CINE: SI DIOS QUIERE – Chema González Ochoa

Etiquetas: ,

Descarga el artículo en PDFRPJ 515 – Cine – Si Dios quiere

Película fresca y ligera que ha permanecido durante el verano en cartelera, aguantando bien el tirón del público, (y algo menos el de la crítica). Como católico me parece positivo que una película aborde cuestiones relacionadas con la fe y la religión desde una estructura de comedia, sin prejuicios, con ánimo amable y constructivo, como lo hace Si Dios quiere, primera obra del director italiano Edoardo Falcone. Ganadora del David di Donatello al mejor director novel del año 2015, ha sido saludada como un regreso a lo mejor de la comedia italiana. Algo exagerado, y eso que arranca estupendamente recordando a aquellos maestros como Monicelli, Risi, Lattuada, Zampa, Pietro, Scola, de los que bebe Falcone, con el toque costumbrista y divertido de todos ellos, y un planteamiento arriesgado y muy interesante.
En una sociedad absolutamente laica y en una familia de la alta burguesía dominada por un padre arrogante, Tomasso, (Marco Giallini), médico cardiovascular, racionalista, supuestamente liberal pero tirano en casa y con su compañeros, el hijo, Andrea ( Enrico Oetiker) en quien ha puesto todas las esperanzas de replicarse a sí mismo le anuncia que quiere dejar la carrera de medicina para ingresar en un seminario. A partir de ahí el aparentemente idílico mundo familiar se desmorona. Padre, madre (Laura Morante) y hermana (Ilaria Spada) cada cual a su modo entran en crisis. Cabe destacar que quien únicamente mantiene la naturalidad es Andrea, el joven aspirante a sacerdote.
Y en esta primera parte las situaciones más o menos confusas, los diálogos de doble interpretación y el manejo de ciertos tópicos modernos con gracia -como la tolerancia hacia la homosexualidad al tiempo que se castra a la esposa, se ignora a la hija y se niega cualquier atisbo de espiritualidad o de fe- dan vuelo y agilidad a la obra. Hay un simpático despliegue de tópicos, a los que los católicos estamos acostumbrados, que no vienen a ser otra cosa que una mirada frente al espejo de los supuestamente ateos. (Frente a la liberalidad ante cualquier opción sexual se mantiene un machismo latente, frente a la verdad científica no hay resquicio para el misterio de la trascendencia…) Todo ello engancha y promete al espectador.

Ficha técnica
Título original: Se Dio vuole
Año: 2015
País: Italia
Duración: 87 minutos.
Director: Edoardo Maria Falcone,
Guión: Edoardo Maria Falcone y Marco Martani
Música: Carlo Virzi
Montaje: Luciana Pandolfelli
Director de Fotografía: Tommaso Borgstrom
Productor ejecutivo: Olivia Sleiter
Intérpretes: Marco Giallini (Tomasso), Alessandro Gassman, Laura Morante (Carla), Ilaria Spada (Bianca), Edoardo Pesce (Gianni Malloni), Enrico Oetiker (Andrea); Carlo Luca De Ruggieri (Pizzutti).

Sinopsis
Tommaso (Marco Giallini) es un respetado que se precia de liberal y ateo. Rígido y casi tirano en el trabajo y con su familia, aunque aparenta tener una vida perfecta. Sin embargo, su hijo Andrea (Enrico Oetiker) que estudia medicina y en el que tiene puestas todas sus esperanzas le dice que quiere ser sacerdote. A parir de ahí todo comenzará a desmoronarse y se caerán las máscaras. Su matrimonio con Carla (Laura Morante), la madre de sus dos hijos se ha ido desgastando; su hija Bianca (Ilaria Spada) lleva una vida sin sentido alguno y está casada con un sosaina Gianni (Edoardo Pesce) sin muestras de inteligencia. Para evitar el desastre decide investigar al cura que ha despertado la vocación de su hijo, sospechando que es un impostor de vocación falsa.

