Cine; Nightcrawler – Chema González Ochoa

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Aviso: si uno piensa mucho en esta película puede terminar asustado, aterrorizado de sí mismo y de quien lo rodea. Es tremenda. Te lleva hacia tu interior y hace del visionado una actividad tan introspectiva que es muy recomendable verla en soledad. Un espejo puesto frente al espectador para hacerle entender en qué mundo del espectáculo estamos: la suciedad está tanto en quien mira como en quien nos invita a mirar. Tremendo para las retinas y el cerebro.

Dicho lo anterior y si todavía hay alguien interesado en conocer la película, decirles que es una joya, una obra de arte necesaria, un retrato inmisericorde de los medios de comunicación y su deriva sensacionalista en la que todos nos debemos sentir culpables. Es también una fotografía oscura, desencantada y angustiosamente real de nuestras sociedades urbanas y de la fauna que la habita. Tipos desarraigados, sin referencias morales, residuos no reciclados de un capitalismo atroz e inhumano, pero que conocen las reglas del hábitat y las aplican con racionalidad y lógica. Inquietante por la simpleza y animalidad de sus comportamientos.
Dan Gilroy, el director debutante, es un afamado guionista que se ha estrenado con esta dura y oscura película, que narra las peripecias de un pobre diablo desubicado, un ladrón de pacotilla, Louis Bloom (Jake Gyllenhaal), que de pronto descubre su “vocación” como reportero nocturno. Imagínense una mezcla de un eficaz funcionario nazi con un alto porcentaje del Travis Bickle de Taxi driver, reconvertidos en periodista por el azar e internet, y que aplica la lógica del medio sensacionalista para el que trabaja, impulsado por una directora de informativos (Rene Russo) que tiene dos premisas claras: “Si sangra es noticia” e “ Interesa cuando es gente rica asesinada por una minoría”. A partir de ahí vale todo.
Y por terminar con el apartado de las referencias, al que como buen crítico engreído no renuncio, déjenme recordar esa gran película del genio de Billy Wilder, El Gran Carnaval, de la que Nightcrawler es deudora. La diferencia entre los dos protagonistas es que Louis Bloom al contrario que el Chuck Tatum (Kirk Douglas) de Billy Wilder es incapaz de tener remordimientos ni conciencia del mal. Por cierto, ambas obras deberían ser obligatorias en las clases de Deontología profesional de las facultades de Periodismo, si es que deontología y periodismo no son ya dos palabras que puedan interpretarse como un oxímoron.
En definitiva, lo que tenemos es un carroñero inteligente, engreído, amoral y absurdo que todas las noches saldrá a por su habitual carnaza putrefacta de accidentes de tráfico, asesinatos, reyertas, cualquier cosa trágica que provoque sangre y dolor. Con una rigurosidad enfermiza llevará su profesión hasta las últimas consecuencias, sin importarle nada ni nadie. Un solitario cuyo afán es ganar dinero, notoriedad social y una mezcla extraña de poder y control sobre los demás. Y como signo de los tiempos, incapaz de mostrar no ya compasión, ni siquiera algún sentimiento que vaya más allá de sí mismo.
Pero lo peor, lo verdaderamente espantoso, es que el personaje de Bloom nos es tan cercano y tan verídico que de primeras no nos lo tomamos en serio, hasta que comenzamos a reconocernos en él. Entonces, lo que habíamos tomado por un excéntrico tipejo creado por el cine, nos aterroriza. La mirada es la nuestra. La banalidad también.
Gilroy, como un hábil funambulista avanza sobre el fino hilo de la exageración y la parodia para darnos casi un documental de lo más trágico que ocurre en las noches de Los Ángeles y radiografiar sin artíficos ni pudores lo peor de las sociedades modernas. También la mano de Gilroy firma el magnífico guion –nominado al Óscar-, que hace que el espectador, a medida que pasan los minutos y se sienta inmerso en la obra, note una comezón en los ojos, parpadee demasiado, no encuentre postura en la butaca y se revuelva incómodo. Hay mucho talento en el director para traducir las palabras en fotogramas, todo con una aparente sencillez y personal estilo.
A ello contribuye de manera especial el director de fotografía Robert Elswit, quien captura maravillosamente un lúgubre, negro, crudo y profético Los Ángeles, como metáfora y paradigma de las sociedades urbanas actuales, en donde además de ricos y pobres, blancos y negros, integrados y apocalípticos, nativos e inmigrantes, hay una nueva y asquerosa dicotomía, los que miran y los que son mirados.
Y la película no atraparía al espectador de forma tan directa y efectiva sin el sensacional Jake Gyllenhaal, inmenso en hacer creíble con su mirada la demencia de Bloom, su hablar cadencioso, sus movimientos lentos, su racionalidad en medio de la violencia. Sostiene y contiene las secuencias con esa mezcla explosiva de ingenuidad, desconocimiento y brutalidad tan desasosegante para el espectador. Con el tiempo Gyllenhaal ha logrado convertirse en el actor que mejor muestra los rincones oscuros y extraños de la psique humana. La composición de su personaje quedará como modelo de interpretación, al igual que su referente ya señalado del Travis de Robert de Niro.
Por su parte, Rene Russo, aporta turbiedad y ambición a la periodista a la que sólo le valen los índices de audiencia y espolea cada noche a la hiena que sale a buscar el espectáculo sanguinolento. Pero su personaje es menor, se hubieran agradecido algunos minutos más de réplica a su compañero para mostrar su faceta más manipuladora y su dependencia mutua en el descenso a los abismos del periodismo.
Bil Paxton (Loder) encarna al periodista profesional a quien en un principio Bloom toma como modelo. Lo que asusta de él, es la naturalidad con la que ejerce su tarea, llega, filma la sangre y el dolor, edita y se marcha rápidamente a vender sus imágenes a los noticieros. ¿Quién puede juzgarlo? Al otro lado de la pantalla estamos nosotros.
Apostaría que con el tiempo se convertirá en una obra de culto, imprescindible para hablar de la amoralidad o la ética necesaria para el desempeño del periodismo y también para la educación de los espectadores. No dejen de verla.

