas y para qué sirven

Las emociones básicas son aquellas que se dan de manera universal en todo ser humano. Existen varios modelos de dichas emociones, de tal manera que no coinciden las mismas en todos. Nosotros optamos por señalar como básicas: el miedo, la rabia, la tristeza, el amor, la alegría, la curiosidad, la vergüenza, la admiración. En esta primera fase, será importante que el agente de PJ las conozca y que sepa en qué consisten y para qué sirven. Para ello, podemos realizar, además de la enumeración y la explicación de dichas emociones básicas, un ejercicio donde, de cada una de ellas, digamos contextos donde se da (situación en la que estamos cuando se presenta), las sensaciones que tenemos cuando la encontramos en nosotros (¿qué sensación tuviste?), el pensamiento que se dio (¿qué pensaste?) y la acción asociada (¿qué hiciste?).

  1. FASE 2. Reconocer las emociones en nosotros mismos y en los demás

Para ser un experto emocional, es necesario tomar conciencia de que es complejo reconocer las emociones tanto en uno mismo como en los demás, pero que, junto a esto, reconocerlas es fundamental para mantener unas buenas relaciones y disfrutar de ellas en nuestro entorno. Como venimos del conocimiento en la fase anterior, debe ser más fácil el reconocimiento. Para ayudarnos en esto del reconocimiento, será imprescindible profundizar en lo que es y supone la empatía. Ella nos permitirá detectar las emociones de los demás. Para poder trabajarla, en el libro de Guerrero nos invitan a pensar en una situación desagradable que haya vivido algún amigo o algún familiar y que sobre esa situación intentemos responder a las siguientes preguntas centrándonos en primer lugar en esa persona y luego en nosotros:

  • ¿Qué emoción o emociones estaba sintiendo esa persona?
  • ¿Qué gestos tenía y qué conductas hacía?
  • Y ahora, centrándote en ti, en ese momento en el que intentas averiguar cómo se puede estar sintiendo el otro: ¿qué emociones sentiste?, ¿qué sensaciones notaste?, ¿qué pensamientos tuviste?, ¿qué conductas llevaste a cabo?
  • El haberte puesto en el lugar de tu familiar o amigo y también en el tuyo, ¿en qué ha cambiado la manera de ver y entender lo que le pasó?, ¿ha cambiado tu manera de sentir respecto a tu familiar o amigo?, ¿de qué te has dado cuenta?[7]
  1. FASE 3. Legitimar las emociones

Un experto emocional será aquel que sea capaz de aceptar y permitir la expresión de la emoción que estemos sintiendo en sí mismo, y que pueda ayudar a otros a que puedan conseguir lo mismo. Este aspecto es muy importante de cara a trabajar con jóvenes. Todas las emociones, nos dice Rafael Guerrero, han de ser aceptadas y respetadas como verdaderas y nunca deben ser juzgadas. Un experto emocional será capaz de aceptar y no juzgar las emociones que otros compartan, aspecto muy valorado por los jóvenes cuando se les acompaña. Harina de otro costal será la conducta que esté asociada a dichas emociones. Lo veremos a continuación, porque de las conductas sí que somos responsables las personas.

  1. FASE 4. Aprender a regular las emociones

No será suficiente con conocer las emociones, será necesario también ser capaces de regularlas. Con esto nos referimos a adquirir la capacidad de guiar nuestro comportamiento de manera autónoma sin caer en la manipulación que pueden llegar a producir en nosotros las emociones. En esto puede ayudarnos, y mucho, seguir, ante la presencia de emociones como el enfado, estrategias como: autoinstrucciones, autoobservación y autoevaluación de nuestra conducta.

  1. FASE 5. Reflexionar sobre la emoción que estamos sintiendo

El experto emocional hace uso del proceso de mentalización, el cual consiste en dedicarse un tiempo a reflexionar sobre la emoción que se está sintiendo, las ideas o pensamientos asociados, las sensaciones y las acciones o comportamientos. Que nuestro agente de PJ alcance esta fase es garantía de que podrá hacerlo también con los jóvenes que acompaña.

  1. FASE 6. Actuar las emociones de manera adaptativa

En esta sexta fase podemos ya decir que, si estamos dejándonos guiar por las anteriores fases tal y como las proponemos, a la hora de actuar nuestras emociones, lo haremos de una forma más adaptada y sana. Esto, pensando en la elaboración del proyecto personal de vida de los jóvenes, será tremendamente importante.

