Cine: El renacido – Chema González Ochoa

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A todos los cinéfilos nos pasa que cualquier certamen o premio cinematográfico nos deja el sabor agridulce de no responder a nuestras expectativas ni coincidir con nuestras quinielas. Y los Oscar del 2016 no podían ser de otra forma. Las tres grandes triunfadoras (Spotlight, El Renacido y Mad Max) son películas impactantes a su manera, con virtudes, sobre todo las dos últimas en los apartados técnicos, pero frías; con esa frialdad que nos dejan aquellas películas que nos absorben por su belleza, o por su contundencia visual, o por el golpeo constante al espectador, pero que nunca alcanzan a atraparnos el corazón ni perviven en nosotros. Sí, esas películas que todos reconocemos, que nos enganchan durante un rato, pero en las que terminamos mirando el reloj y soñando con la conclusión. En las tres películas más destacadas del los últimos Oscar, quien esto escribe miró el reloj demasiadas veces.

Reseñaremos en estas páginas El renacido, de las otras dos tan solo apuntar que Spotlight es una historia bien contada con un estupendo Mark Ruffalo y ya está; y de Mad Max, pues mucho ritmo, mucha explosión, mucha locura y testosterona y una magnífica Charlize Theron.

Por su parte, El renacido -Oscar a la mejor dirección (González Iñárritu), mejor actor principal (Leonardo Di Caprio) y mejor fotografía (Emmanuel Lubezki) – , es una brutal película de aventuras no apta para todos los estómagos, excesiva en su visceralidad, sin matices, que apela a los instintos primarios del hombre sin civilizar, en una naturaleza hostil, inmisericorde e inabarcable. Un zarandeo emocional constante que en algunos momentos deja al espectador exhausto. Es la naturaleza y la condición humana salvaje en todo su esplendor. Imagino que por la aspereza visual, por esos zarpazos fílmicos de muchas escenas y por ese desabrido tono vital de la película, en donde todo está siempre al límite, gustará a unos y será rechazado por otros.

A quien esto escribe le asombraron todos los apartados técnicos del film. La fotografía de Lubezki es prodigiosa, con luz natural y pocos arreglos digitales, capta la glacial y dolorosa belleza invernal de unos paisajes sobrecogedores – desde Las Rocosas y la Columbia británica en Cánada, hasta Ushuaia en Argentina, pasando por Montana en Estados Unidos- que son tan protagonistas o más que el propio Di Caprio. Unas tierras donde el hombre es una pieza menor y disonante, que no encaja aunque termine dominándolo. Magistral el uso de los grandes angulares para captar los escenarios de hermosura infernal y de los primeros planos donde se condensarán todas las emociones de los protagonistas.

Por momentos la cámara reposa y alivia al espectador. Iñárritu, que no puede dejar de ponerse transcendente -en ocasiones pesado-, juega a ser Malick o Tarkosvsky y deja escenas bellísimas y cargadas de poesía: la campana sonando en una iglesia derruida; un pájaro saliendo del pecho de una mujer muerta; el fuego iluminando unas pinturas; amaneceres y atardeceres eternos… Homenajes que algún crítico -Misha Petrick con Tarkosvky- han remarcado como exceso.

El montaje es sobresaliente, en su tempo más radical y vertiginoso como en los minutos de languidez o pausa. Nadie que vea la película olvidará el enfrentamiento inicial de los cazadores blancos y los indios o el interminable y brutal ataque del oso a Hugg Glass (Di Caprio), las sobrecogedoras escenas de huida por el río o el salto al abismo del caballo, por citar algunas de las escenas más trepidantes. También en esos momentos de arrogancia grandilocuente de los que hablábamos en el párrafo anterior, en donde las “influencias” reconocibles de Malick, Tarkosvsky o Kurosawa, se transforman en maravillosos ejercicios de planificación y caligrafía visual. La música, firmada por tres autores -Sakamoto, Noto y Carsten-, acompaña bien a los territorios helados y es brillante e íntima en los flash back o sueños del protagonista, así como el formidable tema principal que junto a los silencios y el viento crean una atmosfera inquietante y grave. Por el contrario, en algunas escenas de acción se hace demasiado evidente y provoca todavía más angustia y caos del que ya estamos viendo.