PARA TRABAJAR EN GRUPO

– ¿Te ha gustado o no la película?, ¿ha conseguido emocionarte y hacerte reflexionar?
– ¿Qué crees que es lo más interesante y el mensaje principal del relato?
– ¿Qué es lo que más te ha gustado de la historia?, ¿qué es lo que más te ha hecho reflexionar?, ¿y lo más original?
– ¿Cuáles de los diversos temas planteados en la película te son más cercanos?
– ¿Crees que hay tipos como Louis Bloom (Jake Gyllenhaal) y Nina Romina (Rene Russo) ? ¿Conoces a alguno?
– ¿Hay programas parecidos o similares en las cadenas de TV españolas?, ¿los ves?
– ¿Qué programas de televisión ves tú?, ¿por qué y cómo los eliges?, ¿tienes otras alternativas?
– ¿Por qué crees que tienen tanto éxito programas telebasura o los que sólo descubren las miserias y traumas humanos como Gran Hermano, Sálvame, Está Pasando, La Noria…?
– ¿Crees que deberían haber un código ético para los periodistas de obligado cumplimiento?, ¿quién debería hacerlo: la propia profesión, las empresas o el Estado?
– ¿Qué parte de culpa en que existan dichos programas tienen los periodistas y programadores, por un lado, y los espectadores por otro?, ¿crees que un verdadero artista, un auténtico creador ha de ser egoísta y olvidarse de los que le rodean?

Ficha técnica
Título original: Nightcrawlwe
Año: 2014
País: Estados Unidos
Duración: 117 minutos.
Director: Dan Gilroy
Guión: Dan Gilroy
Música: James Newton Howard
Montaje: John Gilroy.
Director de Fotografía: Robert Elswit.
Producción: Jennifer Fox, Tony Gilroy, Jake Gyllenhaal, David Lancaster y Michel Litvak.
Intérpretes: Jake Gyllenhaal (Louis Bloom), Rene Russo (Nina Romina), Bill Paxton (Joe), Riz Ahmed (Rick).

Sinopsis
Louis Bloom (Jake Gyllenhaal) es un desempleado que vive de pequeños robos. Un día descubre el sórdido mundo del periodismo sensacionalista de las noches de Los Ángeles, en el que se filman accidentes, peleas o asesinatos casi en el mismo momento de producirse. Con una cámara de vídeo y unos conocimientos mínimos tomados de internet, sale a la noche a buscar esas noticias violentas, cruzando todas las líneas morales y legales que sean necesarias para lograr ser el primero en llegar. Los directivos de las televisiones basuras y su incesante búsqueda de audiencias espolearán el trabajo de Bloom.

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