  1. FASE 7. Establecer una historia o narrativa

Por último, con esta fase, y de cara a ser auténticos expertos emocionales, se nos invita a hacer una narración con las fases que hemos ido cubriendo, ganando así en una mayor conciencia y mejor regulación de nuestros pensamientos, nuestras sensaciones, nuestras emociones y nuestras conductas, no solo ahora, sino también en otras ocasiones venideras. Si somos capaces de hacerlo, como agentes de PJ, lo podremos realizar también con nuestros jóvenes. Adelante.

 

Conclusión emocionada, por ellos… Lo reconozco también

Nuestros jóvenes necesitan una PJ integral e integradora, en la que no olvidemos recoger y trabajar la educación y la gestión emocional, y más en tiempos de pandemia. Como comunidades cristianas, dispongámonos a acompañarlos apostando por una formación sólida de los catequistas en esta temática, tan importante, de atención plena de su persona, programando acciones pastorales que les permitan conocerse más y mejor, así como al mundo que les rodea, el cual les pide que se involucren y se impliquen, dando lo mejor, dando vida. Ojalá nuestros jóvenes, con la ayuda de la PJ, entiendan su «ser cristianos» como el amarse a sí mismos en lo que son, para desde ahí y de la misma forma, como los ama Dios, incondicionalmente, lanzarse a amar el mundo, como Jesús.

Nuestros jóvenes necesitan una PJ integral e integradora. Como comunidades cristianas, dispongámonos a acompañarlos apostando por una formación sólida de los catequistas en esta temática tan importante.

Ojalá nuestros jóvenes, con la ayuda de la PJ, entiendan su «ser cristianos» como el amarse a sí mismos en lo que son, para desde ahí y de la misma forma, como los ama Dios, incondicionalmente, lanzarse a amar el mundo, como Jesús.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Y WEBGRAFÍA

  • M. Bautista, 10 palabras clave sobre pastoral con jóvenes, Estella (Navarra), 2007.
  • Guerrero, Educación emocional y apego, Barcelona, 2018.
  • A. Rosa, Madurez vocacional e inteligencia emocional. Influencia y eficacia de la aplicación del programa: Plan de Acción Tutorial Vocacional, PAT-VOCACIONAL (PAT-V), 2015. Recuperado de https://dialnet.unirioja.es/servlet/tesis?codigo=45710

[1] R. Guerrero, Educación emocional y apego, Barcelona, 2018.

[2] Sentimiento de impotencia o indefensión aprendida = miedo (emoción) + «yo no puedo hacer nada para cambiar la situación» (pensamiento); sentimiento de frustración = rabia (emoción) + «no puedo mostrarla» (pensamiento); sentimiento de angustia = miedo (emoción) + «no hay salida» (pensamiento). En Guerrero, 2018.

[3] Conclusión en la tesis doctoral: J.A. Rosa, Madurez vocacional e inteligencia emocional. Influencia y eficacia de la aplicación del programa: Plan de Acción Tutorial Vocacional, PAT-VOCACIONAL (PAT-V), 2015. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/tesis?codigo=45710

[4] J.M. Bautista, 10 palabras clave sobre pastoral con jóvenes, Estella (Navarra), 2007.

[5] Corazón: para los hebreos que escribieron las Sagradas Escrituras, el corazón es la sede de los sentimientos y las emociones, y junto a ellas también de la inteligencia y la voluntad, de los proyectos y las decisiones, del pensamiento y la reflexión.

[6] Expuestas en R. Guerrero, Educación emocional y apego, Barcelona, 2018.

[7] Este tipo de ejercicios puede realizarse con situaciones complicadas, de injusticia, que se estén viviendo en el mundo, para ver en qué medida nos estamos dejando tocar por ellas, sabiendo que nosotros somos del Dios de Mt 25. Con este tipo de actividades pueden surgir auténticos planteamientos vocacionales.

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El abuelo impaciente – Josep Périch

El abuelo impaciente – Josep Périch

Eran las 8 de la mañana cuando un señor mayor de unos 80 años llegó al hospital para que le quitaran los puntos de un pulgar. Dijo que estaba apurado de tiempo y que tenía otra cita a las 9horas. Nos lo cuenta una enfermera:Le pedí que tomara asiento, sabiendo que...