El posterior desarrollo será el empeño del padre por averiguar el origen de la vocación de su hijo –un cura moderno con ciertas trazas de telepredicador cool- y desenmascararlo, pues lo considera un impostor. Al tiempo, su vida familiar entra en crisis con una esposa que descubre la asfixia de su hogar y una hija sin rumbo ni sustancia. Será en esta segunda parte donde la obra de Falcone chirríe más y se agriete con un exceso de amabilidad, y un abandono de ciertos personajes que se irán desdibujando, sobre todo la madre, Carla, (Laura Morante), cuya evolución se solventa en pocas escenas de brocha gorda. Le falta un poco de mala leche, algo de la negrura que caracterizaron a los maestros citados y mayor hondura en la caligrafía. Si bien esto encaja dentro del género y las pretensiones de la obra, no deja de ser también un signo de los tiempos…Pero no nos pongamos pesados.
Con todo, la búsqueda de la impostura por parte del médico, convencido de que el padre Pietro (Alessandro Gassman) tiene puntos oscuros y doble vida, y la réplica de este, siempre inteligente y graciosa, crean las mejores escenas y van dejando caer sin quererlo algunas cuestiones que no pasan desapercibidas al espectador inteligente.
Hay más de lo que parece. Con esa ligereza del género, a pesar del exceso de buenrollismo melifluo y algo de melaza, el autor nos deja interrogantes y alguna escena memorable, como esa casi neorrealista familia pobre ficticia o las que se ambientan en la pizzería.
Por ejemplo y para dar ya algunas pistas para el debate, la película podría leerse también en clave de metáfora, de cómo en nuestras vidas tan organizadas, racionalizadas y sin espacio para la introspección y la transcendencia, la aparición de Dios, en la forma que sea, nos provoca una crisis por la interpelación interior que supone. O como el acercamiento a lo más humano y esencial del mensaje evangélico nos transforma y nos revela la presencia divina. O la necesidad de salir de nosotros mismos para descubrir la presencia de los otros y del misterio…
Merece destacarse también el duelo interpretativo de Alessandro Gassman, como el padre Pietro y Marco Giallini como el médico ateo. Son ellos dos los que sustentan el film, con la autenticidad de la vocación sacerdotal de uno y la transformación vacilante e insegura del otro. La naturalidad y enorme presencia de Gassman y la cómica gravedad de Giallini permiten que la ligereza de la comedia no vuele hacia el esperpento, como ocurre en las ocasiones en las que aparece Bianca (Ilaria Spada), personaje no tan extraño a la realidad. Bien los secundarios, en especial ese “Mortadelo”, Pizzutti)investigador cutre que está siempre en las escenas más desternillantes (Carlo Luca Di Ruggieri). Podríamos ponerle algunos peros a la música, en especial esa elección final de una canción bastante hortera, o quizá no, y así todo encaja mejor.
Lo dicho, sáquenle lo positivo, que hay miga.

ALGUNAS PISTAS DE TRABAJO

– ¿Te ha gustado o no la película? ¿Ha conseguido emocionarte y hacerte reflexionar?
– ¿Qué crees que es lo más interesante y el mensaje principal del relato?
– ¿Qué es lo que más te ha gustado de la historia?, ¿qué es lo que más te ha hecho reflexionar? ¿Y lo más original?
– ¿Te has planteado alguna vez la vocación religiosa? ¿Cuándo y por qué? ¿Te inspiró alguien? ¿Por qué la abandonaste o seguiste adelante con esa vocación?
– ¿Crees que en las sociedades modernas tienen sentido la vocación religiosa? ¿por qué?
– ¿Cómo reaccionarias si un hijo/a o hermano/a te dice que desea ser religioso/a?
– En tu experiencia de fe ¿has conocido a algún sacerdote parecido al padre Pietro?
– ¿La ciencia, el conocimiento científico, crees que están acabando con la idea de Dios?
– ¿Por qué crees que la sociedades desarrolladas actuales cada vez son más indiferentes al tema de Dios y de la fe?
– Revisa en tu grupo o junto a tus compañeros tus principales prejuicios hacia algunos de los temas que aparecen en la película: homosexualidad, religión, ciencia, relaciones de pareja, empleados…

Te interesará también…

Newsletter

Recibirás un correo con los artículos más interesantes cada mes.
Sin compromiso y gratuito, cuando quieras puedes borrar la suscripción.

últimos artículos

Creatividad que genera vida – Ana Guerrero

Creatividad que genera vida – Ana Guerrero

«¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?»— preguntaron los sacerdotes y ancianos del pueblo a Jesús. Y es que estaban sorprendidos de la vida y la fuerza que generaban sus palabras. Tantos años en que ellos, maestros de la ley, cuidadores...