Debate recurrente ha sido el Oscar a Leonardo DiCaprio. Lo merecía tanto o más que algún compañero nominado. Ningún reproche a su gran actuación como el renacido cazador Hugg Glass, aunque la historia no le deje más recurso que su rostro doliente y baqueteado. Quizá no sea su mejor papel, pero está soberbio. Sin desmerecerle un ápice, su némesis, Tom Hardy (John Fitzgerald), el compañero que lo abandona, representa todo lo abyecto que el ser humano lleva adentro. La maldad, el dolor, las ansias de venganza, el miedo, la fuerza bruta, la nostalgia, lo más primario del hombre es mostrado en estado puro y salvaje por estos dos gigantes, que apenas pueden ser reconocidos tras sus greñas. Dicho lo cual, y alabado su mérito, este crítico valora más esas actuaciones de aquellos que nos hacen creíble lo más cotidiano y sencillo, lo más difícil. Para que me entienda, el John Wayne de El hombre tranquilo, el oficinista de Jack Lemmon en El apartamento, el Atticus Finch de Gregory Peck o la Patricia Arquette de Boyhood.

 

​En fin, que ya deben reducir por tanto párrafo destacando las bonanzas técnicas que la película tiene para el crítico algún inconveniente serio. Pues han adivinado bien. No me creo la odisea del cazador Hugg/DiCaprio, y eso que desde el principio aseguran que la historia está basada en hechos reales. No la siento. Me pasó algo parecido con su anterior obra, la aclamada Birdman (ver RPJ nº502). Me engancha toda su propuesta visual, la maravillosa luz que alumbra una escenografía fascinante, pero al cabo de hora y media desasearía salir del cine y caminar yo solo por la nieve. Me aburre la historia sin alma, y cien veces vista de una venganza como motor narrativo, pero sin progresión en el film. Me cansa y miro el reloj pensando que todavía queda otra hora más de vapuleo a la estrella, de estirar la historia hasta agotarla, de querer darle una dimensión espiritual con lo que el propio director llama “pintura sónica”.

Cuando ha removido todo lo que tenía que remover, cuando el espectador hace tiempo que sabe que solo la cumplida venganza detendrá a quien ni siquiera la muerte fue capaz de derribar, cuando no queda nada que contar salvo el presumible final, el director insiste e insiste en la épica de la supervivencia. Para entonces hace tiempo que nos ha deslumbrado con todos sus alardes técnicos, pero seguimos tan gélidos como las barbas del protagonista. En fin, un exceso de egolatría artística.

Ficha técnica
Título original: The revenant
Año: 2015
País: Estados Unidos
Duración: 156 minutos.
Director: Alejandro González Iñárritu
Guión: Alejandro González Iñárritu y Mark L. Smith; basado en la novela de Michael Punke . 
Música: Ryuichi Sakamoto, Alva Noto y Carsten Nicolai 
Montaje: Stephen Mirrione
Director de Fotografía: Emmanuel Lubezki
Diseño de vestuario: Jacqueline West
Diseño de producción: Jack Fisk y Hamish Purdy
Sonido: Jon Taylor, Frank A. Montaño, Randy Thom y Chris Duesterdisk
Intérpretes: Leonardo DiCaprio (Hugg Glass); Tom Hardy (John Fitgerald), Will Poulter (Bridger); Domhnall Gleeson (capitán Andrew Henry).

Sinopsis
Una partida de cazadores de pieles en la gélida frontera montañosa de lo inexplorado es atacada por los nativos que les obligan a una precipitada huida. En el intento de buscar un lugar seguro el cazador Hugg Glas (DiCaprio), a quien acompaña su hijo mestizo Hawk (Forrest Goodluck), es atacado por un oso que lo deja malherido. Abandonado a su suerte por el compañero que debía socorrerle (Tom Hardy), comenzará una terrible lucha por sobrevivir en unas tierras inhóspitas y salvajes, al tiempo que buscará la forma de cumplir su venganza.

PISTAS DE TRABAJO

– ¿Te ha gustado o no la película? ¿Ha conseguido emocionarte y hacerte reflexionar?
– ¿Qué crees que es lo más interesante y el mensaje principal del relato?
– ¿Qué es lo que más te ha gustado de la historia?, ¿qué es lo que más te ha hecho reflexionar? ¿Y lo más original?
– ¿Qué te sugieren las bellas y duras imágenes de la naturaleza? ¿Qué relación crees que tienen con el personaje y el argumento de la película?
– ¿Qué no serías capaz de perdonar nunca? ¿Podrías alimentar en ti un deseo de venganza similar al protagonista de la película? ¿Ello podría ser el motor de tu vida?
– ¿Crees que puede haber algún tipo de redención a la venganza por el sacrificio y el terrible recorrido que hace el cazador Hugg Glass?
– En la película hay varios elementos y escenas que sugieren la presencia de Dios. ¿Los reconoces? ¿Cuáles son? ¿Qué significado crees que tienen en el contexto de la obra?
– ¿Cómo juzgas el final de la película? ¿Cómo imaginas que será la vida del personaje? ¿Qué le seguirá impulsando a vivir?
– Lee y comenta el siguiente pasaje a la luz de la película: Mt. 18, 21-35

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